La humildad de saber estar donde a uno le toca

humildadUna manifestación de esta inquietud (ver la entrada del 14-XI) consiste en no saber ocupar el propio lugar. Y al contrario, un aspecto de la humildad es el de saber estar donde a uno le toca: «Haz lo que debes y está en lo que haces». La ociosidad crea una situación peligrosa para la pureza, pues conduce al repliegue en uno mismo y permite que la inactividad dé libre curso a los instintos. A este peligro se añade el de no desempeñar la misión propia de cada uno: el llamado deber de estado. En efecto, cuando la persona sale de su marco natural, se debilita como un pez fuera del agua. Sucede tanto en la vida personal como en la oficina. Es bien sabido que el buen gobierno es en primer lugar una cuestión de personas: consiste en poner «the right man in the right place». De hecho se podría decir que un «no importa quién» bien puede hacer «no importa qué», «sin importar dónde» (un reciente estudio sobre empresas norteamericanas concluye que la gente termina haciendo en la oficina lo que le interesa, pues de algún modo el órgano crea la función, en contra del bien conocido adagio).

Cuando distinguimos lo ideal, por definición inaccesible, del arte de lo posible, y aceptamos la vida tal como se presenta, buscando la visión de conjunto y descubriendo diferentes perspectivas, aprendemos a desempeñar nuestro papel sin olvidar a dónde vamos: se adquiere así una nueva solidez, un cierto equilibrio y las competencias necesarias para ponerlas al servicio de los demás; eso estimula la magnanimidad.
Uno de los pecados más clamorosos de la historia de la salvación fue el del rey David. Mirándolo de cerca, se observa que la causa lejana, pero decisiva, fue precisamente que, desatendiendo su deber de rey –salir con sus tropas para combatir contra los amonitas «en la época en que los reyes suelen salir a campaña» (2 S 11, 1)–, se limitó a enviar al combate a Joab y con él a toda la guardia y a todo Israel. Curiosamente, el autor sagrado añade: «Mientras tanto, David permaneció en Jerusalén» (11, 1). «Una tarde, al levantarse de la cama se puso a pasear por la terraza del palacio real, y vio desde allí a una mujer que se estaba bañando» (11, 2). A la irresponsabilidad real se añade una forma de ociosidad; la incapacidad de estar en el propio puesto se duplica con una especie de desfase, moneda corriente hoy en las decadentes sociedades occidentales, a saber: dormir de día y trasnochar, exactamente lo contrario de lo que aconseja el sentido común. Además de los problemas de salud –especialmente con los ritmos del sueño, que suelen pasar factura–, la cuestión es olvidar, o a veces saber perfectamente, que «de noche, todos los gatos son pardos»; de noche no se distinguen con claridad a las personas y a las cosas, y un confuso anonimato dificulta actuar con responsabilidad.
El conocimiento de uno mismo permite también controlar anticipadamente las situaciones peligrosas. En el terreno de la sensibilidad, cada uno es más o menos vulnerable a las tentaciones exteriores, según las épocas de la vida y las circunstancias personales. Aprender a conocerse es también saber detectar las posibles dificultades, para esquivarlas: apagar las primeras chispas es más fácil que controlar un incendio. El pecado de adulterio de David acarreará la muerte de Urías (cf 2 S 11, 14-17). Es evidente que la pasión no dominada termina por ahogar la lucidez: las noticias de actualidad no hacen más que manifestar, aunque no se desee reconocerlo, el nexo entre el pecado de la carne y el que quita la vida. Así sucedió con David; así sucedió con Herodes en tiempos de Jesucristo, con el asesinato de Juan Bautista; y así sucede en nuestros días. (G. Derville en Amor y desamor)

13 comentarios en “La humildad de saber estar donde a uno le toca

  1. La profunda fe de la Virgen en las palabras de Dios se refleja con nitidez en el cántico del Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 46-48).

    Con este canto María muestra lo que constituyó el fundamento de su santidad: su profunda humildad. Podríamos preguntarnos en qué consistía esa humildad. A este respecto, es muy significativa la “turbación” que le causó el saludo del ángel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). Ante el misterio de la gracia, ante la experiencia de una presencia particular de Dios que fijó su mirada en ella, María experimenta un impulso natural de humildad (literalmente de “humillación”). Es la reacción de la persona que tiene plena conciencia de su pequeñez ante la grandeza de Dios. María se contempla en la verdad a sí misma, a los demás y el mundo.

    Su pregunta: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34) fue ya un signo de humildad. Acababa de oír que concebiría y daría a luz un niño, el cual reinaría sobre el trono de David como Hijo del Altísimo. Desde luego, no comprendió plenamente el misterio de esa disposición divina, pero percibió que significaba un cambio total en la realidad de su vida. Sin embargo, no preguntó: “¿Será realmente así? ¿Debe suceder esto?”. Dijo simplemente: “¿Cómo será eso?”. Sin dudas ni reservas aceptó la intervención divina que cambiaba su existencia. Su pregunta expresaba la humildad de la fe, la disponibilidad a poner su vida al servicio del misterio divino, aunque no comprendiera cómo debía suceder.

    Esa humildad de espíritu, esa sumisión plena en la fe se expresó de modo especial en su fiat: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Gracias a la humildad de María pudo cumplirse lo que cantaría después en el Magnificat: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo” (Lc 1, 48-49).

    A la profundidad de la humildad corresponde la grandeza del don. El Poderoso realizó por ella “grandes obras” (Lc 1, 49), y ella supo aceptarlas con gratitud y transmitirlas a todas las generaciones de los creyentes. Este es el camino hacia el cielo que siguió María, Madre del Salvador, precediendo en él a todos los santos y beatos de la Iglesia.

  2. Hola……..Pero si pasas de Dios. Porq no disfrutar …..Si te matas a trabajar,seguro que no te queda ganas de nada. …..A mi eso de la pureza ahora no consigo verlo como una ofensa a Dios. no siento que con eso le ofenda….Se que esa es una de las cosas que me impiden pasar por un conf.o volver a ver las cosas como antes….sino tienes fe ,Dios no lo ententiendes o no está como tú crees que deberia estar. ¿Que te queda? ?….Espero no estar rebajando el nivel del blog con estos comentario….Adios

      1. Isabel:¿Por qué no acudes a la Virgen? La Virgen consigue todo lo que se le pide y sería una buena idea, Ella es nuestra Madre y qué madre cuando un hijo le pide algo no se lo dá?. Podrías , cuando te levantaras de la cama, antes de empezar cualquier tarea, todos los días, decirle:

        Bendita sea tu pureza
        y eternamente lo sea,
        pues todo un Dios se recrea
        en tan graciosa belleza.
        A Ti, celestial princesa,
        Virgen Sagrada María,
        te ofrezco en este día,
        alma, vida y corazón.
        Mírame con compasión,
        no me dejes, Madre mía.

        Y cuando te venga a la mente, el que no puedes creer, llámala desde dentro de tu corazón y repítele que te ayude. Llámala Madre. No te canses de decírselo. Madre, Madre, aumenta mi fe..
        No desistas, aunque no te apetezca.
        Un abrazo y hasta mañana.

    1. Hola Isabel. Pienso que no rebajas el nivel.
      Estoy segura que en algún momento reaparecerá la luz que da sentido a toda nuestra vida y que ahora mismo esta apagada para ti… Pero por lo que veo la inquietud de que se encienda de nuevo esta latente. Espero no ofenderte ni causarte alguna molestia.
      De todas formas aunque no lo pides, Rezaré por ti.

  3. Con 17 años me fui de casa a vivir a a otro lado l casa era grande y sonaba la música que suena aqui y havia fotos de gente que m consta se quiere mucho qaqui referencia en todos los artículos.Me gustaba el trabajar de los burros el andar alegre. pase mucho tiempo ahi conocí a la hija del dueño que me enseño parte de esa alegria i de donde venía. Con el paso del tiempo decidí andar por otro camino y por otros sitios .Al cabo de los años me volvi encontrar cn la misna Musica y distintintos burros el misno trabajar y el misno cantar esta vez decidi formar parte de esa familia y m “casé” con el hijo del dueño.Duro un tiempo largo pero el amor se fue perdiendo y la musica lla no sonaba decidimos romper y cada uno por su lado. Para mi mo fue facil ,un tiempo vivi cerca de la familia del dueño pero se n. Hacia raro.Busque otros caminos llemando el vacio con todas las cosas que encontraba hasta que el dueño dejó de reclamar que le hiciran caso y la musica dejo de sonar ………Han pasado 24 años y hace tres meses volvi a tener contacto con la hija del dueño no lo contaba no mos haviamos visto más desde los 17 así me confie y abrí la puerta pense que no m haria daño que la cicatriz estaba cerrada y el dueño se havia olvidado .Ella a empezado a cantar la misna canción y a hecho que se me revuelva el alma. ,Ahora la basura me amarga .al dueño quiero entenderlo y no lo entiendo recomenzar m da miedo y no se si voy o vengo si quiero ir pa tras o delante asique busco respuestas que m acerquen al dueño. …Se que es mí única oprtumidad. O vuelvo al dueño o cierro la puerta para siempre……………..(espero que lo entiendo)

  4. Me ha parecido que venía al caso lo que ha comentado el Papa Francisco. Son sus palabras:

    En el arte de ascender el triunfo no está en no caer sino en no permanecer caído ¡No se permitan permanecer caídos! ¡Nunca!
    EL Papa Francisco, en un encuentro en la capital de Michoacán, Morelia, el 16 de febrero de 2016, se reunió con los jóvenes mexicanos en el estadio “José María Morelos y Pavón”, una zona muy activa por violencia relacionada con la droga y el narcotráfico
    El Santo Padre fue recibido por los indígenas de Michoacán, quienes estaban vestidos con sus típicos trajes tradicionales bordados, un toque de amarillo, rojo, azul y verde.

    Cerca de unos 50.000 de jóvenes allí reunidos hablaban y gritaban al Papa llenos de euforia y alegres, agradecieron al Santo Padre por venir a Morelia y le pidieron una palabra de esperanza
    “Hoy el Señor sigue llamándote, sigue alentándote a que te acerques a Él, de la misma manera como lo hizo con san Juan Diego, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe”, fue una de las exhortaciones que les dijo el Papa a los miles de jóvenes allí reunidos

    El Papa, además, volvió a repetir las palabras que había pronunciado ante las autoridades del gobierno cuando recién llegó a México, con las que les recordaba a los jóvenes que ellos son la mayor riqueza de este país y de la Iglesia.
    El Papa también les indicó que “el creer en Jesús es una fuente segura de esperanza y puede ayudarles a los jóvenes a que combatan la influencia de los traficantes de drogas o de otros que no hacen otra cosa que sembrar destrucción y muerte”.
    “Es Jesús el amparo contra los intentos de que ustedes se vuelvan inútiles o lleguen a ser meros mercenarios de las ambiciones de otros”, dijo.

    Y apartándose del texto que ya tenía preparado, el Santo Padre les recordó la letra de una canción que entonan los alpinistas
    “Mientras ascienden, cantan: «En el arte de ascender, el triunfo a no está en no caer sino en no permanecer caído. ¡Ese es el arte!»”, expresó.

    ¿Quién es el único que te puede agarrar de la mano para que no permanezcas caído: Jesucristo, el único. Jesucristo que, a veces, te manda un hermano para que te hable y te ayude.
    No escondas tu mano cuando estés caído, no le digas: “No me mires que estoy embarrado o embarrada. No me mires que ya no tengo remedio”. Solamente, dejáte agarrar la mano y agarráte a esa mano, y la riqueza que tenés adentro, sucia, embarrada, dada por perdida va a empezar, a través de la esperanza, a dar su fruto pero siempre agarrado de la mano de Jesucristo. Ese es el camino, no se olviden: “En el arte de ascender el triunfo no está en no caer sino en no permanecer caído”. ¡No se permitan permanecer caídos! ¡Nunca! ¿De acuerdo!

    La fórmula del Papa para ayudar al que está caído

    Si ven un amigo o una amiga que se pegó un resbalón en la vida y se cayó, anda y ofrecéle la mano pero ofrecésela con dignidad. Ponte al lado de él, al lado de ella, escúchalo. No, como amigo, despacito, dale fuerza con tus palabras, dale fuerza con la escucha, esa medicina que se va olvidando: la “escuchoterapia”. Dejalo hablar, dejalo que te cuente, y entonces poquito a poco te va ir extendiendo la mano y vos lo vas a ayudar en nombre de Jesucristo.

    1. No creo que haya entrado en el blog por mi sino por lo que escribe D rafael .. De todas formas ne boy a retirar un tiempo me an recomendado que frene .Asi me retiro al rincon de pensar.. Chao y gracias no me havia mi acordado..Jordania no lo dejes parecen buena gente.Adiós

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