La exagerada tendencia al éxito y sus peligros

El diagnóstico de san Josemaría sobre la exagerada tendencia al éxito es muy actual. A veces, los medios de comunicación transmiten imágenes ajenas a la realidad, una especie de nuevos mitos que no se corresponden con el mundo en el que vive el común de los mortales. En otro tiempo, el héroe era el caballero, después lo fueron el explorador o el soldado; hoy lo es el cantante, el piloto de fórmula 1, el delantero centro de fútbol, el periodista, el cirujano… La imagen que se da de ellos pasa de la idealización o la exaltación al vilipendio. Es como una especie de exorcismo, parecido al que sufren los campeones ciclistas dopados: no se quema más que lo que se ha adorado.
Es frecuente que personas que despuntan en el terreno profesional, intelectual o social, estén aquejadas por grandes flaquezas interiores; a veces esas debilidades se manifiestan bruscamente, como ballenas que salen a la superficie para respirar. Si constituye un paso hacia la verdad, una confesión de debilidad es también un balón de oxígeno, pero a menudo esas flaquezas permanecen escondidas en su vida privada, incluso ocultas a sus propios ojos, y son auténticas bombas de relojería. El culto a los resultados, la idealización de las grandes escuelas, las bellas declaraciones sobre la excelencia, los premios, los concursos, la apología de las agendas repletas de cosas importantes y urgentes, las nominaciones, los Óscar, la formación de líderes, el contrato antes incluso que el título, la fórmula magistral para triunfar en la vida… No hago más que citar los titulares de un número de la revista mensual de una prestigiosa universidad… El peligro de todo esto consiste en caer en un árido perfeccionismo.
Son los cascabeles y artificios que hacen sonreír cuando se está impregnado de una educación cristiana desde la infancia, pero que pueden desestabilizar a una persona mal formada interiormente y que carece de ese sentido del humor que pone las cosas en su sitio, y establece un cierto distanciamiento de sí mismo; en efecto, el sentido del humor suele ir acompañado de la flexibilidad de carácter. Una perspectiva acertada aleja el riesgo de poner todo en el mismo plano: las ideas y las personas, el trabajo y la familia, el fin y los medios, lo esencial y lo anecdótico. Y cuando viene el fallo, nos engrandece y nos acerca a los demás.
Por el contrario, la rigidez mental suele ser compañera de la obsesión por los detalles, la dificultad para matizar la propia visión de las cosas; el no saber ceder, incluso en cuestiones insignificantes. Esa falta de flexibilidad alimenta una tensión interior altamente perjudicial. Es cierto que no todo ha de relativizarse, pero es bueno recordar que el estar convencido de algo no significa que se tenga razón; que muchos problemas admiten soluciones variadas y que, desde el punto de vista humano, algunos no la tienen.

2 comentarios en “La exagerada tendencia al éxito y sus peligros

  1. No hay duda de que la conciencia moral conserva siempre la capacidad de enjuiciar y de decidir libremente. Ahora bien, para enjuiciar y decidir, la conciencia antes debe constituirse, y tal constitución acontece en un contexto cultural y social concreto. La ley moral natural está presente en todos, pero es tan natural como la capacidad de hablar. La:calidad de los resultados obtenidos dependen en buena parte del contexto comunicativo en que tiene lugar la educación. La consecución del conocimiento moral personal no es independiente de la lógica inmanente y objetivada en el ethos del grupo social. Y este ethos presupone compartir unos determinados fines y el modo de alcanzarlos, unos ciertos modelos y los modos de imitarlos. Se expresa en las leyes, en las costumbres, en la historia, en la celebración de los acontecimientos y de los personajes que mejor responden a la identidad moral del grupo. También de la supremacía que se quiera para si. Lo que acabo de decir no pretende poner en discusión la libertad y la responsabilidad personales. Intenta más bien hacer comprensible la dimensión específicamente cultural de la formación moral y religiosa de la persona que acude a la dirección espiritual. El director espiritual tiene presente, en efecto, que la interacción de la conciencia personal y del ambiente cultural se da en dos sentidos: desde la persona hacia el ambiente, y ahí surgen temáticas morales como la ejemplaridad y el escándalo, o bien el particular influjo positivo o negativo sobre el ambiente que algunas personas tienen en razón de su trabajo profesional o por otros motivos (periodistas, escritores, personas que influyen en la opinión pública por ser deportistas o artistas famosos, etc.); y desde el ambiente hacia la persona, y aquí hay que considerar el influjo positivo o negativo de las lecturas, de la televisión, de internet, etc.

    Es necesario ayudar a la persona para que tenga una conciencia lo más exacta y equilibrada posible de estos fenómenos, y para que sepa interpretarlos a la luz del Evangelio. Por lo que se refiere al influjo activo, se trata de conseguir, por una parte, que la persona aprenda a evitar lo que pueda dar lugar a escándalo, cooperación al mal y, más en general, lo que comúnmente se entiende por mal ejemplo, para lo cual a veces tendrá que descubrir ocasiones en las que su influjo sobre los demás le pasaba hasta ahora inadvertido; por otra, que la persona trate de encontrar modos de contribuir con su ejemplo, con su palabra y con su trabajo profesional a ordenar rectamente las actividades que realiza y los ambientes en los que se mueve, de modo discreto (sin ostentaciones no necesarias) y siempre con una actitud de respeto hacia los demás.

    Existen personas que no se dan cuenta de que están recibiendo de su entorno criterios de conducta contrarios a la moral cristiana, que frenan o incluso obstaculizan notablemente su crecimiento espiritual. Ello se debe a veces a simple ignorancia o superficialidad. Otras veces, en cambio, especialmente entre personas jóvenes o entre adultos con poca formación intelectual, hay un problema más delicado, porque se está ante un proceso psicológico de imitación: se trata, en síntesis, de una personalidad frágil, que busca el refuerzo de la propia identidad mediante la adecuación al comportamiento del grupo con el que se identifica.o liderarlo. En ambos casos conviene dar a la persona los elementos necesarios para que valore críticamente, desde los principios de la moral cristiana, los estilos de vida de su entorno. Cuando se trata de una personalidad estructurada en buena parte sobre la identificación con un grupo, es preciso actuar con particular pericia, pues no basta con aclararle la valoración moral de ciertos comportamientos, sino que se hace necesario ayudarle a formarse convicciones profundas y sólidas, bien razonadas, de forma que esté en condiciones de formar sus criterios de juicio y de proyectar su estilo de vida de forma autónoma, y no sólo por­que alguien se lo ha dicho. Se ha de formar su capacidad crítica, de manera que la persona interesada tenga bien claro que es ella la que toma las decisiones rectas, sobre la base de criterios que entiende y en cuya formulación ella ha tenido una parte activa. Generalmente los principios de conducta se poseen de forma bien fundamentada cuando se es capaz de transmitirlos a los demás.

    Existen otras personas que ven con claridad, a veces quizá cediendo a generalizaciones no del todo exactas, que en la cultura ambiental se aceptan como normales estilos de vida contrarios a las exigencias éticas inscritas en el corazón humano. Ello puede llevar a actitudes de criticismo demasiado glo­bal, acompañadas de agresividad más o menos acentuada o bien de una tendencia a aislarse y al pesimismo. Muchas veces no se les podrá negar que tienen una buena parte de razón. Pero conviene ayudar a que equilibren su actitud ante el ambiente, a evitar lo que es exagerado, las generalizaciones que no responden a la realidad. La verdad ha de armonizarse con la caridad y la comprensión, la firmeza en lo sustancial con la cordialidad y la suavidad en las formas. No es sano vivir la propia fe de un modo simplemente reactivo. Es preferible tratar de comprender las cosas con realismo y exactitud, y emplear las propias energías en un proyecto positivo, que mire más a construir y a ayudar que a demoler y criticar. Siempre es preferible una realización positiva, aunque sea modesta, que una crítica estéril. Poco a poco convendría animar a esas personas para que confíen más en Dios, que es también Señor de la historia y de sus cambios, que sabe sacar el bien hasta de lo que los hombres hacemos mal, pero que tampoco nos ha prometido que todo se desarrollará como a nuestro juicio debería desarrollarse, y que desde luego no nos ha anunciado un reino para este mundo.
    La mejor “compañera de fatigas” es Santa María cuya humildad conocemos, cuando el ángel le comentó que iba a ser la madre de Dios. Hablemos diariamente con Ella, Encomendémonos para que nos ayude y tu y yo sepamos ser ayuda para los demás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s