Eres lo que eres ante Dios, ni más ni menos. No cambies tu estatus

sinceridad autenticidad.jpgPresumir es una forma de mentir. Eres presuntuoso si aparentas ser lo que no eres para impresionar a los demás, para darte importancia o para suscitar admiración. Se trata de una manifestación de vanidad. O bien exageras tu posición o tus logros, o bien te inventas cosas sobre ti mismo que causen una impresión favorable. Es presuntuoso convertir a una persona importante a quien solamente conoces en un amigo íntimo, o alardear de un pasado brillante en buena medida ficticio, o mencionar constantemente nombres de personas influyentes cercanas a ti.
El mejor modo de desarraigar este hábito consiste en cultivar la sencillez y la humildad. Convéncete de esta verdad: eres lo que eres ante Dios, ni más ni menos. No cambies tu estatus, ni a ojos de Dios ni de los hombres, tergiversando las palabras: esas mentiras, por el contrario, lo que hacen es rebajarte a ojos de Dios y de los hombres.
La hipocresía es el hecho o la costumbre de aparentar que eres o piensas algo cuando en realidad eres o crees otra cosa.

Practicas una hipocresía religiosa si pretendes ser un católico devoto y sincero y, sin embargo, en tu vida privada admites alguna mala conducta como el adulterio, la anticoncepción o la corrupción en temas políticos o de negocios… Practicas una hipocresía social cuando te aprovechas de la confianza de otro, actúas como si tu único interés fuera dar consuelo o consejo, le sonsacas secretos de su vida privada y luego usas esa información para herir a aquel cuya confianza te has ganado; o cuando finges un interés altruista en sacar adelante una buena causa —caritativa, religiosa o solidaria— con intención de utilizar dicha causa y a quienes trabajan en ella en provecho propio... Practicas una hipocresía profesional cuando en la administración pública o en la empresa denuncias algún mal que en realidad tú también cometes, o si te quejas de perder dinero cuando estás obteniendo beneficios injustos.
No es hipocresía ocultar o reprimir la antipatía o el resentimiento que otros te inspiran, sino que practicas la virtud cuando los dominas tanto en presencia de quienes causan tu rechazo como en su ausencia… No callarse cuando la verdad se ve atacada y la caridad herida, o cuando están en juego cuestiones importantes de esta vida, es un acto bueno y valiente. No callarse cuando lo único que está en juego son los sentimientos de otro es una bajeza y una ruindad. Dar tu opinión con cierta dosis de franqueza es algo estupendo que, sin embargo, puede llevarse demasiado lejos. No es ninguna virtud expresar todas las antipatías que cruzan por tus sentimientos. Muchas veces es cuestión de virtud ahorrar a otros el daño que puedes hacer si expresaras libremente tu opinión.
Confundir el tacto con la hipocresía conduce a muchos hechos igualmente viciados como la maledicencia, la deslealtad, el odio y la venganza. No hay ninguna hipocresía en la amabilidad, la buena voluntad, la caridad y el perdón, aun cuando dichas virtudes sean enteramente contrarias a lo que dictan los sentimientos y las inclinaciones.
Por lo general, las mentiras que se dicen en broma o para obtener algún beneficio son pecado venial; las que se dicen para hacer daño a alguien pueden ser mortales o veniales, dependiendo de la magnitud del daño causado. En la escuela es pecado responder evasivamente a las preguntas de un examen: al hacerlo, mientes simulando unos conocimientos de los que careces.
El octavo mandamiento abarca, pues, la virtud de la veracidad. Implica decir exactamente lo que está en tu mente. La palabra es la imagen del pensamiento: la verdad equivale a la imagen auténtica. La veracidad es imagen de la Verdad Divina. Dios es verdad y Satanás el padre de la mentira. Jesús ha dicho: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». Y dice también: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Como discípulo de Cristo, tú perteneces a la verdad y demuestras tu sinceridad a través de tu amor hacia ella y tu aborrecimiento de la mentira. (L. G. Lovasik en El Poder Oculto de La Amabilidad).

2 comentarios en “Eres lo que eres ante Dios, ni más ni menos. No cambies tu estatus

  1. En realidad, la hipocresía es una forma de mentira sobre uno mismo, un fingimiento acerca de las propias cualidades o sentimientos. Así lo decanta el Diccionario de la Academia Española al definirla como “fingimiento de cualidades o sentimientos morales contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”.

    Puede ser correcto lo que se finge o lo que, de hecho, se asume. Lo normal es que sea lo primero. De ahí que se hable de la hipocresía como del tributo que el vicio rinde a la virtud. Sería extraño aparentar o fingir lo que es inmoral o la mayoría estima como tal. Lo normal es fingir la virtud.

    Precisamente por eso, la hipocresía está más cerca de probar la verdad o nobleza o bondad de lo fingido que lo contrario. Es tan grave vicio moral la hipocresía, que Cristo dedica a los hipócritas algunas de sus más duras reprobaciones. Pero lo equivocado es fingir cumplir la ley, no la ley misma.

    En conclusión, lo que experimenta o profesa el hipócrita o lo que aparenta experimentar o profesar es irrelevante para determinar su valor de verdad. Otra cosa es, y muy relevante, que la proliferación de hipócritas en el seno de un grupo o institución entrañe un grave mal para él y le inflija un gran daño. Pero no para los valores morales que asume o defiende.

    La hipocresía entraña la falta de sinceridad sobre las propias cualidades y sentimientos morales. La acusación de hipocresía es un grave reproche moral, pero no es un argumento.

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