La “noche oscura del alma” de la Madre Teresa de Calcuta

libro ven se mi luz.jpgEn el libro Madre Teresa: Ven y sé mi luz, se reúne el grueso de las cartas que la santa Madre Teresa de Calcuta dirigió a sus directores espirituales. Por primera vez supimos que la Madre Teresa sufrió una implacable aridez espiritual durante casi 50 años –con un breve respiro– hasta su muerte en septiembre de 1997. “En mi alma siento ese terrible dolor de la pérdida –de que Dios no me quiera, de que Dios no es Dios, de que Dios realmente no exista–”, le escribió a un confesor en 1959. La colección póstuma es mayoritariamente un largo ruego a Dios, expresado a través de sinceras cartas. Un hábito sintáctico recurrente –el uso frecuente de guiones–, incrementa la jadeante urgencia de sus lamentos. “No hay fe en mi corazón – no hay amor – no hay confianza – hay tanto dolor – el dolor de desear, de no ser querida – amo a Dios con toda la fuerza de mi alma”, escribe en la carta antes citada de 1959.

La mística de la noche oscura del alma

El místico español san Juan de la Cruz lo llamó la noche oscura y lo describió como una etapa necesaria para la ascensión hacia la unión mística con Dios. San Ignacio de Loyola lo llamó “desolación espiritual” en sus Ejercicios Espirituales. “El alma se encuentra completamente perezosa, tibia, triste”, escribió, “y se siente separada de nuestro Creador y Señor”. Durante su enfermedad terminal, la carmelita francesa santa Teresa de Lisieux, experimentó una desolación que parecía reflejar dudas acerca de si algo la esperaría después de su muerte. “¡Si solamente ustedes supieran la oscuridad en la que me encuentro sumida!”, les dijo en una oportunidad a las hermanas de su convento. Taulero hace una descripción impresionante de dicho estado: “Entonces somos abandonados en tal modo que no tenemos ninguna conciencia de Dios y caemos en tal angustia que no sabemos más si alguna vez estuvimos en el camino justo, ni sabemos si existe Dios o no, o si nosotros mismos estamos vivos o muertos. De modo que sobre nosotros cae un dolor tan extraño que nos parece que todo el mundo en su extensión nos oprime. No tenemos ya ninguna experiencia ni conciencia de Dios, pero también todo el resto nos parece repugnante, por lo que nos parece que estamos prisioneros entre dos muros”.

La dirección espiritual 

En 1961, la Madre Teresa encontró algún consuelo de su conflicto interior con los consejos de Joseph Neuner, S.J. Éste le sugirió que su noche oscura podría ser una manera a través de la cual Dios la estaba invitando a identificarse con Cristo abandonado en la cruz y con los pobres abandonados. También le recordó que el intenso deseo de Dios viene de Dios. “Por primera vez en estos 11 años”, le escribió al teólogo jesuita, “he llegado a amar la oscuridad”. En verdad, uno de los aspectos más conmovedores del libro Ven y sé mi luz, es que deja claro todo lo que puede sufrir una persona sin la orientación espiritual adecuada, y cuánto alivio puede recibir con unas pocas palabras de sabio consejo. 

Escribe la Madre Teresa a su director espiritual: “He estado a punto de decir No… Me siento como si algo uno u otro día se va a partir en mí”. “Reza por mí, que no rechace a Dios en esta hora. No quiero, pero temo poder hacerlo”… En una de sus cartas, la Madre Teresa escribe: “Señor, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Yo era la hija de tu Amor, convertida ahora en la más odiada, la que Tú has rechazado, que has echado fuera como no querida y no amada. ¿Dónde está mi fe?”. El Padre Neuner, al que se confiaba, la ayudó a comprender que esa oscuridad y vacilación representaban la base espiritual del trabajo que Dios le había confiado.

En 1967, le escribió nuevamente a Neuner: “Padre, quiero contarle cuánto deseo –cuánto mi alma desea a Dios– lo desea solamente a Él y lo doloroso que es estar sin Él”. la Madre Teresa no sintió nada durante 50 años –excepto por un breve respiro– hasta su muerte. “Mi alma es igual a un cubo de hielo”, escribió. En una de sus cartas, la Madre Teresa dice: «Hay tanta contradicción en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan profundo que hace daño; un sufrimiento continuo, y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin celo… El cielo no significa nada para mí: ¡me parece un lugar vacío!». 

Estoy lista para esperarte toda la eternidad

La Madre Teresa alcanzó a ver siempre más claramente su prueba como una respuesta al deseo de compartir el grito de Jesús sobre la cruz, “Tengo sed”: “si la pena y el sufrimiento, mi oscuridad y separación de ti te dan una gota de consolación, mi Jesús, has de mí lo que quieras… Imprime en mi alma y en mi vida el sufrimiento de tu corazón… Quiero saciar tu sed con cada gota de sangre que puedas encontrar en mí. No te preocupes en regresar pronto: estoy lista para esperarte por toda la eternidad”. 

Su sonrisa

Con la gracia de Dios, la Madre Teresa escondió a todos su tormento bajo una sonrisa perenne. “Todo el tiempo sonríe, dicen de mí las hermanas a la gente. Piensan que lo más íntimo de mí esté pleno de fe, confianza, amor… Si sólo supiesen y cómo mi ser alegre no es más que un manto con el que cubro vacío y miseria”. Una sentencia de los Padres del desierto dice: “Por más grande que sean tus penas, tu victoria sobre ellas está en el silencio”. Madre Teresa lo puso en práctica de manera heroica.

La Madre Teresa tiene palabras que ninguno habría sospechado en ella: “Dicen que la pena eterna que sufren las almas en el infierno es la pérdida de Dios… En mi alma yo experimento precisamente esta terrible pena del daño, de Dios que no me quiere, de Dios que no es Dios, de Dios que en realidad no existe. Jesús, te ruego perdona mis blasfemias”. … Pero también dice “quiero vivir en este mundo tan alejado de Dios y que le ha dado las espaldas a la luz de Jesús, para ayudar a la gente cargando algo de sus sufrimientos”. 

“Los momentos de crisis emocional que aparentan ser dudas sobre la existencia de Dios son un proceso normal en la vida de muchos santos”, señala el Cardenal Julián Herranz, Presidente Emérito de la Comisión para los Textos Legislativos del Vaticano. “La vida de los santos está llena de confesiones parecidas, personas que han probado el desierto de la noche de la fe” señaló el Cardenal, miembro del consejo de cardenales de la Congregación para las Causas de los Santos. En estos libros la futura santa expresa su aparente crisis de fe con frases como:“ No existe el alma y entonces tampoco tú, Jesús, eres verdadero”; donde la falta de fe queda evidenciada como puramente aparente, por el mismo hecho de que la Madre se dirige, precisamente, a Jesús.

Fuente:

Un comentario en “La “noche oscura del alma” de la Madre Teresa de Calcuta

  1. Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de canonización, explica en qué consistió su “noche oscura”
    Aceprensa

    La Madre Teresa de Calcuta sufrió durante décadas y hasta su muerte una honda aridez espiritual que puso a prueba su fe. Así lo manifiesta una colección de cartas recogidas en el libro Mother Teresa: Come Be My Light. El libro ha sido preparado por el P. Brian Kolodiejchuk, postulador de su causa de canonización, quien ha estado en Madrid con ocasión de un encuentro en la Universidad CEU San Pablo.

    La Madre Teresa de Calcuta fue una de las mujeres más populares del siglo XX. Sin embargo, es posible que el gran público sólo la conozca muy superficialmente. ¿Qué aspectos de su relación con Dios cree usted que son más desconocidos?Almudi.org – Madre Teresa de Calcuta

    Gracias a las cartas que guardaron sus confesores y directores espirituales conocemos mejor tres aspectos importantes de su vida interior. En primer lugar, las cartas nos muestran la madurez espiritual de la Madre Teresa antes de la fundación de la orden de las Misioneras de la Caridad. En 1942, cuando sólo tenía 27 años, hizo un voto privado de no negar nunca nada a Jesús.

    También conocemos por las cartas que la Madre Teresa tuvo locuciones divinas. En el libro hay dos cartas dirigidas al arzobispo de Calcuta, donde aparecen recogidos los diálogos entre Jesús y Teresa. Una de las cosas más significativas que le dijo Jesús a Teresa es que ella iba a llevar el sufrimiento en su corazón.

    Otro aspecto que nos muestran las cartas es el amor de la Madre Teresa hacia Cristo crucificado. La Madre Teresa fue una mujer apasionadamente enamorada de Jesús. Esta es la clave para entender su “noche oscura”.

    La Madre Teresa deja en herencia el ejemplo de una vida entregada por completo a Jesucristo en los pobres, eje de lo que ella denominó “la revolución del amor”. Pero ¿no cree que el ejemplo de su heroica tarea corre el riesgo de hacer de ella una figura más admirada que imitada?

    Yo creo que la Madre Teresa sí es imitable. Es cierto que no todas las personas tienen vocación para dejarlo todo y servir a los más pobres. Pero, según las enseñanzas de la beata, esto no es lo importante. Ella misma nunca hizo cosas extraordinarias. En sus conversaciones con la gente, solía recordar que no hacía falta ir a Calcuta para dar amor: el amor empieza en la propia casa, a través de las cosas pequeñas que uno puede hacer por los demás. En este sentido, hablaba con frecuencia del “apostolado de la sonrisa”.

    La crisis espiritual de la Madre Teresa comenzó en los años 50, poco tiempo después de la fundación de la orden de las Misioneras de la Caridad, y se prolongó hasta su muerte. ¿En qué consistió esa larga fase de oscuridad interior?

    En torno a los años 1946 y 1947, la Madre Teresa había alcanzado la unión mística con Jesús a través de la contemplación. “Jesús se me dio”, dice en una de sus cartas. En efecto, hacia los primeros meses de 1947 experimentó “una profunda y violenta unión con Dios”. Qué quiere decir “violenta” en este contexto no lo sabemos con exactitud, pero parece que debió de ser una unión muy intensa.

    A partir de este momento se suceden distintos ritmos en su oración. A veces atraviesa momentos de alegría y de consolación por la presencia de Jesús; otras veces llegan periodos de aridez; y también de anhelar más unión con Dios. Su “noche oscura” consistió en sentir que Dios la rechazaba o que no la amaba lo suficiente. Eso, para una persona que está enamorada, que quiere dar todo su ser a Dios, es muy doloroso.

    Los periodos de oscuridad interior no son una novedad en la vida de algunos santos. ¿Qué es lo peculiar en la manera en que la Madre Teresa vivió la “noche oscura”?

    En el caso de la Madre Teresa, esa oscuridad y vacilación representaban la base espiritual del trabajo que Dios le había confiado. El P. Neuner, al que se confiaba, la ayudó a comprender que la prueba por la que atravesaba no se podía desligar de su vocación de servicio a los más pobres de entre los pobres. Ella solía repetir que la pobreza más grande en el mundo de hoy es la de sentir la soledad de no ser amado. Y esto es exactamente lo que le ocurrió a ella. De esta manera, se identificó con los pobres a los que ella servía.

    Además, comprendió mejor el valor redentor del sufrimiento. Estaba tan unida con Jesús, que Él pudo compartir con ella el dolor y la oscuridad que Él mismo había experimentado en Getsemaní y en la Cruz.

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