Es necesario amarse suficientemente para poder amar a los demás

envejecer-en-pazAprender a conocerse en los éxitos y en los fracasos, a aceptarse y amarse tal como uno es, exige poner los cimientos del equilibrio personal: es necesario amarse suficientemente para poder amar a los demás. El amor a uno mismo es una afirmación natural del hecho de existir. Esto explica que el mandamiento del amor a los demás sea formulado de este modo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 19, 19; 22, 39). Cuando la aceptación de uno mismo se presenta como un desafío inalcanzable, quizá por razones debidas al temperamento, y todo parece hacernos sufrir de un modo desproporcionado, es preciso aprender a sonreír y a no dar excesiva importancia a los obstáculos subjetivos, aunque reales, que pueden aparecer. San Francisco de Sales ha enseñado la importancia de la paciencia con nosotros mismos.

¡Qué difícil nos resulta a veces soportarnos! Los hay que se sienten desgraciados o enfadados en su interior, y este conflicto interno es lo primero que debería resolverse. En efecto, esta actitud íntima, esta tendencia inmoderada a disgustarse, les impide ser felices. Su problema no es el de ser desgraciados, sino el de no saber ser felices. Era esta una convicción de san Josemaría, avalada por su experiencia y que expresaba en términos aparentemente sorprendentes: «La felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra». Antes de él, el Cura de Ars hacía una afirmación similar: «¡Pobres pecadores! ¡Qué dignos son de compasión! No sois felices en esta vida y no lo seréis nunca». Ambos santos no pretenden negar la evidencia de que en esta tierra hay muchos sufrimientos y muchas desdichas. Además, el Señor dijo: «El que quiera salvar su vida la perderá» (Mt 16, 25).
Sin embargo, nada ni nadie prohíbe aprovechar los momentos felices de la existencia, que pueden ser instantes de eternidad y que conviene recordar. Esta es también una de las interpretaciones de la misteriosa parábola en la que Jesús habla de los juegos de los niños: «Hemos tocado para vosotros la flauta y no habéis bailado» (Mt 11, 17). El pueblo elegido no supo reconocer en Jesucristo el cumplimiento de la promesa del Mesías. ¿No consiste la alegría en descubrir que es Cristo quien pasa por nuestra vida? La caridad, con la fe, nos hace ver y amar la presencia de Dios entre nosotros y en sus obras, como en los tiempos de la Encarnación. Cristo resucitado vive en nosotros por el bautismo y la Eucaristía. La caridad, con la fe, nos hace sentir también esta providencia de Dios que acompaña amorosamente las distintas etapas de la existencia. Así, por ejemplo, la aceptación de la edad es factor de equilibrio: al envejecer, se declina poco a poco. No obstante, si la vejez se percibe de cara a la eternidad, podemos decir que un anciano, aunque no sea muy activo, brilla tanto o más que un joven. Es el hombre bueno, realizado, fiel, cuya sola presencia es fecunda porque desprende un testimonio de la paz del deber cumplido. Es una presencia cuya aura tranquilizadora y muda dice más que un largo discurso. (Amor y desamor. La pureza liberadora)

2 comentarios en “Es necesario amarse suficientemente para poder amar a los demás

  1. Hoy me quedo con el amor que Dios nos tiene. Necesitaba ponerlo.
    Yo soy tu Padre

    HIJO MIO…

    Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente bien.
    Salmo139.7

    Sé cuando te sientas y cuando te levantas.
    Salmos 139.2

    Todos tus caminos me son conocidos.
    Salmos 139.3

    Pues aún tus cabellos están todos contados.
    Mateo 10:29-37

    En mi vives, te mueves y eres.
    Hechos 17:28

    Antes que te formé en el vientre te conocí.
    Jeremías 1.4-5

    Fuiste predestinado conforme a mi propósito.
    Efesios 1.11-12

    No fuiste un error.
    Salmo 139.15

    En mi libro estaban escritos tus días.
    Salmo 139.16

    Yo determiné el momento exacto de tu nacimiento y donde vivirías.
    Hechos 17.26

    Tu creación fue maravillosa.
    Salmos 139.14

    Te hice en el vientre de tu madre.
    Salmos 139.13

    Te saqué de las entrañas de tu madre.
    Salmo 71.6

    He sido mal representado por aquellos que no me conocen.
    Juan 8.41-44

    No estoy enojado ni distante de ti, soy la manifestación perfecta del amor.
    1 Juan 4.16

    Y deseo derramar mi amor sobre ti.
    1 Juan 3.1

    Simplemente porque eres mi hijo y Yo soy tu padre.
    1 Juan 3.7

    Te ofrezco mucho más de lo que te podría dar tu padre terrenal.
    Mateo 7.11

    Porque soy el Padre perfecto.
    Mateo 5.48

    Toda buena dádiva que recibes viene de mi.
    Santiago 1.17

    Porque yo soy tu proveedor que suple tus necesidades.
    Mateo 6.31-33

    Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza.
    Jeremías 29.11

    Porque te amo con amor eterno.
    Jeremías 31.3

    Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena en la orilla del mar.
    Salmo 139.17-18

    Me regocijo sobre ti con cánticos.
    Sofonías 3.17

    Nunca dejaré de hacerte bien.
    Jeremías 32.40

    Tú eres mi especial tesoro.
    Éxodo 19.5

    Deseo afirmarte con todo mi corazón y de toda mi alma.
    Jeremías 32.41

    Y te quiero enseñar cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
    Jeremías 33.3

    Me hallarías si me buscas de todo corazón.
    Deuteronomio 4.29

    Deléitate en Mí y te concederé las peticiones de tu corazón.
    Salmo 37.4

    Porque yo produzco tus deseos.
    Filipenses 2.13

    Yo puedo hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pides o entiendes.
    Efesios 3.20

    Porque yo soy quien más te alienta.
    2 Tesalonicenses 2.16-17

    Soy también el Padre que te consuela en todos tus problemas.
    1 Corintios 1.3-4

    Cuando tu corazón está quebrantado, Yo estoy cerca de ti.
    Salmo 34.18

    Como el pastor lleva en sus brazos a un cordero, Yo te llevo cerca de mi corazón.
    Isaías 40.11

    Un día enjugaré toda lágrima de tus ojos.
    Apocalipsis 21.3-4

    Y quitaré todo el dolor que has sufrido en esta tierra.
    Apocalipsis 21.4

    Yo soy tu Padre, y te he amado como a mi hijo, Jesucristo.
    Juan 17.23

    Porque te he dado a conocer mi amor en Jesús.
    Juan 17.26

    Él es la imagen misma de mi sustancia.
    Hebreos 1.3

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