Si eres amable tendrás una poderosa influencia benéfica sobre los demás

amabilidad2Del mismo modo que el amor de una madre atrae el corazón de su hijo como un poderoso imán, así la persona verdaderamente amable ejerce una poderosa influencia benéfica sobre los demás. Solo una persona amable es capaz de juzgar a otra con justicia y disculpar sus debilidades. Los ojos amables distinguen los defectos, pero no se fijan en ellos: su mirada es la de una madre benévola que juzga a su hijo querido con más indulgencia y, al mismo tiempo, mejor de lo que lo haría un extraño.

Nadie ha visto con más claridad la debilidad humana como lo hizo Jesús con sus apóstoles. Y, sin embargo, ¡cuánta paciencia desplegó con su espíritu mundano y sus defectos! La fuente de su paciencia era la amabilidad de un corazón que nada podía alterar. Los que lo seguían se aferraban a Él con una confianza inquebrantable. Su persona irradiaba amor y llenaba de calor los corazones de quienes lo rodeaban. Aun así, a veces podía mostrar una firmeza indoblegable. Nunca titubeó ni hizo concesiones cuando estaban en juego la gloria de su Padre o la salvación de las almas.

Cada vez que tu alma alberga un pensamiento amable, es como si Dios viera reflejado su propio Ser en una semejanza silenciosa y sagrada. Un pensamiento amable es como la imagen del Salvador en tu alma. Dios lo contempla y se regocija, y bendice tu alma porque tu forma de pensar y tus sentimientos se parecen mucho a su Corazón.

El carácter se forja en el mundo de los pensamientos y bajo su influencia. Si eres dueño de ellos, eres dueño de ti. Si has aprendido a dominarlos, dominan todo tu ser. Si tienes un corazón amable, tus palabras y tus obras lo serán también. Si alimentas más pensamientos amables, serás inevitablemente rico en amabilidad: de ahí la enorme importancia de cultivarlos. (L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad).

 

2 comentarios en “Si eres amable tendrás una poderosa influencia benéfica sobre los demás

  1. El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, en Gran Enciclopedia Rialp, vol. 2, p. 101).

    Pienso que no todo amor tiene razón de amistad, sino el amor que entraña benevolencia, es decir, cuando de tal manera amamos a alguien que queremos para él el bien […]. Es preciso también que el amor sea mutuo, pues el amigo es amigo para el amigo. Esta correspondida benevolencia se funda en alguna comunicación (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 23, a. 1).

    En definitiva esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible . Ojala aprendamos todos a ser buenos amigos y a través de la amistad y la confidencia llevemos muchas almas a Dios, a la vez que también nos ayudaran a nosotros.

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