La castidad es una expresión de libertad

castidad libertad.jpgEn la Eucaristía encontramos la humildad de Cristo en la cruz y en el pan -convertido en su Cuerpo-. Es la acción de gracias por excelencia: se agradece la bondad de Dios manifestada en la creación y en la historia del pueblo que es la Iglesia. Un don de Dios a su pueblo es la pureza de esa ofrenda inmaculada. A esta hostia pura se une nuestra pureza de vida, que nos es concedida sin que por otra parte se disipen todas las nubes de nuestra vida en la tierra. Esto nos obliga a la gratitud, pues realmente Dios es quien nos protege. En la época de los últimos escritos del Nuevo Testamento, san Clemente Romano afirma: «El casto en su carne no se jacte de serlo, sabiendo como sabe que es otro quien le otorga el don de la continencia». San Ignacio de Antioquía le hace eco: «Si alguno se siente capaz de permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que permanezca sin engreimiento. Si se engríe [es decir: si se llena de soberbia por ser casto], está perdido». Es significativa la mención a la carne del Señor en estas palabras de san Ignacio. Existe una estrecha conexión entre la blancura de la Hostia, convertida en Cuerpo de Cristo, y la pureza. La ofrenda pura, inmaculada, santa, como dice el Canon Romano, es el fruto de la actualización del misterio pascual hecho sacramentalmente presente en el altar. La castidad permite un auténtico don de sí, tanto en el matrimonio como en el celibato. La Eucaristía es el don total de Cristo, el don de su persona, a todos y cada uno en particular, especialmente en la Comunión sacramental. La castidad es una expresión de libertad humana destinada al don de uno mismo. (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora)

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2 comentarios en “La castidad es una expresión de libertad

  1. Desde el punto de vista teológico, la virtud de la castidad es posible como participación a la caridad de Cristo, el cual en el Espíritu dona a cada uno la capacidad de amar según su específica forma vocacional.

    La teología del matrimonio afirma que la gracia propia del sacramento es la caritas coniugalis (el amor esponsal): la capacidad que viene donada a los esposos de amarse en la verdad, de querer el bien del otro según la perfección del amor de Cristo. Esto implica un trabajo sobre sí y sobre la propia relación conyugal: una tarea de ascesis y de crecimiento para secundar el Espíritu e integrar toda la riqueza de la vida afectiva y sexual dentro del amor. Se llega así a captar también otra verdad teológica tradicional, hoy silenciada: aquella por la cual el matrimonio es un “remedio a la concupiscencia”. Si la concupiscencia es aquel desorden interior por el que los dinamismos inferiores obstaculizan la libertad del don de sí, la gracia propia del matrimonio consiste precisamente en el hecho de que el Espíritu dona a la libertad de los esposos la posibilidad de remediar la desintegración, para poder realizar el don de sí y la acogida del otro. El Espíritu actúa en la vida de los esposos con la fuerza redentora de Cristo, donando el amor sobrenatural, renovando el sentido del profundo respeto por la realidad sagrada de la persona y de su amor en el proyecto de Dios.

    Para aquellos que son llamados a la virginidad por el Reino de los cielos, la castidad no significa sólo continencia. La continencia no es nunca un fin en sí misma: existe para el don de sí y la acogida del otro. Por esto, también en la perspectiva vocacional del consagrado, la castidad es parte del dinamismo espiritual de la caridad: caridad pastoral para el sacerdote y para el obispo; caridad de servicio y dedicación a la oración para los religiosos. También para los consagrados la castidad es condición de amor y de fecundidad. Es la disponibilidad a hacer que, en la renuncia a la forma natural del amor, la propia existencia sea el lugar mediante el cual Cristo realiza su amor universal.

    La castidad, por lo tanto, no es nunca una perfección de la persona en sí misma, sino la virtud que mira a hacer posible el ex-tasis: salir fuera de sí misma, para acoger a la otra persona y donarse.
    (Orientación: ALMUDI)

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