La cruz no solo es una prueba de amor, es también el triunfo del amor

cruz-y-amorEn la cruz se destruye el templo verdadero que es el Cuerpo de Cristo, pero ese Cuerpo está llamado a la resurrección. La cruz no solo es una prueba de amor, es también el triunfo del amor. ¿Cómo se habla de exaltación de la santa Cruz? Poco antes de su profecía sobre la atracción de los hombres hacia Él, Cristo oye la voz del Padre, que exalta la aceptación de la muerte por parte del Hijo. En respuesta al abandono filial a la voluntad del Padre y por tanto a la aceptación de la muerte («“¿Padre, líbrame de esta hora?”. ¡Pero si para esto he venido a esta hora! Padre, ¡glorifica tu Nombre!»), Jesús oye la voz del cielo: «¡Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré!» (Jn 12, 27-28). Más tarde, Jesús rogará a su Padre: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique» (Jn 17, 1). Asocia de nuevo a su propia muerte su gloria y la del Padre.

Joseph Ratzinger explica esta misteriosa glorificación de la cruz, y de la muerte misma de Cristo, a la luz de la institución de la Eucaristía. «El acontecimiento de la Última Cena consiste en el hecho de que Jesús distribuye su cuerpo y su sangre, es decir, su existencia terrena, entregándose a sí mismo. En otras palabras: la Última Cena es una anticipación de la muerte, la transformación de la muerte en un acto de amor. Únicamente en este contexto es posible comprender qué quiere decir Juan cuando se refiere a la muerte de Jesús como glorificación de Dios y glorificación del Hijo (cf. Jn 12, 28; 17, 21). La muerte, que es de suyo el fin, la destrucción de toda relación, es transformada por Jesús en un acto de comunicación de sí mismo; en esta transformación reside la salvación de los hombres, ya que aquí el amor vence a la muerte. Podemos también expresar lo mismo desde otro punto de vista: la muerte, que es el fin de la palabra y del sentido, se hace ella misma palabra y morada del sentido que se ofrece». Cristo ha dado su carne y su sangre, nos ha dado la vida haciéndonos participar de la suya, pero de un modo distinto al de la paternidad carnal. (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora).

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5 comentarios en “La cruz no solo es una prueba de amor, es también el triunfo del amor

  1. Cuando surge el sufrimiento en nuestra vida, nos preguntamos espontáneamente: «¿Por qué?». Podríamos pensar que aquel que viniera al mundo para revelarnos el designio de Dios sobre nuestra existencia y mostrarnos el verdadero camino jamás habría empleado esta interrogante. En realidad, nunca ha existido un «¿Por qué» que haya sacudido del mismo modo el universo, provocando al cielo, como aquel que salió de la boca de Jesús crucificado. En este grito, todos los «por qué» de los hombres encuentran su máxima expresión. Aun cuando el Padre pareciera ausente, no habría podido permanecer sordo ante la voz de su propio Hijo. Elevado desde la cruz, el «¿por qué?» tenía una enorme resonancia; estaba seguro de obtener una respuesta válida para todos, respuesta definitiva a todas las interrogantes que suben del corazón a los labios de tantos hombres.

    Aquel que sufre desea saber por qué sufre. Únicamente a Dios puede dirigir con insistencia la pregunta, porque con su omnipotencia Él es responsable de todos los hechos que condicionan la vida humana. Se trata de un Dios que es Padre y manifiesta su afecto paterno con las intervenciones de su Providencia. Preguntarse «¿por qué?» significa por tanto preguntarse por qué un amor tan grande no nos ahorra los dolores. Plantear semejante pregunta puede parecer un reproche, una señal de descontento, una acusación que pone en duda la bondad divina. Y sin embargo el solo hecho de preguntarse «¿por qué?» no expresa reproche ni crítica; es la apertura de un diálogo. La intención de tener más luz y comprender mejor es perfectamente legítima. Dios mismo dio al hombre la inteligencia, con la capacidad de hacer preguntas; quiso compartir con él la sabiduría, que es su tesoro divino. En la cruz, el Hijo de Dios mostró que el hombre tiene derecho a preguntarse «¿por qué?»; con su ejemplo, alentó a los hombres por el camino de esta audacia, testimonio de un amor filial lleno de confianza.

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