Las siguientes sugerencias te ayudarán a mostrar consideración hacia los demás

amabilidad-juzgarAprender a ser considerado es una de las grandes lecciones que nos ofrece la vida: 
 
—Plantéate algunas preguntas personales.

  • Ponte en el lugar de la otra persona. Si fueras ella ¿cómo verías la situación? ¿Cómo la juzgarías? ¿Cómo te sentirías si lo que estás escuchando en este momento sobre otro lo dijeran de ti? ¿Qué te gustaría que los demás dijeran y pensaran de ti? 
  • Ponte en el lugar de la madre de esa persona, o de algún otro de sus seres queridos. ¿Qué opinión tendría del asunto? ¿Qué desearía? ¿Qué haría?
  • Piensa en Dios. ¿Qué puesto ocupa esa persona a sus ojos? ¿Cuál es su punto de vista respecto a ella? ¿Qué es lo que Dios le pide? ¿Qué te pide a ti aquí y ahora?
  • Responder con sinceridad a preguntas como estas te llevará a ser honesto en cualquier circunstancia. No tardarás en descubrir lo que tienes que pensar y decir, puesto que debes amar y tratar a todo el mundo como a ti mismo. Son preguntas que pondrán de manifiesto lo egoísta que eres, aun sin quererlo, y lo precipitados y superficiales que pueden ser tus juicios.

—Recuerda las virtudes y las cosas buenas de los demás.

  • El que es amable nunca ve las debilidades personales del otro. La amabilidad es la mirada que no advierte la cerca rota del jardín del amigo y solo se fija en la rosa que florece. No hay nada que sea expresión tan cierta de tu carácter, de tu corazón y de tu alma como esta tierna amabilidad.
  • Da vueltas con frecuencia en tu cabeza a lo positivo de quienes instintivamente te inspiran antipatía y adquirirás el hábito de ver únicamente lo que hay en ellos de bueno y encomiable. Normalmente las virtudes son más que los defectos. Si lo haces así, ni la aspereza, ni la indiferencia, ni la sospecha, ni los juicios temerarios, ni la envidia, ni la maledicencia, ni la calumnia hallarán un hueco en tu vida.
  • Disculpa los fallos humanos. Lo indeseable o lo negativo de la vida de cualquiera no constituye la totalidad de esa persona. Nadie es enteramente malo; pocos son enteramente buenos. En la mayoría de los casos, los defectos son los compañeros débiles de las grandes fortalezas. Juzga a los hombres no por sus faltas, sino por lo que hacen con ellas. Con un poco de buena voluntad, serás capaz de reconocer y valorar lo bueno que hay en los demás y admirarlo. Olvidar el resto es parecerse a Cristo.

—Recuerda tus propios defectos.

  • Cuando percibas tu inclinación a juzgar con severidad a los demás, debes examinar tus propias obras para descubrir cuántas veces has cometido tú los mismos fallos.
  • Tal vez tus faltas sean mucho mayores que las que condenas en otros. Las palabras de la Escritura vienen muy al caso: «Médico, cúrate a ti mismo». Decídete a corregir tan injusta inclinación. Este reconocimiento de tu debilidad dará buenos resultados. Una oración intensa y perseverante te ganará la gracia de Dios para ayudarte en tu propósito.

—No te inmiscuyas en la vida de los demás ni en cómo actúan.

  • Las palabras que el Señor dirigió a Pedro cuando este le preguntó sobre la muerte de Juan —«¿A ti qué? Tú, sígueme»— es una respuesta clara de la Divina Sabiduría respecto a la vida o las obras ajenas.
  • Acuérdate de lo que dijo el Salvador a quienes acusaron a la mujer sorprendida en adulterio: «El que de vosotros esté sin pecado que tire la piedra el primero».
  • En una ocasión san Ignacio de Loyola escribió: «El hombre que se propone hacer mejores a los demás pierde el tiempo, a no ser que empiece por él mismo». Eso no significa que, antes de ayudar a otros, tengas que ser perfecto en todo. Significa que debes reconocer tus faltas y luchar por corregirlas, sin dejar de intentar cumplir con la parte que te toca en ganar el mundo para Cristo. Cuanto más perfecto, más benévolo te volverás con los defectos de los demás.
  • Con tantas cosas en tu vida como necesitan ser corregidas, te basta con ocuparte de lo tuyo. Serás bendecido si, al final de tu vida, has arreglado tus cuentas con Dios. No intentes fiscalizar las vidas ajenas. En el libro de Tobías leemos: «Lo que odias no se lo hagas a nadie». Vives la auténtica caridad cuando tu principal norma de conducta consiste en causar el menor daño posible a otros. Ese es un amor considerado. (Fuente: L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad)

 

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Un comentario en “Las siguientes sugerencias te ayudarán a mostrar consideración hacia los demás

  1. Hay que aclarar que una persona educada, no lo es simplemente por su modales refinados, o por saber qué cubierto utilizar en una mesa. Una persona educada debe serlo en todo momento y con todo el mundo.
    Los buenos modales deben ser la expresión de nuestro “patrimonio interior” y no del patrimonio exterior, posición social o de su nivel económico.
    Las virtudes de una buena educación en el trato con los demas son muchas, pero quizás las más importantes sean estas:

    VIRTUDES DE UNA BUENA EDUCACIÓN

    LA AMABILIDAD
    El término “amabílitas” proviene del latín con un significado de amado, de ser amado o preferido. Se trata de una de las virtudes mejor valorada por todas las personas.
    Una persona puede ser educada, ir bien vestida … pero si además es agradable y amable, entonces es una persona encantadora. Entendemos por una persona amable, a una persona con buenos modales.
    Hay una frase, del Dramaturgo y miembro de la Real Academia Francesa Alfred Capus, que nos indica qué es la amabilidad. Dice Capús que “Una persona amable es aquella que escucha con una sonrisa lo que ya sabe, de labios de alguien que no lo sabe”.
    Por otro lado, el pensador y escritor francés del Renacimiento, creador del género literario conocido como ensayo, Michel de la Montaigne afirmaba que “Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable”.
    Y es que una persona amable es querida y respetada. Personalmente creo que la amabilidad es generosidad y hay que derrocharla. Hay que ser amable con todo el mundo, pasar el “testigo” y contagiar amabilidad.
    Otras de las virtudes a tener en cuenta de una buena educación es el AMOR, sí amor, entendido en protocolo como preocuparse por los demás.
    La COMPASIÓN, teniendo cuidado de no confundirla con la falsa caridad, porque compasión es no sentir odio por alguien que ha cometido un error. compasión es no alegrarse del mal ajeno.
    Como cuarta virtud también resaltaría la CONSIDERACIÓN. Ser considerado, es respetar a los demás, y respetar sus sentimientos y creencias.
    La consideración significa dar la misma importancia a las preferencias ajenas tanto como a las propias. Fomentar la empatía y ponerse en el lugar del otro antes de actuar. Algo que nos lleva irremediablemente a LA CORTESÍA que consiste en ser educado y tener buenos modales, en cualquier situación de nuestra vida diaria.
    La GENEROSIDAD o el acto de compartir cosas sin esperar nada a cambio.
    La FIDELIDAD/LEALTAD. Es decir, ser coherentes con lo que creemos. Ser fieles a nuestras ideas y a nuestros principios. Cuidado que ser fiel, no significa no ser flexible, sino consecuente. Flexibilidad es reconocer que algo debemos cambiar dentro de nosotros o de nuestro entorno.
    Respecto a La GRATITUD, permítirme que me refiera al refrán “De bien nacidos es ser agradecidos” que resume sin necesidad de comentarios esta virtud fundamental.
    Las dos siguientes virtudes empiezan con H muda pero son quizás las virtudes más sonoras. Se trata de la HONRADEZ, que significa proceder con rectitud e integridad y de la HUMILDAD. ¡Qué difícil es la humildad! Es la virtud más invisible y sin embargo la que más brilla. Humildad es reconocer que no somos más importantes que nadie y aprender de nuestros errores. La humildad va muy de la mano de la sencillez y hace más grande a la persona.Siguiendo nuestro recorrido está La JUSTICIA que como expresa el derecho Romano, que sirve de base a nuestro ordenamiento jurídico es, la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo (Constant et perpetua voluntas sum cuigue tribuere) y que presupone la imparcialidad, lo que implica actuar sin prejuicios. (Sin querer me he ido al Derecho Romano, problema de “apego” de los que hemos estudiado la carrera de Derecho).
    La MODERACIÓN es otra virtud principal. La moderación supone conocer nuestros propios límites y es prima hermana de la paciencia.
    Y por último, La TOLERANCIA. Palabra tan usada presidencialmente en este país y que consiste en reconocer que alguien que no piensa como nosotros o actúa como nosotros, merece un respeto y que no es menos que nosotros.
    Como habréis deducido es fácil decir la palabra Tolerancia y es difícil ponerla en práctica.
    Estas son las virtudes claves y dos más de propina: la puntualidad y la sonrisa.
    La PUNTUALIDAD , escasísima, no cotiza en bolsa….es una de las normas básicas de la buena educación. Hay muchas leyendas sobre la misma, la más típica, la de llegar tarde a una fiesta o una boda, como toque de distinción. Mentira. No es elegante ni educado llegar tarde a ningún sitio.
    Respecto a La SONRISA es la luz de nuestro rostro, con permiso de las marcas de cosmética, es la que nos abre muchas puertas, la que genera aptitudes positivas y la que nos alisa el camino para llegar a los demás.
    La sonrisa tiene un efecto multiplicador, es gratis y siempre bienvenida.

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