Nuestra identidad es esencialmente la de hijos de Dios, de ahí la necesidad de la pureza

«¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? […] ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros y habéis recibido de Dios y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados mediante un gran precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Cor 6; 15, 19-20). Para […]

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