Ser considerado implica sufrir con gentileza.

ser-consideradoProcura llevar tu dolor con amabilidad… Un sufrimiento amable es una forma de buena acción. Si para obrar el bien necesitas la ayuda de la gracia, más necesaria es aún para sufrir con amabilidad. Una de las características más atrayentes de la santidad es que combina la amabilidad con el dolor, lo que exige que este último esté casi enteramente bajo la influencia de la gracia sobrenatural.
¿Qué hay más maravilloso que mostrarse considerado con los demás cuando se es infeliz? Una caridad como esta deja una honda huella y hace a los otros más amables. Además, transmitir tu tristeza dista mucho de ser amable. A veces llegamos a tener un afán de compasión tan enfermizo que nos impide guardarnos las penas para nosotros.
Sufrir sin dejar de ser amable te llevará a estar más pendiente de los sentimientos de los demás que de aquello que tienes que soportar tú. Verás tus propias cruces sobre los hombros del prójimo y, por eso, serás extremadamente amable con él. Los santos han sufrido en silencio, sabedores de que su sufrimiento es también el de quienes los aman.
Haz un esfuerzo por ocultar tu dolor y tus penas. Y, al mismo tiempo, que estos te lleven también a ser amable y afectuoso con quienes te rodean. La oscuridad que hay en tu interior debe ser un rayo de sol para los que tienes a tu alrededor. De este modo, el espíritu de Jesús tomará posesión de tu alma. (L. G. Lovasik, El poder oculto de la amabilidad)

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2 comentarios en “Ser considerado implica sufrir con gentileza.

  1. En el ser humano no hay espacios o almacenes impenetrables. A veces se da demasiada importancia a recuerdos, imágenes, conflictos, traumas, que se dicen “reprimidos”, arrojados en un pozo oscuro de la psique. Se descuida, en cambio, el rico contenido consciente, al que todos tenemos acceso. Es verdad que en algunos casos hay elementos que desde las profundidades psíquicas hacen daño, y que en ocasiones se llega a ellos con la ayuda de expertos. Pero con mayor frecuencia, son aspectos bien claros y visibles los que causan tristeza, desasosiego, desesperanza… malestar psicológico.

    Las mismas “profundidades” pierden oscuridad cuando entra en ellas la luz de Dios, el Espíritu Santo. El examen de conciencia cristiano, que no es introspección sino esfuerzo de sinceridad con uno mismo, con Dios, revela en la mayoría de los casos qué hace sufrir. Para esto es necesario el silencio, conseguir concentrarse y llegar a esas emociones que quizá fueron enterradas vivas, o a las faltas de coherencia que hicieron descarrilar hasta nuestros pensamientos.

    ¡Qué bueno es cortar con el exceso de ruido inevitable, con los mensajes y urgencias ineludibles, la publicidad interminable, los teléfonos móviles inapagables, los videojuegos impostergables!… Tantos “ables” que impiden oír a Dios y centrarse en lo importante. Con nuestras limitaciones y miserias, alcanzaremos la madurez, formándonos bien, rezando y con la ayuda de la gracia. Y para todo esto hace falta tiempo, que es mucho más que el oro.

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