Dios no inventó el dolor en el Calvario; allí lo abrazó y perfumó de Amor

JES_S_CRUZ_DE_CRISTO_CON_FONDO_ROJO_Y_AMARILLO_Jesus_Cross890CA nuestros primeros padres los engañó el Demonio presentándoles a un dios malo y perverso, que les prohibía comer de todos los árboles del jardín para evitar que fuesen como él. Hoy, el propósito del Tentador no es acercar al hombre a un árbol prohibido, sino alejarlo de Árbol de salvación. Y, para ello, también miente, y muestra la Cruz como el retablo de todos los espantos. «La Cruz –parece decir– significa que Dios quiere que sufras. Quiso que sufriera su Hijo y ahora quiere que sufras tú»…

Es urgente acabar con esa imagen deformada de la Cruz que tiene como centro el dolor. Porque, aunque hay dolor en la Cruz, también lo hay en la vida, incluso en la de quienes huyen de la Cruz. No es el sufrimiento el que vivifica ese Árbol: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. ¡He ahí el verdadero retrato de la Cruz! Dios no inventó el dolor en el Calvario; lo que hizo allí fue abrazarlo y perfumarlo de Amor. No nos acercamos a la Cruz para sufrir, sino para amar y ser amados, para dar sentido a nuestros sufrimientos convirtiéndolos en dolores de parto hacia la Vida. (Fuente)

2 comentarios en “Dios no inventó el dolor en el Calvario; allí lo abrazó y perfumó de Amor

  1. El corazón del hombre se parece a «un mercado de barrio» donde se puede
    encontrar de todo. El cristiano debe aprender a conocer en profundidad lo que
    pasa a través de él, discerniendo aquello que sigue el camino indicado por
    Cristo y lo que lleva, en cambio, al indicado por el anticristo. El criterio para
    orientarse en esta elección —dijo el Papa Francisco en la homilía de la misa del
    martes 7 de enero, en la capilla de Santa Marta— es seguir el itinerario
    indicado por la encarnación del Verbo.
    El Pontífice propuso esta reflexión al comentar la primera carta de san Juan (3,
    22 – 4,6) en la cual el apóstol «parece casi obsesivo» al repetir algunos
    consejos, en especial: «Permaneced en el Señor».
    «Permanecer en el Señor» repitió el Papa, y añadió: «El cristiano, hombre o
    mujer, es quien permanece en el Señor». Pero, ¿qué significa esto? Muchas
    cosas, respondió el Santo Padre. Si bien, explicó, el pasaje de la carta de san
    Juan se centra en una especial actitud que el cristiano debe asumir si quiere
    permanecer en el Señor: es decir, la plena conciencia «de lo que sucede en su
    corazón».
    El cristiano que permanece en el Señor sabe «lo que pasa en su corazón». Por
    ello el apóstol, destacó el Pontífice, «dice: “Queridos míos: no os fiéis de
    cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios”; sabed
    discernir los espíritus, discernir lo que oís, lo que pensáis, lo que queréis, si es
    propio del permanecer del Señor o si es otra cosa, que te aleja del Señor». Por
    lo demás, «nuestro corazón —prosiguió— tiene siempre deseos, ganas,
    pensamientos: pero, ¿todos éstos, son del Señor? ¿O algunos de éstos nos
    alejan del Señor? Por ello el apóstol dice: examinad todo lo que pensáis, lo que
    sentís, lo que queréis… Si esto va en la línea del Señor, funciona; pero si no
    va en esa línea…».

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