El misterio de la generación eterna del Verbo es fuente del sentido de la virginidad

purezaDurante el encuentro con la samaritana, Cristo se acomoda al rumbo que ella da a la conversación. La mujer se queda impresionada porque Jesús conoce su vida; «veo que tú eres un profeta», dice. Aborda luego el tema esencial del culto, una cuestión que precisamente enfrentaba a los judíos con los samaritanos. Jesús vence esa división haciendo una referencia al culto «en espíritu y en verdad». Se podrían leer esas palabras como si llevasen mayúsculas –«en el Espíritu y en la Verdad»–, pues glorificamos al Padre en el Espíritu Santo y en Cristo. 

El misterio cristiano es el mismo Cristo, la segunda Persona de la Santísima Trinidad. Es una historia de amor que no está desconectada del concepto de pureza como una dimensión de la vida. Gregorio de Nisa fue el primero en comentar el misterio de la generación eterna del Verbo como fuente del sentido de la virginidad cristiana. La generación del Verbo es trascendente y «sin pasión», es decir, sin alteración fundamental: «Necesitamos una gran inteligencia para que nos sea posible atisbar la excelencia de esta gracia, que está unida inseparablemente al Padre incorruptible. Paradójicamente, la virginidad se encuentra en un Padre que tiene un Hijo, y que lo engendra sin pasión». «Paradójicamente» quiere decir aquí un asombro admirativo ante el esplendor divino del misterio. Hablando de Dios, el término «virginidad» indica en Él la perfecta plenitud de su ser. Se da «la paradoja» de que «el Hijo es conocido en la virginidad», ya que su concepción y nacimiento temporal (en el seno de una Virgen) son signos de su generación eterna (del Padre). En fin, esta virginidad «se encuentra también en la pureza esencial e incorruptible del Espíritu Santo, pues cuando se dice pureza e incorruptibilidad se está designando a la virginidad bajo otro nombre». En cierto modo, la pureza pertenece al Espíritu Santo por derecho de naturaleza. (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora)

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2 comentarios en “El misterio de la generación eterna del Verbo es fuente del sentido de la virginidad

  1. Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a algunos a compartir su experiencia de virgen, pobre y obediente, exigen y manifiestan, en quien los acoge, el deseo explícito de una total conformación con Él. Viviendo «en obediencia, sin nada propio y en castidad», los consagrados confiesan que Jesús es el Modelo en el que cada virtud alcanza la perfección. En efecto, su forma de vida casta, pobre y obediente, aparece como el modo más radical de vivir el Evangelio en esta tierra, un modo —se puede decir— divino, porque es abrazado por Él, Hombre-Dios, como expresión de su relación de Hijo Unigénito con el Padre y con el Espíritu Santo. Este es el motivo por el que en la tradición cristiana se ha hablado siempre de la excelencia objetiva de la vida consagrada.

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