La humildad te invita a considerar a los demás mejores que tú

humildad de comenzar y recomenzarLa humildad te invita a considerar y a tratar al prójimo como superior a ti, es decir, como si el puesto que ocupa ante Dios estuviera por delante del tuyo. San Pablo ve a todos «con humildad… como superiores». Si estás imbuido de este pensamiento, difícilmente podrás enfadarte por el aparente maltrato que recibas del prójimo. No discutirás. Puede que existan diferencias de opinión, pero no provocarán una conducta indigna. Si en un grupo de personas se da esta estima muta, ni se producirán situaciones desagradables, ni nadie se sentirá ofendido. El resultado será una maravillosa armonía.

Ten una modesta estima de ti mismo. San Pablo nos exhorta así: «Así pues, os ruego yo, el prisionero por el Señor, que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados». Esta actitud no equivale a una santurronería exagerada, ni es probable que derive en un complejo de inferioridad. Ninguno de nosotros es capaz de saber realmente qué puesto ocupa en la omnisciencia de Dios. Lo que sí puede ser cierto es que el prójimo haya sido más fiel a la gracia y más generoso con Dios que tú, y que haya vivido la caridad con un celo mayor. (L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad).

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3 comentarios en “La humildad te invita a considerar a los demás mejores que tú

  1. La importancia de la humildad consiste no tanto en que ella realice positivamente alguna de las dimensiones del bien humano, sino en que a ella le corresponde preservar las realizaciones del conocimiento, del amor, del trabajo, etc. de deformaciones que pueden privarlas de su auténtico valor. El orgulloso es egocéntrico, y difícilmente es capaz de verdadero amor, ve el trabajo profesional sólo como una forma de autoafirmación, y no como una modalidad de autotrascendencia que enriquece el mundo y contribuye al bien de los demás.

    San Josemaría Escrivá, cuya elocuencia hace inútil cualquier comentario dice. “Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

    -pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;
    -querer salirte siempre con la tuya;
    -disputar sin razón o —cuando la tienes— insistir con tozudez y de mala manera;
    -dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;
    -despreciar el punto de vista de los demás;
    -no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;
    -no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;
    -citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;
    -hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;
    -excusarte cuando se te reprende;
    -encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;
    -oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;
    -dolerte de que otros sean más estimados que tú;
    -negarte a desempeñar oficios inferiores;
    -buscar o desear singularizarte;
    -insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…;
    -querer salirte siempre con la tuya;
    -disputar sin razón o —cuando la tienes— insistir con tozudez y de mala manera;
    -dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;
    -despreciar el punto de vista de los demás;
    -no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;
    -no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;
    -citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;
    -hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;
    -excusarte cuando se te reprende;
    -encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;
    -oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;
    -dolerte de que otros sean más estimados que tú;
    -negarte a desempeñar oficios inferiores;
    -buscar o desear singularizarte;
    -insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…;

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