No comentes ni des vueltas en tu cabeza a las obras buenas que haces

paisajes-del-mundo-marino-809354Cuando lleves a cabo una buena obra, no lo comentes con los demás: si lo haces, puede que el efecto divino que obra en ti se desvanezca. Tampoco le des vueltas en tu cabeza. Esas obras son el resultado de la acción de la gracia.
Si sientes la tentación de complacerte en lo que haces de bueno, piensa más bien en la bondad de Dios con los hombres, recuerda su santidad y su poder, y te avergonzarás. Eso te ayudará a mantenerte dentro de los límites de tu pequeñez. Cuando alguien te dé las gracias, acéptalas cortésmente, pero piensa en Dios, quien merece todo honor. (L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad).

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Un comentario en “No comentes ni des vueltas en tu cabeza a las obras buenas que haces

  1. Según la psicóloga clínica y terapeuta familiar Kathya Flores de Abis, “el alarde se traduce como ostentación y gala que se hace de alguna persona y cosa, ostentar es evidenciar o mostrar alguna cosa”.
    Añade que la palabra es sinónimo de jactancia o vanagloria y así, hacer gala tiene que ver con “lucir o preciarse de algo haciendo una alabanza propia presuntuosa. Es decir: “quien alardea, es alguien que se alaba a sí mismo, jactándose de sí de manera arrogante”, define la experta.
    Quien presume o se jacta de algo, hace un intento por ser aceptado y no sólo tratando de mostrar lo mejor, sino esforzándose por negar lo peor de sí, queriendo mostrar lo contrario o reforzar la imagen que quiere proyectar de sí mismo, aunque sea algo forzado como sucede con el alarde, con lo que se ostenta algo que se “tiene”, pero no necesariamente algo que se “es”.
    “Todo ser humano necesita validación, sentirse único, especial e importante, ser reconocido, amado y valorado por quién es y esto surge desde su nacimiento”, expresa Flores de Abis sobre la raíz del comportamiento del alardoso. Añade que un bebé necesita ser visto, tocado y amado por sus padres y requiere de cuidado físico, pero también emocional; necesita confianza, seguridad, aplauso a sus primeros logros, motivación para seguir desarrollándose sanamente.
    Cuando este intercambio de contacto y comunicación entre padres e hijos se da, sirve de motivación y las palabras de estimulación verbal animan al hijo a confiar en sí mismo y sus potencialidades porque alguien valioso para él lo ha confirmado a través del aplauso.
    No obstante se puede decir que es una equivocación. Si algo nos sale bien es porque Dios nos ha dado la gracia suficiente para que así sea, a la vez nos hace mas humildes al reconocer que ha sido gracias a Él, y nos hace vivir con serenidad y templanza el contemplar la generosidad de quien todo lo puede.

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