Procura ser conciliador en vez de conflictivo

no complificto si conciliadorLa caridad exige la unidad de pensamiento. San Pablo exhorta a los filipenses a tener un solo espíritu, es decir, a pensar del mismo modo y a amar las mismas cosas, con una única alma y un único sentimiento. «Colmad mi gozo», dice, «con vuestro mismo sentir, con vuestra misma caridad y concordia y con vuestros mismos anhelos». Olvidando las cadenas que le atan a su celda, san Pablo siente la preocupación de acabar con las disensiones que agitan a los cristianos y les recuerda que, siendo tantas las cosas que los unen, deben dejar a un lado lo que los divide. Han pasado veinte siglos de cristianismo y este urgente llamamiento no es hoy menos oportuno.
«Un solo corazón y una sola alma» fue el lema de los primeros discípulos de Cristo. La unidad les valió el reconocimiento de los paganos por su llamativo amor fraterno.
A la luz de esta exhortación, examina tu unidad de espíritu con el prójimo, sobre todo en lo que es lícito. Eres una persona conflictiva si discutes a menudo con los demás, si riñes con ellos y sueles encontrarles defectos.
No perturbes nunca la paz con tus tendencias egoístas y tu predisposición a discutir. Haz un esfuerzo por acostumbrarte a reconocer las cosas buenas de quienes trabajan contigo y de quienes tratas en tu vida social, en lugar de intentar egoístamente que todo gire alrededor de tus gustos y tus antipatías.
(L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad)

2 comentarios en “Procura ser conciliador en vez de conflictivo

  1. Cada una ha de empezar por aceptar su modo de ser, inclinado o al dominio o a la conciliación, y cultivar dos virtudes muy accesibles y enlazadas con la feminidad: la ternura y la fortaleza. La ternura lleva a comprender las posturas y las reacciones de los demás como resultado de sus propias experiencias alegres o dolorosas. La fortaleza consiste en defender y difundir la verdad y el bien objetivos, sin amedrentarse ante los obstáculos ni ceder ante halagos cuya intención busca disminuir el empeño por lograr el fin propuesto.
    Quien es dominante tendrá que inclinar la balanza hacia la ternura, las conciliadoras inclinarla a la fortaleza. Y, el denominador común es la seguridad de nunca ceder ante la imposición de la comodidad, la avaricia o el afán de poder; ni desentenderse de la mejora de los demás.
    La corrupción de lo óptimo es lo pésimo. Esto obliga a la mujer a reconocer su papel fundamental en la vida familiar y social, por lo tanto, a no perder de vista su responsabilidad de elevar los sentimientos, los conocimientos y las decisiones de quienes están cerca de ella

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