Algunas disposiciones para participar en los medios de formación cristiana

miguel_angel_piedad_2La disposición básica es de apertura del corazón a la gracia divina (Lo primordial será ser y ayudar a cada persona a ser dócil a la gracia de Dios, y a llevar una vida coherente y alegre en el trabajo, en la familia, en la vida social.)). Al recibir los medios de formación, son importantes:

— la humildad, que lleva a reconocer en la verdad que uno no solo no lo sabe todo, sino que hay muchas cosas que no consigue vivir. “A veces, desearíamos ser los mejores en cualquier aspecto y a cualquier nivel. Y como no es posible, se origina un estado de desorientación y de ansiedad, o incluso de desánimo y de tedio”;

— el abandono en las manos de Dios. (Docilidad: ej. como e barro en manos del alfarero)

la rectitud de intención, que impide el “aprender solo para saber más”, sino que invita a aprender para amar más a Dios y a los demás. Se trata de incorporar en la propia vida lo que se va oyendo: Santiago invitará así a los cristianos: “Recibid con mansedumbre la palabra sembrada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Pero tenéis que ponerla en práctica y no sólo escucharla engañándoos a vosotros mismos” (St 1, 21-22). Solo de este modo se crece en filiación divina: “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen por obra” (Lc 8,21); esto lleva a apuntar algunas ideas que más nos gusten y más puedan servirnos en nuestra vida cristiana;

— la sencillez, para, por ejemplo, preguntar lo que uno no entiende sin vergüenza;

– Junto con la responsabilidad personal, es esencial el ejercicio de la libertad (ejemplo del despertador y libertad “porque me da la gana”). San Josemaría explica que la formación que imparte la Obra “no sólo respeta la libertad” de sus fieles, “sino que les hace tomar clara conciencia de ella”. Solo así pueden crecer en sus virtudes y hacer fructificar sus talentos, pues “los hombres necesitan ser y sentirse personas libres”.

  • El voluntarismo tiende a hacer la voluntad autónoma respecto a la inteligencia, y hace a la inteligencia dependiente de la voluntad. Es importante no caer en el sentimentalismo o en el voluntarismo, que dejan de lado la razón, mientras que Dios no es ajeno a la racionalidad: in principio erat Verbum”, “en el principio existía el Verbo”, dice el prólogo de Juan; ese Verbo, el Logos en griego, es el Verbo divino, la Segunda persona de la Santísima Trinidad, cuyas palabras son racionales: el “discurso” cristiano es racional, logos, y habla de Dios y de sus obras. De aquí la importancia del esfuerzo de la inteligencia para asimilar bien lo que se oye y hacerlo propio. Cuando Pilatos preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, el Señor le contestó: “¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?” (Jn 18, 33-34). En un momento en que se plantea la cuestión esencial de la identidad de Jesucristo, el Señor manifiesta la importancia de una búsqueda y una respuesta personales. Al mismo tiempo, la razón ha de saber humillarse y dejarse iluminar por la fe y entender, como decía Pascal, que “conocemos la verdad no solo con la razón, sino también con el corazón”.
  • En todo el esfuerzo de formación, es esencial no perder de vista la primacía de Dios: la exigencia se apoya en el amor y la gracia de Dios. Es bien conocido que Pelagio, monje irlandés del siglo V, negaba la transmisión del pecado original y por lo tanto minimizaba la necesidad de la gracia divina, como si fuese solo una luz sobre el fin y la coronación de los esfuerzos. De aquí su excesiva preocupación por el esfuerzo ascético, que le hizo perder de vista la importancia del don de Dios y llevó a la condenación de estos enfoques por la Iglesia. No todo en la vida es repetición de actos. Importa más saber dar sentido a esta vida, descubrir el amor de Dios, amar a los demás en la lucha que llevan día a día.

Toda la formación, en definitiva, habla de Dios y enseña a amar a Dios y al prójimo: nos identifica con Cristo. (ejemplo de las 4 partes del catecismo y la identificación con él).

A la hora de recibir la formación cristiana, es bueno acudir a la Virgen María que, en el misterio de la Visitación a su prima Isabel, llevando al Verbo en su seno, manifestó los sentimientos de su alma con ese canto de alabanza a Dios. “Magnificat anima mea Dominum” (Lc 1, 46): Santa María proclama las grandezas del Señor, la Virgen afirma que su alma se hace grande para el Señor. Acudimos a su intercesión para que la formación que recibimos ensanche nuestro corazón para recibir a Dios y, en Él, lo abra a la humanidad entera.

 Algunas ideas están sacadas de “Formación” por  Guillaume Derville.

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