Formación cristiana

PiedadEl núcleo de la formación: Jesucristo

– Jesús forma a sus discípulos. Después de rezar, Jesucristo eligió a sus apóstoles (cfr. Lc 6, 12-16), y les fue formando poco a poco para su misión. “Jesús comenzó a hacer y enseñar” y continúa Lucas: “hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo”. También después de su Pasión, siguió enseñándoles durante cuarenta días “de lo referente al Reino de Dios” (Hch 1, 1-3). En otras palabras, durante su vida pública, y también después de su resurrección, Jesús preparó a sus discípulos para que pudieran seguir su obra de evangelización. La Iglesia  continúa esta obra de Cristo hasta el fin del mundo.  (Ej. fuego del cielo…; discutian de ser el primero…; lavar los pies, etc… forma sus corazones, sus creencias, su piedad… )

Pero ¿Cuál es el núcleo de su mensaje?  Jesucristo resume en pocas palabras en qué consiste la vida a la cual estamos llamados: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado” (Jn 17, 3)… “Las palabras que me diste se las he dado, y ellos las han recibido” (Jn 17, 8). Afirma después: “Yo ruego por ellos” (Jn 17, 9), pues toda su enseñanza se fundamenta en su oración, es decir en su comunión con el Padre y el Espíritu Santo. El Verbo eterno comunicabalas palabras de vida eterna” (Jn 6, 68), y esas palabras eran recibidas, con el impulso de la oración de Cristo, en la Iglesia. (Ej. Cafarnaum Eucaristía… no entienden pero: A quien iremos solo tu tienes palabras de vida eterna… El mensaje es el mismo, identifiación, transformación en Cristo).

– Entonces ¿cuál es, por así decir, el centro de la formación cristiana? El mismo Jesucristo. (Ej. de las 4 partes del Catecismo y su relación con la persona de Jesucristo). Benedicto XVI al explicar la estructura del Catecismo dice que “a través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. …. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración”.

Iglesia y formación

La formación se recibe y se imparte en el seno de la Iglesia, madre y maestra de los hijos de Dios.Ej. gasolinera y premino nobel) (…) No es de extrañar que se necesite formarse con la ayuda de los demás. Basta pensar en el don de la palabra, que es lo propio de la persona humana, y que no se puede adquirir sin un aprendizaje en el que es fundamental la ayuda de los demás. El niño pequeño es precisamente infans, literalmente “el que no sabe hablar”. Este dato de hecho vale también para el desarrollo de la vida cristiana. Se necesita la ayuda de otros, y la gracia de Dios. El “individualismo espiritual”, en cambio, aísla la persona e impide su apertura a los demás y el intercambio de dones. (el ejemplo de la señora y la cebolla)

La necesidad de la formación cristiana

– Formación espiritual. Hace falta una formación para conocer y encarnar el espíritu del Evangelio: llegar a ser plenamente cristiano “en medio del mundo” según el mensaje de san Josemaría Escrivá de Balaguer: el objetivo único del Opus Dei ha sido siempre ése: contribuir a que haya en medio del mundo, de las realidades y afanes seculares, hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales, que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario”. Y porque “la santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas” y “a quienes entienden este ideal de santidad, la Obra facilita los medios espirituales y la formación doctrinal, ascética y apostólica, necesaria para realizarlo en la propia vida”. San Josemaría explica que “dentro de la llamada universal a la santidad, el miembro del Opus Dei recibe además una llamada especial, para dedicarse libre y responsablemente, a buscar la santidad y hacer apostolado en medio del mundo, comprometiéndose a vivir un espíritu específico y a recibir, a lo largo de toda su vida, una formación peculiar”. (Lo primordial será ser y ayudar a cada persona a ser dócil a la gracia de Dios, y a llevar una vida coherente y alegre en el trabajo, en la familia, en la vida social.)

– Formación humana. Por otro lado, Cristomanifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”. En este sentido, la formación más alta y completa del hombre le llevará a conocer, amar e imitar cada vez más a Cristo. “El Señor, cuando ruega al Padre que ‘todos sean uno, como nosotros también somos uno’ (Jn 17, 21-22), abriendo perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. La formación ha de ser una manifestación de esa entrega que se vive en la Iglesia, donde cada uno colabora a la formación de los demás.

-Se trata de una formación progresiva, a imagen del modo de actuar de Dios con los hombres. Es famoso el comentario de san Ireneo de Lyon cuando “habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre:El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre’”. Jesús es Hombre perfecto y Dios perfecto. Al mismo tiempo que Jesucristo nos revela a Dios, nos muestra quién es el hombre. También indica cómo el hombre llega a ser plenamente sí mismo.

  • Fiunt, non nascuntur christiani”, afirma Tertuliano: no se nace cristiano, sino que hay que llegar a serlo. El bautismo nos hace cristianos, pero es necesario aprender a conocer más a Dios y amarle. (Desde el principio vemos la cima pero se llega a ella paso a paso). Se trata de “descubrir que la vida normal en el mundo, el trabajo de todos los días, puede ser un encuentro con Dios”: “es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres”. ¿Cómo conseguirlo? San Josemaría afirmaba que un hombre, una mujer, “se va haciendo poco a poco, y nunca llega a hacerse del todo, a realizar en sí mismo toda la perfección humana de que la naturaleza es capaz. En un aspecto determinado, puede incluso llegar a ser el mejor, en relación con todos los demás, y quizá a ser insuperable en esa actividad concreta natural. Sin embargo, como cristiano su crecimiento no tiene límites”. En este sentido, nuestra formación dura toda la vida.
  • Además la formación constante viene exigida porque vivimos en un mundo en constante cambio y somos, a la vez, artesanos de ese cambio. Al mismo tiempo, todos los cristianos estamos en un camino que sube siempre hacia el Señor, camino donde, como decía san Agustín al hablar de la vida cristiana, non progredi, regredi est”: quien no va adelante en su lucha espiritual, retrocede. “Hoy se trata no sólo de colonizar lo inculto, sino de intensificar el vigor productivo de lo cultivado; que lo fértil lo sea más; que los operarios piensen que también ellos son mies”. 

A las personas casadas, san Josemaría enseñaba que primero está la familia, y el trabajo viene después. En los colegios, lo primero también son las familias: los padres. Estos han de hacer apostolado en su familia, desde su familia, a través de su familia. Los Centros del Opus Dei son como una prolongación de su familia.

Docilidad a la gracia

Los medios de formación son medios de “transformación”, pues “el Espíritu Santo nos renueva interiormente por una transformación espiritual (cfr. Ef 4, 23)”. Son “performativos”, para emplear un neologismo de Benedicto XVI: transforman la persona, la llevan a su perfección. San Josemaría, por ejemplo, al final de su vida, cuando en algún momento estuvo enfermo, manifestó que tenía necesidad de asistir a un Círculo —un medio de formación semanal que se da en la Obra—. Nemo repente fit sanctus. Ut jumentum (Ps LXXII, 23,24) [es decir: nadie llega a ser santo de repente. Que yo sea como un burro]. El burro de noria…”, escribió un día. Un asno sirvió de montura al Señor en su entrada en Jerusalén. San Josemaría se fijó en el trabajo del borrico de noria y la fecundidad de su perseverancia. Nadie se hace santo de golpe, hay que caminar como un borrico. Aludía así a la necesidad de perseverar día tras día, con deseos de docilidad en las manos divinas, y aspirando a la unión definitiva con Dios con una referencia a estos versículos del Salmo 73[72], 23-24: “Pero yo estaré siempre contigo: me agarraste con la mano derecha. Me guías según tu designio y después me acogerás en tu gloria”.

Esa transformación, lejos de quitar la personalidad de cada uno, habrá de hacerla más fuerte. Se trata de que fructifiquen los propios talentos —esas “monedas” que cada uno ha recibido de Dios (cfr. Mt 25, 30), y que son las cualidades y potencialidades personales—, a la vez que se va quitando lo que pueda estropear la imagen de Cristo: lo que en realidad no es nuestro, sino una máscara que nos desfigura (ej. escultura Miguel Angel).

Formación para la santidad y el apostolado

Santidad y apostolado; forman una unidad, como las dos caras de la misma moneda: “No es posible separar en Cristo su ser de Dios-Hombre y su función de redentor. El Verbo se hizo carne y vino a la tierra ‘ut omnes homines salvi fiant’ (1Tim 2, 4), para salvar a todos los hombres”. La formación tiene por objeto llevar a la práctica, con la gracia de Dios, ese fin sobrenatural, y por lo tanto:

  • a) mejorar la vida espiritual, que es la vida del Espíritu Santo en nosotros: la vida cristiana, la vida “en Cristo”;
  • b) comprender la Palabra de Dios, pues la familiaridad con la Escritura es esencial para llevar una vida cristiana, según estas palabras de san Josemaría: “Conocer a Jesucristo. Hacerlo conocer. Llevarlo a todos los sitios”. La palabra “Evangelio” (Mc 1, 1) significa primero la buena noticia de la venida del Mesías. Pasó a designar a los cuatro libritos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que fueron escritos, en primer lugar, para fortificar la fe de los creyentes en Jesucristo (cf. Lc 1, 4; Jn 20, 31). Un gran historiador del siglo XX ha denunciado lo que llama a la vez un “error” y un “engaño”: “la idea ingenua de que uno puede tener acceso a la Escritura Santa sin ninguna preparación, que basta con la buena voluntad”; y explicaba. “la Biblia no cesó de vivir en la Iglesia, de ser leída en la Iglesia, comentada, entendida, aplicada”. Por eso la comprensión de la Sagrada Escritura está facilitada por las notas a pie de página en sus ediciones.
  • c) conocer la doctrina de la Iglesia. Para esto, los textos de referencia son el Catecismo de la Iglesia Católica (1997) y su Compendio (2005). El Catecismo ha sido escrito para los pastores de la Iglesia, para los fieles y para todo hombre que pida razón de la esperanza del católico. Es “un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural”. Quienes hacen o han hecho estudios superiores no pueden excusarse con la idea de que se trata de un texto demasiado difícil para ellos: han de conseguir un nivel de formación teológica al menos equivalente al de su competencia profesional (ejemplo de los cinco deditoo o patitos con 20 años). Naturalmente, el estudio del Catecismo va acompañado por la lectura de la Biblia y el conocimiento de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y del Magisterio: aquí se debe señalar especialmente, en nuestra época, los textos del Concilio Vaticano II y las encíclicas de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI.
  • d) Por otra parte, esos medios contribuyen a la formación de la conciencia: Esta educación de la conciencia, afirma el Catecismo, “garantiza la libertad y engendra la paz del corazón”. Y añade: “En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz que nos ilumina; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es preciso también que examinemos nuestra conciencia atendiendo a la cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia”;
  • e) profundizar en el conocimiento del espíritu de la Obra.  El espíritu del Opus Dei ha sido aprobado por la Iglesia, de modo especial con los Estatutos que le dio la Santa Sede (y de algún modo también por la canonización de su Fundador, que encarnó dicho espíritu). La palabra “espíritu” evoca algo que lo vivifica todo, que irriga toda la vida y cada acción humana. Da una particular fisionomía espiritual, un parecido, como comentaba en una ocasión el entonces Prelado del Opus Dei, el Beato Álvaro del Portillo, durante un viaje pastoral en Japón. El espíritu del Opus Dei comprende la unidad de vida, la secularidad, la libertad y la responsabilidad personales en los asuntos temporales, etc. Tiene dos aspectos esenciales:
    • como fundamento, la filiación divina en Cristo. Se trata no solo de saber que Dios es un Padre misericordioso, sino de sentir y actualizar a lo largo de toda la jornada esta realidad;
    • — “el eje —el quicio— sobre el que gira toda la labor de santificación, propia y ajena, es el trabajo profesional realizado del mejor modo posible, en unión con Jesucristo y con el deseo de servir a los demás”;
  • e) aprender a hacer apostolado.  Andrés encontró a Simón, su hermano, le habló de Cristo y lo llevó al Maestro. Felipe, que había encontrado a Jesús, le llevó a Natanael. Todo se hizo de modo natural. Así, san Josemaría enseñaba a hacer un apostolado de amistad y confidencia: se ennoblece la auténtica amistad humana, que supone una cierta mutua apertura del alma. Es Dios quien da el crecimiento (cfr. 1Co 3, 6). “La semilla nace y crece —dice el Señor— sin que el sembrador sepa cómo” (Mc 4, 28). Virtudes que facilitan el apostolado: por ejemplo, el don de gentes, la capacidad de empatía, el buen humor, la humildad, la generosidad en el empleo del tiempo.

En cuanto a la formación que se imparte en el Opus Dei, san Josemaría consideraba cinco aspectos: humano, espiritual, doctrinal-religioso, apostólico y profesional. (Saltamos el contenido de los aspectos; cfr. también formación: consideración general – Diccionario).

Ideas sueltas:

  • San Josemaría se gastó siempre para formar a sus hijos e hijas espirituales. El Beato Álvaro del Portillo recordaba: “nunca podré olvidar que, cuando pedí la admisión en la Obra, en el mes de julio de 1935, el Padre, aunque estaba agotado por la abundancia de trabajo, no dudó en empezar un ciclo de clases de formación solamente para mí: un nuevo peso que venía a añadirse a las ya numerosas actividades de que estaban repletas sus jornadas”.
  • Muy rápidamente, san Josemaría dejó de impartir personalmente todos los medios de formación. Andrés Vázquez de Prada explica, refiriéndose al año 1940, que tuvo que “apoyarse en los mayores de la Obra a fin de que colaboraran en las labores de formación apostólica y de dirección espiritual. Fue por esos mismos meses de 1940 cuando el Fundador, con visión amplia, reunió un día a sus hijos mayores y les anunció que de allí en adelante no daría más círculos de formación a los estudiantes sino que serían ellos los encargados de dárselos”.
  • Entre los medios de formación que san Josemaría recomendaba particularmente, estaban la Santa Misa y la Confesión. La Santa Misa, fin de todos los sacramentos, puede ser considerada como un medio de formación, ya que “si la santa Misa se vive con atención y con fe, es formativa en el sentido más profundo de la palabra, pues promueve la configuración con Cristo”. En la Misa, la Iglesia “pide al Padre que envíe el Espíritu Santo para que haga de la vida de los fieles una ofrenda viva a Dios mediante la transformación espiritual a imagen de Cristo, la preocupación por la unidad de la Iglesia y la participación en su misión por el testimonio y el servicio de la caridad”. Hay medios de formación personales, que son necesarios, pues cada persona es única, libre y responsable. Por eso en el Sacramento de la Penitencia el confesor puede dar consejos, animar, manifestando siempre el poder infinito de la misericordia divina.
  • Toda la vida, de algún modo, contribuye a forjar la personalidad, y particularmente el ejemplo personal, pues la formación cristiana se explaya en un contexto existencial (forma el ambiente):Recuerda con constancia que tú colaboras en la formación espiritual y humana de los que te rodean, y de todas las almas —hasta ahí llega la bendita Comunión de los Santos—, en cualquier momento: cuando trabajas y cuando descansas; cuando se te ve alegre o preocupado; cuando en tu tarea o en medio de la calle haces tu oración de hijo de Dios, y trasciende al exterior la paz de tu alma; cuando se nota que has sufrido —que has llorado—, y sonríes”.
  • Un paradigma de la formación es la labor de la administración en los Centros: forma por sus obras.

 Algunas ideas están sacadas de “Formación” por  Guillaume Derville.

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