Tú evita actuar movido por la venganza

venganzaEl deseo de venganza, que nace de la aversión y el resentimiento, es también enemigo de la caridad. Asimismo, la ira puede manifestarse en la intención de vengarse de quien la ha provocado.
Hay gente con una extraordinaria tendencia a no olvidar jamás una ofensa, sea esta real o imaginaria: incluso puede llegar a disfrutar con las ocasiones que de algún modo le ofrecen la posibilidad de desquitarse. Muchas de las situaciones desagradables que se producen en las relaciones humanas nacen de esta inclinación.
En el ser humano hay pocas señales más claras de la debilidad de carácter que la costumbre de intentar saldar cuentas con otro por cualquier error cometido. Al débil de carácter le encanta vengarse. Es incapaz de dejar el juicio y el castigo en manos de Dios y se dedica a maquinar constantemente el modo de hacer sufrir a quien le ha perjudicado. 

La venganza puede seguir un triple curso. El primero consiste en el intento de dañar el buen nombre de una persona haciendo disminuir la estima y la aprobación de que goza entre los demás: es fácilmente detectable en la acidez de las palabras, la vehemencia de los sentimientos y lo insignificante de las acusaciones. En el segundo caso, la venganza intenta malograr lo que el otro hace bien: la persona vengativa se siente especialmente feliz ante los fracasos del enemigo, y aún más feliz si puede contribuir a ellos; de ahí que siembre la discordia entre los compañeros y colegas de su víctima y les anime a no colaborar con ella. Por último, la venganza intenta impedir el ascenso del enemigo y para ello se rebaja recurriendo a las mentiras más mezquinas. 

Si buscas vengarte de otro, tu sentido de la justicia es exagerado o está equivocado, y tienes en muy poco la caridad cristiana. El Señor insiste en que sus discípulos no solo no deben devolver el golpe, sino ofrecer la otra mejilla: otra manera de decir que la venganza es un pecado que acabará recibiendo de Él su castigo.

Propósito: Tú evita actuar movido por la venganza. Es imposible pasar por la vida sin que haya alguien que, más pronto o más tarde, te hiera o te maltrate: asúmelo y niégate en redondo a actuar o a hablar en contra de él por venganza. Nunca te fíes de lo que diga alguien con espíritu vengativo, porque puede tratarse de una absoluta falsedad. Si te enfadas con alguien, no busques desquitarte desprestigiándolo en tus conversaciones, revelando sus defectos ocultos, quizá incluso exagerándolos o mintiendo acerca de ellos. Jamás intentes poner a sus amigos en su contra dándoles a entender que no es digno de su amistad o de su confianza, o echando a perder sus posibilidades de ascenso. (Autor: L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad).

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