Santa María Magdalena: apostolorum apostola (apóstol de los apóstoles)

mariya_MagdalenaCon ocasión de estar este año en un jubileo extraordinario de la misericordia, ha querido el Papa Francisco  subrayar la relevancia de María Magdalena, disponiendo que su memoria litúrgica se eleve a la categoría de fiesta como apostolorum apostola (apóstol de los apóstoles). Con tal decisión, el Santo Padre desea que el ejemplo de esta santa discípula de Jesús se halle más presente en la vida de piedad de la Iglesia. Nota explicativa de Mons Roche, secretario de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (PDF) y Decreto de la Congregación del Culto Divino Apostolorum apostola (PDF)

La Magdalena es presentada en el Evangelio con la fuerza de quien ama profundamente y desea amar siempre más. Se nos dice que Jesús expulsó de ella siete demonios. El sufrimiento la condujo a Cristo y, desde entonces, no miró atrás. “Liberada de esos males, se muestra grande y generosa ante nuestros ojos, cuando —cercana a la Cruz— nos ofreció una lección de fortaleza; y luego, acudiendo a la tumba del Crucificado, no permitió que la esperanza se apagara en el mundo. ¡Gran discípula de Cristo fue María Magdalena! (Fuente). 

La Magdalena, que estuvo presente en el momento de la Cruz, va al sepulcro para ungir el cadáver de Jesús, y al no encontrarlo llora (con “lacrimas humilitatis”), y persevera en su búsqueda: “Mujer, ¿por qué lloras?“, le preguntó Cristo. Ella, en un primer momento, no lo reconoció. Pero perseveró en su afán de encontrarle. Fue al escuchar su nombre, con aquél  acento personalísimo: “María“, cuando reconoce al Salvador. Y a ella, (“prima testis”) la primera en ver a Jesús Resucitado, se le confía la preciosa responsabilidad del primer anuncio de la resurrección. Quizás la enseñanza principal de la vida de María Magdalena y de la biografía de cada cristiano podría resumirse así: comenzar y recomenzar, con humildad; amar a Cristo; confiar en Él pese a las sombras que, a veces, quizá oscurezcan el camino; servir a los demás con empeño creciente, en el lugar donde nos ha tocado vivir; acudir sin cansancio a la misericordia divina, leales al pie de la Cruz, atentos a escuchar —en las tareas ordinarias de cada jornada— el propio nombre de los labios del Resucitado.

El Señor dice también a María Magdalena “Noli me tangere” (no me toques). Es una invitación dirigida a toda la Iglesia para entrar en una experiencia de fe ¡Es un acontecimiento eclesial! ¡Una buena lección para todo discípulo de Jesucristo: no buscar las seguridades humanas y los títulos de este mundo, sino la fe en Cristo Vivo y Resucitado! (Fuente).

La Iglesia ha reconocido el título de Apóstol evidentemente a los Doce Apóstoles, pero también, en un segundo nivel, a todos los que, sin pertenecer a este grupo, fueron enviados personalmente por Jesús a evangelizar: san Pablo, San Bartolomé y ahora también santa María Magdalena. En este grupo estarían también el grupo de los 72 discípulos que el señor envió a predicar por delante de él. Y por último, en un tercer nivel, están todos los discípulos del Señor que participan de la llamada universal al apostolado por el simple hecho de estar bautizados.

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