No guardes rencor

perdonarAlbergar rencor significa manifestar un resentimiento pertinaz hacia alguien que te ha ofendido de un modo real, dudoso o imaginario. Se expresa con un frío silencio y con la negativa a entablar conversación con esa persona o a contestar a sus preguntas; con la indiferencia hacia el causante del rencor, con el sarcasmo, los comentarios hirientes y las interpretaciones cáusticas de sus palabras o su conducta; y con una actitud sombría.
Este airado silencio carga el ambiente de una tensión tan fácilmente perceptible como la violencia en las palabras. Las personas susceptibles y temperamentales se encuentran especialmente predispuestas a mostrar su enfado de este modo. Cuando se enojan con alguien, se lo hacen notar dejando de mostrar interés por todo, incluso por las cosas que normalmente constituyen sus temas o sus actividades preferidas. Si se les acusa de «estar de morros», adoptan una actitud lúgubre y responden a cualquier tentativa de hacerlos desaparecer con comentarios del tipo «déjame en paz».
La persona rencorosa suele considerarse tan cargada de razón que su conducta le parece plenamente justificada. Pero debería verse como la ven los demás: infantil, mohína, blandengue y terca.


Si eres culpable de guardar rencor a alguien, solo lo superarás cuando aprendas a dar menos importancia tanto a los defectos ajenos como a tu puntillosa susceptibilidad. La firmeza de carácter conlleva la capacidad de vencer el resentimiento hacia otros, de ocultar los sentimientos heridos y perdonar enseguida. Hay pocas esperanzas de que venzas este mal hábito mientras no afrontes el hecho de que tu temperamento te inclina a sentirte ofendido cuando nadie lo ha pretendido y a encerrarte en un airado silencio.
Si alguien te hiere o provoca tu enfado, no lo manifiestes refugiándote en tu concha y negándote a hablar. Puede que más tarde te enteres de que el causante de tu enojo ni siquiera se ha dado cuenta de lo que te ha molestado. No seas hipersensible y quisquilloso en tu trato con los demás, ni rápido en descubrir desaires y agravios y lento en olvidarlos. No manifiestes ni con tu porte, ni con la expresión de tu rostro, ni mediante un frío silencio que te has sentido injuriado o herido.
No te muestres exageradamente humilde cuando otros disientan de ti ni les obligues a disculparse constantemente. Evita imaginar agrias respuestas para quienes te han humillado.
Santa Margarita María Alacoque nos ha dejado este consejo: «No manifiestes frialdad con el prójimo, o el Sagrado Corazón de Jesús se apartará de ti. Cuando el rencor te lleva a evocar los antiguos agravios recibidos, obligas al Señor a recordar tus pecados pasados, que su misericordia ya había olvidado». Y añade: «Lleva con paciencia los pequeños enfados que provoca en ti una manera de ser del prójimo contraria a la tuya; no muestres un resentimiento que desagrada al Sagrado Corazón del Señor». Si tienes tendencia a alimentar deliberadamente los agravios del pasado, recuerda la advertencia de Cristo: el que no está dispuesto a perdonar a sus enemigos, no tiene derecho a esperar que Dios perdone sus pecados.

Propósito: En tu vida profesional, en tu matrimonio, en cualquier faceta humana, intenta cultivar un espíritu de perdón para las antiguas injurias. Eso te permitirá ser más caritativo cuando juzgues a los demás. (Autor: L.G. Lovasik: El poder oculto de la amabilidad)

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3 comentarios en “No guardes rencor

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