Sabia sencillez

mansedumbre“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla”.

Se aprende más de rodillas, en media hora, con la mirada fija en el Crucifijo y el corazón contrito y sobrecogido, que en cinco años estudiando Teología. Hay que estudiar, hay que formarse… ¡Desde luego! Pero todo cuanto estudies se te desvelará en esa media hora. Sin ella, te creerás que sabes algo. Después de ella, sabrás que todo lo que has aprendido es una centella incrustada en el sol.

Se avanza más en el camino abriéndose de brazos ante el Señor, en un¡Si no soy nada!“, que en todos los propósitos que muchas veces culminan nuestros ratos de oración. Hay que hacer propósitos… ¡Desde luego! Pero no te creas con fuerzas para cumplirlos. Arrodíllate y transforma tus promesas en plegarias.

Se ama más al prójimo cuando uno se sabe pecador, el más pecador de los hombres, que cuando se acerca uno a los demás con mil consejos en la boca. Hay que aconsejar… ¡Bueno, no siempre! Pero, ante las faltas de los demás, recuerda tu pecado y sé comprensivo… ¡por la cuenta que te trae!

Así que no lo olvides, ya lo sabes: sólo de rodillas recibirás el Amor. Para recibir lo más grande hay que hacerse muy pequeño. Cree, y cree como los niños, como la Virgen, quien, hablando por experiencia propia, pudo alabar a ese Dios que “enaltece a los humildes.

7 comentarios en “Sabia sencillez

  1. La simplicitas en la Biblia es una noción con un amplio contenido. En este sentido nos remitimos al estudio realizado por el prof. Bosch, del que nos hemos servido para encuadrar la reflexión propia del Aquinate.

    Aparece en distintas ocasiones a lo largo de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. Especialmente rico es el contenido de esta noción en la espiritualidad judía. Lo manifiesta la diversidad de matices del término hebreo. “Los diversos diccionarios de hebreo bíblico traducen la raíz םמת (tmm) por acabar, terminar, concluir, completar, dar remate, poner fin, terminar, estar completo, ser completado; y las respectivas formas nominales, por los sustantivos plenitud, integridad, rectitud, inocencia, honradez, sinceridad, y por los adjetivosentero, completo, intacto, sin defecto, perfecto, íntegro, honrado, cabal, probo, honesto, justo, inocente, intachable, irreprochable”.

    El estudio etimológico de la palabra en el original hebreo o griego, traducido en el latín de la Vulgata como simplicitas o simplex, ofrece de un lado el sentido de perfección, con los matices de verdad, inocencia, probidad; de otro lado, significa rectitud, honestidad, integridad. Esta sugerencia etimológica se confirma en el uso que se hace del término en la Escritura. Así simplicidad, rectitud, integridad son nociones equivalentes o al menos correlativas a perfección, a las características excelentes del Justo.

    Al final de su análisis de los textos del Antiguo Testamento sobre la simplicidad, Spicq relaciona los distintos contenidos y matices que describen la simplicitas y nos ofrece la siguiente descripción-definición. “Ser perfecto es, en el estilo bíblico, caminar por el sendero que lleva a Dios, es decir, en primer lugar haber elegido a Dios por heredad, no estando apegado con el espíritu y el corazón a cosa distinta de Él; y, por tanto, ser simple, por oposición a los hombres dobles, con el corazón partido; es aún más, no tener otra preocupación que practicar la voluntad de Dios y observar integralmente sus preceptos, y así ser justo; es por consiguiente vivir en la sinceridad y en la verdad absoluta”.

    Esta simplicidad, noción fundamental para la espiritualidad de Israel, no es desconocida en el mensaje de la Nueva Alianza. La simplicidad es condición primordial de la fe y de la salvación. Aparece relacionada con la inocencia y el candor de los niños que entrarán en el reino de los cielos; y debe acompañarse con la prudencia. La simplicidad es necesaria para ver a Dios.

    De todas maneras, se puede hablar de una cierta evolución respecto al Antiguo Testamento. “Parece, en efecto, que la verdad ha remplazado en el Nuevo Testamento la simplicidad del Antiguo. El paso de una noción a otra ha sido fácil; se presenta como una precisión necesaria de los conceptos, que aboca en la disociación de los elementos demasiados ricos e indiferenciados de la simplicidad bíblica. Mientras que los Sinópticos conservan la palabra y su valor tradicional, acentuando más bien el aspecto de sinceridad, rectitud; la simplicidad-perfección ha evolucionado, sobre todo en san Pablo, hacia la noción específicamente cristiana de santidad; por otro lado, la simplicidad-rectitud, especialmente en san Juan, ha sido asimilada a la virtud de la veracidad, que adquiere un relieve totalmente nuevo”. Con estas precisiones, “la simplicidad designa ante todo la actitud moral del justo caracterizada por la rectitud de la conciencia y de la conducta; la santidad, incluyendo esa rectitud, tiende cada vez más a definirse como una imagen y participación de la santidad y de la perfección divina; una conviene al perfecto caballero, la otra es propiedad exclusiva del cristiano”.

    El Aquinate se hace cargo de esta riqueza de contenido en sus exposiciones y nos ofrece algunas explicaciones interesantes. Su exégesis procede a partir de una lectura muy próxima al texto, por lo que en línea general sus comentarios acogen el significado bíblico anteriormente expuesto.

    En sus comentarios encontramos los distintos usos de simplicitas que hemos ido analizando a lo largo de nuestro estudio. Aparece la simplicidad como atributo divino: Dios es absolutamente simple; también en su sentido ontológico aplicada al ángel y al alma humana; o al conocimiento simple de la verdad… Como son argumentos ya tratados sistemáticamente y aquí no aporta ninguna profundización, hemos optado por evitar la repetición de su estudio.

    Debemos notar, sin embargo, que en estas obras prevalece el uso de la simplicidad aplicada al hombre en un sentido moral o espiritual. Aquí sí hemos encontrado valiosas aportaciones. El núcleo central de la simplicitas bíblica en los comentarios de Tomás viene caracterizado como la ausencia de dolo en el actuar y la rectitud de intención que lleva a dirigir la inteligencia y la voluntad del hombre, y con ellas todo su operar, hacia el Dios uno, simple.
    Está basado en un artículo de Almudi..

  2. ISABEL, INTENTO EXPLICARTE LO QUE PIDES, CONFIO EN HABERTE AYUDADO.
    Cuando se trata de buscar la existencia de Dios, la razón sola no basta para ver con claridad. Necesita la ayuda de la buena voluntad. Si uno no está dispuesto a reconocer a Dios, es muy difícil que lo encuentre. D.H. Kerler, en una carta a Max Scheler, escribía: «Incluso si se pudiese probar matemáticamente la existencia de Dios, no quiero que exista, porque me limitaría en mi grandeza». Es evidente que una persona con tales disposiciones, por muy inteligente que sea, se cierra a sí misma el camino. «Nadie está tan dispuesto a creer que Dios no existe –afirmaba F. Bacon- como aquel a quien le gustaría que no existiese» .

    Si la persona quiere, por encima de todo, la grandeza de su yo o cualquier otro tipo de egocentrismo, su razón tendrá los ojos muy abiertos para obtener lo que desea, pero su voluntad tratará de cerrárselos a fin de que no encuentre a Dios, porque encontrarlo sería –si es coherente- la sentencia de muerte de su egoísmo y de su orgullo.

    En el acceso a la verdad sobre Dios, las disposiciones de la voluntad son especialmente importantes, porque se trata a la vez de una cuestión especulativa y práctica. El camino hacia la sabiduría no es un proceso exclusivamente intelectual, sino sobre todo volitivo, moral. No se busca a Dios solo con la razón (que tiene capacidad para conocer la verdad, pero también cierta dificultad), sino también con el corazón. Y éste puede abrirse al amor del bien o replegarse sobre sí mismo por la soberbia y el egoísmo.

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