Dios concede la santa pureza cuando se pide con humildad

purezaLa castidad es un don de Dios que hemos de pedir. De hecho, la oración en sí es una apertura del corazón y en ese sentido, es ya un acto de pureza. «Ten piedad de mí, Dios mío, a la sombra de tus alas me refugio» (Sal 57 [56], 2); «a la sombra de tus alas escóndeme» (Sal 17 [16], 8). Dios liberó al pueblo hebreo del yugo egipcio «llevándolo sobre sus alas» (Ex 9, 4), es decir, de un modo extraordinario que sobrepasa las fuerzas humanas. Cristo mismo nos ha enseñado la necesidad y la eficacia de la oración de petición. Pues bien, «Dios concede la santa pureza cuando se pide con humildad». San Josemaría deduce esta afirmación de su experiencia personal, y la recoge en primer lugar en sus Apuntes íntimos: «Lo sé, lo he visto», insiste, citando las duras palabras de Cristo sobre el escándalo, y la necesidad de rechazar violentamente lo que podría inducir a otro a hacer el mal: «Mi pobre corazón está ansioso de ternura. Si oculus tuus scandalizat te… No, no es preciso tirarlo lejos: que no se puede vivir sin corazón. La santa pureza –lo sé, lo he visto– la das tú, Jesús, a quien la pida con humildad. Y esa ternura, que has puesto en el hombre, ¡cómo queda saciada, anegada, cuando el hombre te busca, por la ternura (que te llevó a la muerte) de tu divino Corazón!» (san Josemaría). Fuente: G. Derville, en “Amor y desamor”

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2 comentarios en “Dios concede la santa pureza cuando se pide con humildad

  1. El fin último de nuestro camino es el reino de Dios; pero nuestro blanco, nuestro objetivo inmediato es la pureza del corazón. Sin ella es imposible alcanzar ese fin (CASIANO, Colaciones, 1, 4).

    Oísteis que fue dicho a los antiguos: No adulteraras. Pues yo os digo que todo aquel que pusiese los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón con ella. La justicia menor prohíbe cometer adulterio mediante la unión de los cuerpos; mas la justicia mas perfecta del reino de los cielos prohíbe cometerlo en el corazón. Y quien no comete adulterio en el corazón, mucho mas fácilmente cuida de no cometerlo con el cuerpo (SAN AGUSTÍN, Sobre el Sermón de la Montaña, 1, 23).

    No se alcanza de golpe la perfección por solo desprenderse y renunciar a todas las riquezas y despreciar los honores, si no se añade esta caridad que el Apóstol describe en sus diversos aspectos. En efecto, ella consiste en la pureza de corazón. Porque el no actuar con frivolidad, ni buscar el propio interés, ni alegrarse con la injusticia, ni tener en cuenta el mal, y todo lo demás, ¿qué otra cosa es sino ofrecer continuamente a Dios un corazón perfecto y purísimo, y guardarlo intacto de toda conmoción de las pasiones? (CASIANO, Première Conférence, 6-7. En “Sources chretiennes”, 42, Le Cerf, 1955, p. 84).

    No es pequeño el corazón del hombre capaz de abarcar tantas cosas. Si no es pequeño y si puede abarcar tantas cosas, se puede preparar en él un camino al Señor y trazar una senda derecha por donde camine la Palabra, la Sabiduría de Dios. Prepara un camino al Señor por medio de una buena conciencia, allana la senda para que el Verbo de Dios marche por ti sin tropiezos y te conceda el conocimiento de sus misterios y de su venida (ORÍGENES, Hom. 21 sobre S. Lucas).

    Sin la santa pureza no se puede contemplar a Dios ¿Quieres ver a Dios? Escúchalo: bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. En primer lugar piensa en la pureza de tu corazón; lo que veas en el que desagrada a Dios, quítalo (SAN AGUSTÍN,Sermón sobre la Ascensión del Señor, 2).

    ¿Y qué cosa más cercana al hombre que su corazón? Allá, en el interior, es donde me han descubierto todos los que me han encontrado. Porque lo exterior es lo propio de la vista. Mis obras son reales y, sin embargo, son frágiles y pasajeras; mientras que yo, su Creador, habito en lo más profundo de los corazones puros (ANÓNIMO DEL SIGLO XIII, Meditación sobre la Pasión y Resurrección de Cristo, 38: PL 184, 766).

    Ninguna virtud es tan necesaria como ésta (la castidad) para ver a Dios (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 15).

    Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 95, sobre las bienaventuranzas).

    Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado (SAN GREGORIO DE NISA, Hom. 6, sobre las bienaventuranzas).

    Los placeres de la carne, como crueles tiranos, después de envilecer al alma en la impureza, la inhabilitan para toda obra buena (SAN AMBROSIO, Trat. sobre las vírgenes, 1, 3).

    Aunque los ciegos no vean, no por eso deja de brillar la luz del sol […]. El hombre debe tener un alma pura como un brillante espejo. Una vez que la herrumbre empaña el espejo, el hombre no puede contemplar en él el nítido reflejo de su rostro. Del mismo modo, cuando el pecado se introduce en el hombre, imposibilita a este para ver a Dios […] (S. TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, 2, 7).

    FUENTE ALMUDI

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