La esperanza grande del Cielo, se encuentra en la esperanza de lo cotidiano

pureza

La esperanza grande está ahí: la esperanza del Cielo se hace presente de algún modo en la pequeña esperanza de cada día, de cada instante. Es lo que san Juan Pablo II llama «la esperanza de lo cotidiano»…: «El hombre y la mujer, unidos en matrimonio, deben emprender cotidianamente la tarea de mantener indisolublemente unida la alianza que han pactado entre ellos. Pero también un hombre o una mujer que voluntariamente han elegido la continencia por el Reino de los Cielos, deben dar cotidianamente un testimonio vivo de la fidelidad a esa elección … En cada caso se trata de la esperanza de cada día, que … ayuda a vencer “el mal con el bien” (Rm 12, 21). Efectivamente, “en la esperanza hemos sido salvados». Esta esperanza nace del amor derramado gratuitamente en nuestros corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5, 5). Por eso, toda vocación se inscribe en el misterio de la caridad … Tanto en el matrimonio como en el celibato, el amor es a la vez el rumbo y la razón: el hombre está hecho para amar y para saberse amado.
La pureza, que es la afirmación de una voluntad llena de amor, nace del encuentro de dos amores: el amor de Dios por el hombre, y la respuesta del ser humano a ese amor. En otras palabras, la primacía del amor divino, cuya omnipotencia se manifiesta en la misericordia, se expresa de un modo especial a través del don de la pureza; este don precede y acompaña al esfuerzo personal del hombre. Como en un espejo, la imagen de Dios se refleja en la persona casta, y la hace brillar como alguien libre y feliz. (Autor: G. Derville, “Amor y desamor”)

4 comentarios en “La esperanza grande del Cielo, se encuentra en la esperanza de lo cotidiano

  1. En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la « redención », la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos
    afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y
    aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es
    tan grande que justifique el esfuerzo del camino.
    Antes de ocuparnos de estas preguntas que nos hemos hecho, y que hoy son
    percibidas de un modo particularmente intenso, hemos de escuchar todavía con un poco
    más de atención el testimonio de la Biblia sobre la esperanza. En efecto, « esperanza »
    es una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las
    palabras « fe » y « esperanza » parecen intercambiables. Así, la Carta a los Hebreos une
    estrechamente la « plenitud de la fe » (10,22) con la « firme confesión de la esperanza »
    (10,23). También cuando la Primera Carta de Pedro exhorta a los cristianos a estar
    siempre prontos para dar una respuesta sobre el logos –el sentido y la razón– de su
    esperanza (cf. 3,15), « esperanza » equivale a « fe ». El haber recibido como don una
    esperanza fiable fue determinante para la conciencia de los primeros cristianos, como se
    pone de manifiesto también cuando la existencia cristiana se compara con la vida
    anterior a la fe o con la situación de los seguidores de otras religiones. Pablo recuerda a
    los Efesios cómo antes de su encuentro con Cristo no tenían en el mundo « ni esperanza
    ni Dios » (Ef 2,12). Naturalmente, él sabía que habían tenido dioses, que habían tenido
    una religión, pero sus dioses se habían demostrado inciertos y de sus mitos
    contradictorios no surgía esperanza alguna. A pesar de los dioses, estaban « sin Dios »
    y, por consiguiente, se hallaban en un mundo oscuro, ante un futuro sombrío. « In nihilo
    ab nihilo quam cito recidimus » (en la nada, de la nada, qué pronto recaemos),1 dice un
    epitafio de aquella época, palabras en las que aparece sin medias tintas lo mismo a lo
    que Pablo se refería. En el mismo sentido les dice a los Tesalonicenses: « No os aflijáis
    como los hombres sin esperanza » (1 Ts 4,13). En este caso aparece también como
    elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro y ese futuro es Jesucristo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s