La ira no siempre es mala

iraAliviará tu conciencia saber que existe una diferencia entre el sentimiento de ira y el pecado de ira. Más de una vez sentirás el enfado o la impaciencia provocados por otros, o te verás tentado a responder con acritud, o te arrastrará el rencor interior hacia alguien. Estos sentimientos no son pecado si evitas que se manifiesten de algún modo en tu conducta exterior y no permites que te lleven al deseo deliberado de que otros sufran un daño: solo podrás controlarlos mediante el dominio de ti mismo y la gracia de Dios.
Hay una diferencia entre el pecado de ira y el intento razonado y enérgico de enmendar a quienes están sujetos a tu autoridad e influencia cuando necesitan ser corregidos. No pecas si estás descontento, pero no deseas herir; si, a pesar de tu desagrado ante una falta, intentas controlarte o buscas castigar el daño de un modo razonable. Aun así, esta ira nace del orgullo, la envidia y los celos.

La ira no siempre es mala. Existe una ira legítima: aquella que es imagen de la ira de la justicia divina. Si tu ira solo se despierta ante una falta grave y evidente de otro, y si, actuando como instrumento de la ira divina, castigas en exacta proporción a la ofensa, puede convertirse en una justa indignación. En palabras de Santiago: «Que cada uno sea diligente para escuchar, lento para hablar y lento para la ira; porque la ira del hombre no hace lo que es justo ante Dios». Santiago nos advierte en contra de la ira, pero no dice que no debamos enfadarnos nunca, sino que hemos de ser «lentos para la ira». A veces la ira puede estar justificada. El Señor no dudó en tomar un látigo y echar del Templo a los vendedores que habían convertido la casa de Dios en un mercado. Si una madre, no por arrojar fuera de sí el veneno de su cólera, sino llevada por una responsabilidad moderada por el amor, se enfada y conduce su ira castigando a un hijo, no ha perdido, sino ganado el favor de Dios.
Pero no olvides lo fácil que es exagerar la culpa del prójimo, especialmente cuando con su conducta ha actuado en perjuicio no tanto de los intereses de Dios como de los tuyos. En estas circunstancias, tu ira puede llevarte a pecar contra la justicia y la caridad. (Autor: L. G. Lovasik, “El poder oculto de la amabilidad

5 comentarios en “La ira no siempre es mala

  1. Es bueno saber expresar los sentimientos. Dejarlos salir. También la ira. Una precaución que debemos tener con la ira es que, en ocasiones, nos nubla la mirada. Es bueno antes de estallar respirar profundamente, y si esperamos un poco, tal vez, la ira baje de intensidad.
    Genial entrada, como siempre, como nos tienes acostumbrado.

  2. (Ef 4, 23-26; Jn 2, 14-16) Os invito a reflexionar sobre la ira, que juega un papel importante en nuestras relaciones. Cuando no somos señores de ella, cuando no tenemos la vigilancia necesaria de nuestras reacciones emocionales o no perdonamos, nos descontrolamos. Si no somos conscientes de nuestros sentimientos o no los trabajamos, podemos comportarnos inconscientemente de modo injusto y destructivo, pues actuamos por instinto. Los sentimientos tienen influencia profunda sobre nuestras ideas, opiniones, acciones y, en general, sobre nuestro cuerpo y nuestro comportamiento.

    Podemos enojarnos, pero sin pecar

    Por principio y de suyo la ira no es mala, pues todos tenemos el justo derecho de tomar represalia por las ofensas, según la recta razón y la ley general. Mientras el hombre se atenga al dictamen de la razón y obre de acuerdo con las exigencias de la naturaleza, la ira es un acto digno de alabanza; es un deber del que la ley puede pedir cuentas. Por eso, pudo decir san Juan Crisóstomo: “Quien con causa no se aíra, peca. Porque la paciencia irracional siembra vicios, fomenta la negligencia, y no sólo a los malos sino también a los buenos los invita al mal”. Sólo cuando se excede la medida racional, o cuando no se llegue al justo medio, la ira o la no ira, son pecado. No se puede decir que una persona airada esté pecando, ya que su acto de ira puede responder en proporción justa, a la medida racional que la ira por celo está reclamando de él, pues al centrarse la ira en la venganza, si el fin de la venganza es recto, la ira es buena.

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