La envidia es justo lo opuesto a la caridad en el pensamiento, los deseos y la conducta

envidioso1La envidia, que hunde sus raíces en la soberbia y la vanidad, es la tristeza provocada por la suerte cuando concede a otros lo que a ti te niega. Esta apropiación indebida de la honra, la estima, la posición, el poder, y todo lo que conduce a ellos —el dinero, el talento, la educación, la personalidad e incluso la gracia de Dios— pueden ser motivos para la envidia. Eres envidioso si permites que tu frustración te amargue y te haga ser desagradable, o si te mueve a conspirar en contra de quienes te superan. La ley natural y el décimo mandamiento —«no codiciarás los bienes ajenos»— se alzan en contra de esta tendencia de la naturaleza humana.
«La caridad no es envidiosa», dice san Pablo, y para san Agustín la envidia es un pecado monstruoso. Santo Tomás sostiene que puede constituir un pecado mortal, o solo venial si hay materia leve o si no es deliberado. Sin embargo, el pesar que provoca el éxito ajeno no siempre es malo: el factor determinante está en el motivo que lo produce. Se trata de un pesar justificado si veamos a una persona influyente, abiertamente hostil a la Iglesia, ocupar una posición de poder, o si hace mal uso de la riqueza de bienes de la que es destinataria.
La envidia es justo lo opuesto a la caridad en el pensamiento, los sentimientos, los deseos y la conducta. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, debemos ayudarnos y apoyarnos mutuamente, cosa que la envidia hace imposible.

El amor se regocija en el bien allí donde lo encuentra; la envidia es la tristeza causada por el bien: ver la felicidad de otros hiere la mirada y el corazón del envidioso. El amor desea dar y la envidia recibir. El amor crea y la envidia aniquila. El amor construye y la envidia destruye. El amor presta ayuda a quien está necesitado, consuela al afligido y lucha por convertir en bueno todo lo malo; la envidia transforma la escasa felicidad de este mundo en mal, en pesar y en dolor.
La alegría vengativa y resentida causada por la desdicha ajena va casi siempre acompañada de la envidia. Nada de esto procede de nuestro Padre del cielo, que es bondad infinita y que solo puede alegrarse en el bien. La satisfacción por la desgracia ajena tiene su origen en el demonio, el cual, en su profunda miseria, no conoce otro placer que el que halla en nuestro dolor. (Autor: L. G, Lovasick, “El poder oculto de la amabilidad”)

3 comentarios en “La envidia es justo lo opuesto a la caridad en el pensamiento, los deseos y la conducta

  1. El padre de Jorge, un compañero de la profesión me hizo ayer una extraña confidencia. Yo le pregunté si no le parecía envidiable el talento de una tercera persona.

    —¿Envidiable? — – Nobleza me respondió— No, colega; yo ya he superado la edad de la envidia.

    —Así que, según tú, la envidia tiene una edad.

    —Naturalmente. Yo a los siete años envidiaba el mecano de mi primo; a los catorce, envidiaba a mi hermano porque él había dado el estirón y yo seguía siendo bajito; a los dieciocho envidiaba a todos los que hablaban con las chicas sin ponerse colorados; a los cuarenta envidiaba a mi amigo Pepe, que ganaba un pastón y tenía un mercedes; a los sesenta y tantos empecé a envidiar a los que gozaban de buena salud y comían de mariscos impunemente. Y ahora, cuando ya estoy cerca de los noventa he llegado a la conclusión de que lo único realmente envidiable era el mecano de mi primo. Lo demás se va deprisa y es mejor no lamentarse. El tiempo nos convierte en memos, feos y gruñones. Por eso, cuando descubro que hay personas más inteligentes, más jóvenes, más ricas o más simpáticas que yo, ni me sorprendo ni me lamento: las aplaudo y las elogio de todo corazón. Uno ya no está en el mercado de los envidiosos; se me ha pasado la edad.

    —Ya. ¿Y desde cuándo estás así?

    —Desde la semana pasada. Y he comprobado que ha mejorado notablemente mi tensión arterial; mis digestiones son casi perfectas, pierdo menos pelo y no me enfado por nada. ¿Qué te parece?

    —Envidiable, amigo, envidiable.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s