Los prejuicios y la intolerancia son venenos del alma

aishwarya_raiSí —aunque rara vez aciertas, aunque es la obstinación la que te hace persistir en tus juicios, y aunque te han advertido de tu error—, insistes en juzgar temerariamente. Y así comienzas a cultivar un vicio -que es a su vez un trastorno de la mente: el prejuicio. Cuando prejuzgas, nunca buscas la razón de tu rechazo en ti mismo, sino que culpas de él a los demás. Si tus prejuicios se extienden a grupos más amplios de personas y levantas entre tú y ellos una especie de muro de rencor, padeces los efectos de un veneno especialmente dañino conocido como intolerancia.
En una mente inteligente, no solo abierta a las convicciones, sino también sedienta de justicia e imparcialidad, no caben trastornos como el prejuicio y la intolerancia, que únicamente conducen a juicios, rechazos y odios mal orientados. Por eso las personas con prejuicios, además de no hablar nunca bien de quienes no son de su agrado, tampoco son capaces, en su estrechez de mente, de pensar bien de ellos, tanto si se trata de individuos como de colectivos.… Al excluir la verdad, empequeñecen tu alma. Si te enfrentas a obstáculos de este tipo, recuerda lo siguiente:

 
No permitas que el orgullo empañe tu mirada. Sentirse superior al prójimo por disponer de un estatus social, una educación o una salud mejores que él es un error tonto: puede que el día de mañana se vuelvan las tornas. Y, aunque tal cosa no sucediera, es posible que, a pesar de todos sus defectos, el prójimo agrade al Señor mucho más que tú.
Recuerda tus propios defectos. Es probable que tú tengas un defecto por cada uno de los que tiene aquel con quien no congenias. No juzgues, pues.
Valora lo que diferencia a las personas. Dios ha tenido sus buenas razones para hacer las cosas de manera que las personas y las familias sean distintas, y una de ellas es que todos dispongamos de numerosas oportunidades para practicar la virtud de la caridad. Es fácil ser caritativo a distancia, pero donde la caridad se prueba realmente es en la estrecha relación con los demás. El Señor, aun contando con que el prójimo te incita a no ser caritativo, insiste: «Haced bien a los que os odian y rezad por los que os persigan». Interpreta al pie de la letra su mandato y síguelo con valentía: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Recuerda tu deber de auténtico cristiano. Quizá tus emociones y sentimientos te llevan a inclinarte por el rechazo o el resentimiento hacia determinada nación o raza, pero procura no dejarte gobernar por ellos. Cuando hables, intenta evitar mencionar con desprecio a las personas de otras nacionalidades y trata con tus obras de ejercitar con ellas la auténtica caridad. Los prejuicios se pueden superar con la benevolencia. Hemos de recordar que todos somos hijos de Dios. Si de verdad lo deseas, puedes hacer mucho por eliminar las fricciones en tu familia y entre tus amigos. Y lo que es más importante: demostrarás que tienes derecho a llamarte cristiano, que significa tener a Cristo por hermano tuyo y de todas las criaturas humanas, sea cual sea su raza o nacionalidad.

3 comentarios en “Los prejuicios y la intolerancia son venenos del alma

  1. La homilía “El respeto cristiano a la persona y su libertad”, fechada el 15 de marzo de 1961, se encuentra en Es Cristo que pasa, el último de los libros que san Josemaría publicó en vida, en 1973.

    Es una meditación sobre la caridad cristiana, la comprensión y el perdón, e incluye también una reflexión sobre determinados hechos que habían dejado huella en su interior, madurada desde la caridad y su sentido de la libertad y la justicia. Se trata de un texto sapiencial.

    El tema central no es tanto el análisis de las exigencias prácticas de la caridad hacia los demás, como una meditación sobre el doble precepto de la caridad. El “amarás a Dios” aparece de manera implícita como hilo conductor del discurso. Su consecuencia, el “amarás al prójimo”, se desarrolla explícitamente, al tiempo que se desvelan algunas consecuencias derivadas de la ausencia de esa virtud en las relaciones personales y sociales.

    El hilo conductor es la identificación del cristiano con Cristo en el ejercicio de la caridad. “Como consecuencia, la caridad de Cristo no es sólo un buen sentimiento en relación al prójimo (…). La caridad, infundida por Dios en el alma, transforma desde dentro la inteligencia y la voluntad: fundamenta sobrenaturalmente la amistad y la alegría de obrar el bien”. San Josemaría llamaba a esta transformación progresiva el “endiosamiento bueno”. La esencia de la transformación es capacitarnos para vencer el mal con el bien.

    El origen de la homilía parece descansar en las incomprensiones sufridas, que arrancan de “la falsa mentalidad de que el público (…) tiene derecho a conocer e interpretar los pormenores más íntimos de la existencia de los demás”. De la insatisfacción de este deseo insano o morboso o la interpretación torcida de las actuaciones ajenas, nacen los ataques a las víctimas, que “han sido con frecuencia y durante largos años la diana de ejercicios de tiro de murmuraciones, difamaciones y calumnias”.

    1. Gracias Rosa. Tus comentarios últimamente me da la impresión de que dan en el calvo. Ya sabes que el blog es como mi fichero de ideas para la predicación, y últimamente tus comentarios resultan más útiles para este fin que mis propias entradas jeje. Saludos

      1. Es muy amable por su parte. Quizás sea que me ha enseñado a ir profundizando mas cada día y así lo intento. Me alegra que aun estando malo tenga ganas de reírse. Espero su pronta mejoría. Saludos.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s