Para decidir justamente debes estar bien dispuesto hacia el otro

desconfianza

Pecas de juicio temerario cuando, sin una razón suficiente, ves algo negativo en el carácter de otro. Un juicio temerario no es lo mismo que la sospecha, esto es, la tendencia que tiene nuestra mente a hacernos creer que probablemente existe en el otro algo moralmente indeseable, aunque aún no nos atrevamos a emitir una opinión concluyente al respecto.
Juzgar temerariamente es un pecado contra la justicia. Todos tenemos derecho a conservar la buena estima de que gozamos mientras no existan obras indiscutiblemente maliciosas que nos priven de ella.  hacia el prójimo, ya que lo condenas sin escucharle ni conocer las razones y motivos que le llevan a obrar. Cuando juzgando temerariamente cometemos una grave injusticia con el prójimo; el pecado es grave si la “materia” que se atribuye es grave y tiene advertencia de su falta.
La caridad y la honradez son cualidades necesarias de todo buen juicio. Pero es altamente improbable que juzguemos rectamente. En la vida los resortes que nos mueven a actuar suelen escapar a nuestro control y permanecen ocultos por nuestra soberbia. El momento en el que alguien te inspira antipatía —es decir, un sentimiento inexplicable de desagrado o rechazo— es el más peligroso para formarte una justa opinión de él, de su carácter o de sus actos. Cualquier juicio que emitas en ese instante será inevitablemente injusto. Para decidir justamente debes estar bien dispuesto hacia el otro. El mal humor, el estado de ánimo y los sentimientos pasajeros influirán en tus juicios. Lo que hoy ves desde determinado ángulo, mañana lo analizarás desde otro, y puede que ambos sean muy diferentes del de ayer. (Autor: L. G. Lovasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

2 comentarios en “Para decidir justamente debes estar bien dispuesto hacia el otro

  1. La identidad del deber moral nos permitirá dilucidar el valor del motivo del deber en el actuar, y posteriormente la integración del deber en la virtud.

    Para enfocar bien la cuestión es preciso distinguir entre “cumplir el deber” y “actuar por deber”. Cumplir el deber no significa otra cosa que realizar el bien percibido como tal para el hombre por la razón práctica. Contando con que el deber es un aspecto del bien, cumplir el deber es sin duda una acción moralmente buena.

    Sin embargo, ha de reconocerse que en el lenguaje coloquial, la expresión “cumplir el deber” comporta una cierta alusión a un comportamiento minimalista, porque generalmente se ha concebido el deber moral como lo mínimo necesario, cuyo incumplimiento estaría sujeto a una sanción legal. Por esto es importante recuperar toda la bondad del deber moral, especialmente en su dimensión más general, como el deber de tender a la vida buena o a la bienaventuranza.

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