Quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personal

expresionSi hubiera en tu corazón auténtica caridad, te alegraría ver lo bueno que hay en el prójimo y pensar bien de él. … Algunos creen que descubrir defectos es señal cierta de sabiduría, pero nada requiere tan poca inteligencia. No hay cosa más fácil que criticar… El que critica suele ser incapaz de actuar como piensa que otros deberían hacerlo: olvida que la murmuración y la crítica, al igual que la caridad, deben empezar por la propia casa, es decir, por uno mismo. Su ignorancia va acompañada de la soberbia, y de cualquier cosa relacionada con la envidia o los celos, porque quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personales.

Ten paciencia con tus superiores

… Si es inevitable que los instrumentos humanos presenten fallos y defectos, es igual de inevitable encontrarlos en los superiores … Los superiores, aun movidos por las mejores intenciones, revelan determinados defectos. Pueden ser dominantes y demasiado conscientes de su posición, fácilmente predispuestos a la impaciencia y la ira, indiferentes a las quejas y necesidades de quienes les están sujetos, y demasiado puntillosos en cosas sin importancia. Algunas de estas faltas serán motivo de más o menos disgustos y conflictos.
Dios no quiere estos defectos, pero sí que los juzguemos con comprensión. Ha establecido su plan de delegación de autoridad sabiendo que los fallos existirán; en cierto modo, se vale de ellos y desea que purifiquen a quienes les están subordinados. Los superiores tienen la obligación de luchar esforzadamente contra sus propios defectos, sobre todo por las consecuencias que se derivan de no hacerlo así. Pero dar sentido sobrenatural a tu obediencia es descubrir la Providencia Divina incluso en las faltas de quienes tienen autoridad sobre ti, y practicar a pesar de ellas una dedicada entrega al deber, la caridad y la paciencia.

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3 comentarios en “Quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personal

  1. Como en santo Tomás de Aquino, la ética de Aristóteles no es una ética del deber ni una ética legalista, sino una ética del bien y de la virtud: el bien es lo que perfecciona al hombre, y la virtud lo que le facilita conocer y obrar el bien. La objetividad del bien resulta, entonces, obvia: es lo que perfecciona efectivamente al hombre. Sólo son buenas y virtuosas las obras que efectivamente encaminan al hombre hacia su fin o bien propio. La virtud se adquiere obrando el bien y enseña a conocerlo: la vida es un camino hacia el propio fin o bien, que se encarna en la virtud. La acción del hombre sólo se entiende como parte de una historia personal, de la cual cada uno es protagonista.

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