Trata de desarrollar el sentido del humor

Una ayuda casi indispensable para la alegría consiste en desarrollar el sentido del humor, que no significa ser ingenioso, contar historias divertidas y hacer reír a la gente: es la capacidad adquirida de descubrir los contrastes y las incoherencias de la vida, especialmente de la nuestra, y reírnos de ellos.
Sin sentido del humor, la falta de muchas comodidades materiales puede ser para ti un motivo de constante pesadumbre. El sentido del humor, sin embargo, evitará que te tomes demasiado en serio este mundo pasajero: te darás cuenta de lo absurdo de estar triste si se tiene la certeza de que el destino del alma es disfrutar algún día de las riquezas del cielo; y te ayudará a impregnar tus conversaciones de ese espíritu positivo frente a las incongruencias de tu propia vida, de modo que también los demás sean capaces de sonreír cuando sienten deseos de llorar

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3 comentarios en “Trata de desarrollar el sentido del humor

  1. Indudablemente, si a un cristiano le falta el sentido del humor, es señal, entre otras cosas, de una educación religiosa demasiado centrada sobre el conformismo. Hablar de verdadero sentido del humor, o de un humor propiamente cristiano, es hablar de virtudes, y no del arte de hacer reír, ni de simples e instintivas actitudes vitalistas. Santo Tomás de Aquino apreciaba la virtud de la eutrapelia, que Aristóteles había elogiado, al menos mientras esté inmune de degeneraciones bufonescas. Es la virtud que consiste en saber utilizar la distensión necesaria y saber jugar y reír. En una óptica específicamente cristiana, el humorismo sano asume las características de una virtud que también es don del Espíritu Santo.

    ¿Cuál es la vía cristiana al humorismo? André Derville, en su Diccionario de espiritualidad, responde así: «El humor no es ligereza, ni falta de seriedad. Paradójicamente, la vida cristiana se inscribe simultáneamente en la eternidad de Dios y dentro de las circunstancias, tan chatas a menudo, de mi cotidianeidad humana; dentro del misterio insondable de Cristo y, a la vez, dentro de los desagradables límites de mi persona; dentro de la victoria definitiva del Señor, y al mismo tiempo dentro de las incapacidades y caídas de mi debilidad dentro de la Iglesia, esposa sin mancha de Cristo, y dentro de una sociedad de pecadores. Todo lo que forma parte de la Revelación, de la economía de la Salvación, invita a pensar que a Dios no le falta precisamente el sentido del humor. Alcanzar sus planes para la Historia y para los días de mi vida».

    La vida espiritual obtiene grandes beneficios de un sano uso del humorismo, que no hay que confundir con el gusto por lo cómico, ni confundir con esa espiritualidad vagamente estoica típica de la new age. Tanto la experiencia de cada día, también la religiosa, como el sentido común sugieren vigilar el fenómeno del humor, especialmente cuando, asediados por el imperativo del bienestar y del optimismo a toda costa, se ignoran los límites y las falsificaciones que puede producir. La euforia a toda costa no es más que otra cara del consumismo y de la tiranía del bienestar.

    Si el sano humorismo es definible como «la capacidad de reírse de las cosas que se aman, incluidos naturalmente nosotros mismos, y seguirlas amando, el camino del humor en la vida espiritual estimula particularmente el diálogo del creyente consigo mismo y con Dios». La simultánea capacidad de saber apartarse de las cosas y de comprometerse plena y apasionadamente en las cosas de Dios es algo más que la expresión de un profundo y sano humorismo cristiano. En los santos, los enamorados de Cristo, se nota perfectamente cómo su profunda libertad de espíritu es compatible con un profundo sentido del humor, que no sólo es simpatía humana, buen carácter o facilidad para ser gracioso, sino comprensión de lo tremendamente relativo que es todo fuera del Único inefable que es Dios y que no cabe en cálculos humanos. Saber trascender todo lo que no es Dios viviéndolo en Dios es saber conjugar libertad de espíritu, humildad y humorismo, y saber subrayar siempre lo positivo de todo lo que pasa.

    Alfa y Omega

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