Deberían temblarme las manos…

trinidad de la tierraDeberían temblarme las manos al escribirlo, pero creo que sobreestimamos a Dios. Me diréis que es imposible, que Dios es el no-va-más y no hay riesgo de sobreestimarlo. Y yo os responderé –aunque deberían temblarme las manos al escribirlo- que no sólo es posible, sino que sucede. Sobreestimamos a Dios cuando pensamos que nada le afecta, que no se emociona, que no llora, que está por encima del bien y del mal, o que no podemos hacerle daño porque para eso es Dios y no hay quien le haga sangrar.

    Para nuestra sorpresa, Dios ha decidido encarnarse, y en el Hijo se ha revestido de un corazón humano. La omnipotencia divina se ha arrodillado hasta volverse tan frágil como nuestros corazones, a los que una sola mirada puede hacer añicos. Y, siendo perfecto hombre, su corazón es perfectamente frágil. ¡Felicitadme! He encontrado la oveja que se me había perdido. Ya ves: todo le afecta, se emociona, llora… Y sangra. Deberían temblarme las manos al escribirlo: le hemos roto, con nuestros pecados, el corazón a Dios. Contrapartida: también podemos hacerle reír. ¡Y cómo se ríe! Ese Sagrado Corazón de Jesús es Dios derretido en Amor, mendigo del amor de los hombres.(Autor: José-Fernando Rey B)

Un comentario en “Deberían temblarme las manos…

  1. Este amor, «el primero de los dones divinos» en el orden del ser, también conviene que sea el primero en el orden del conocer. Tras él se desplegarán otras muchas intuiciones; ésta es como la fuente, de la que surgirán raudales que «saltan hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

    Este breve comentario se centra precisamente en ese Amor recibido de Dios por los hombres. Pero no tanto en el Amor, cuanto en su grandeza infinita.

    Esto último, en efecto, es lo más indispensable. Muchos cristianos no son conversos, en el sentido de haber llegado a la fe a una edad adulta, desde el ateísmo o la indiferencia, pero este es el mayor problema a que se enfrentan. Al crecer en un clima creyente, han ido incorporando a su vida las verdades y la práctica de la fe de un modo natural y progresivo. Les parecen “normales” las verdades que creen y la moral que practican. Tan normales, que han perdido la capacidad de asombro que toda inteligencia humana tiene —debe tener— ante la Verdad.

    ¿Pero no hay, hoy en día, mucho agnosticismo y mucha increencia…? Ciertamente, y para esas personas hay libros abundantes, que dan razón de la fe que profesamos los creyentes. Pero no basta, son necesarios también libros para gente con años de vida cristiana, que está habituada a aquellas verdades, que las ha considerado con frecuencia, que practica su fe cotidianamente a través de los sacramentos y la oración.

    En definitiva, fieles cristianos que siguen a Cristo; pero que tantas veces tienen el peligro de hacerlo por inercia o costumbre. Gente de la que sólo pueden decirse cosas buenas (dentro de las inevitables imperfecciones humanas), que viven la caridad y los mandamientos morales; pero que a la postre son incapaces de asombrarse, y menos aún de asustarse, ante la grandeza de lo que dicen creer.

    Mientras un cristiano no queda paralizado de estupor, al reflexionar sobre las verdades de su fe, está lejos de comprender quién es Dios y quién es él, lo que su Creador le ha dado y le da cada día, la falsía de su correspondencia y la deuda inabarcable que tiene con su Dios y con su prójimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s