Si tu corazón está sediento de alegría, haz el bien a los demás

la alegria de ayudar a los demas

Ya lo dijimos, la alegría se fundamenta sobre tres virtudes (esperanza, fortaleza y caridad fraterna).

La esperanza es la virtud que te hace mantener la mirada fija en el cielo, que es la meta de tu vida; una meta que estás seguro de poder alcanzar a través de los méritos, las promesas y la fidelidad de Jesucristo. Estás alegre porque lo que te aguarda es algo maravilloso. La esperanza es una virtud sobrenatural infundida en el bautismo, pero su eficacia depende de tu esfuerzo y de la repetición de actos. No puedes estar alegre si caes en los vicios que se oponen a la esperanza, como la desesperación, que consiste en rendirse ante la idea de que el cielo no se puede alcanzar y que los sufrimientos del infierno son inevitables. Santa Teresita del Niño Jesús solía decir: «Nunca podemos esperar demasiado de Dios, quien es a la vez misericordioso y omnipotente».
La mundanidad, que nos induce a disfrutar de cualquier placer posible aquí y ahora, conduce a la tristeza, ya que no existe placer en este mundo capaz de satisfacer plenamente el corazón del hombre. También conduce a la envidia, la avaricia, la impureza y a toda causa de tristeza. 

La fortaleza te lleva a enfrentarte a las inevitables desgracias de la vida, y en especial a la muerte, sirviendo a Dios con coraje y perseverancia … Mirarás la felicidad del cielo con corazón esperanzado, y hasta los mayores sufrimientos te parecerán un precio insignificante que pagar a cambio de esa recompensa. Trata, pues, de superar la cobardía, la autocompasión y la falta de confianza en la bondad de Dios, que son un obstáculo para tu alegría y te hacen quejarte constantemente a Dios y a cuantos te rodean de los sufrimientos que te toca soportar. No te tomes demasiado en serio a ti mismo. Aprende a no dejarte desanimar por tus errores. Ningún ser humano es capaz de evitar el fracaso. Lo importante es evitar que los defectos y errores puedan contigo. Los remordimientos son un gasto de energía descomunal. Sobre ellos no se puede construir… Lo que se espera de ti es que te tomes las cosas deportivamente y retomes la batalla cotidiana de la vida. Y eso es lo más sensato. Si no te detienes y encaras tus problemas con coraje y esperanza, no podrás evitar influir positivamente en otros. El coraje y la esperanza son contagiosos. Difunde estas virtudes entre las personas con las que te relacionas: te estarás haciendo a ti, y también a ellas, un favor incalculable.
La virtud de la caridad enraizada en el amor de Dios te lleva a querer a todos tus semejantes y a desear ayudarles, especialmente a quienes conviven contigo. Y mantener una actitud alegre es una forma de ayudar a los demás.

La alegría es la recompensa de la caridad. La íntima alegría del alma se distingue de todas las demás por su pureza. Cuando es fruto de la caridad, no se acaba. Toda la felicidad de este mundo tiene un final, excepto la del corazón enamorado que sabe cómo compartir la dicha y la desgracia ajenas. La alegría que nace de la caridad es de las pocas que se conservan en el momento de la muerte… Así es la fuente de la que habla el Señor: «El agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna». Si tu corazón está sediento de alegría, haz el bien a los demás. Saciarás tu sed en el manantial de la propia felicidad de Dios. Solo puedes ser feliz si le posees a Él. Dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Si lo que te mueve es un sincero amor de Dios, hallarás la felicidad haciendo felices a los demás.

Fuente: El poder oculto de la amabilidad – Lawrence G. Lovasik

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3 comentarios en “Si tu corazón está sediento de alegría, haz el bien a los demás

  1. En la vida no es importante hacer cosas grandes sino amar, ésta es la cosa grande, como dice S. Agustín: “A los que se salvan Jesús no les dirá: “hiciste esta o aquella obra grande”, sino: “tuve hambre y me disteis de comer”; a los que están a la izquierda no les dirá: “hicisteis ésta o aquélla obra mala”, sino: “tuve hambre y no me disteis de comer.” Los primeros, por su limosna irán a la vida eterna; los segundos por su esterilidad, al fuego eterno, Elegid ahora el estar a la derecha o a la izquierda”… Cristo vive en los cristianos, y le da un sentido más profundo a las relaciones humanas, ver a Jesús en los demás da una orientación a todo nuestro actuar: “el corazón del progreso es el progreso del amor. Y el corazón del amor es la cruz, el perderse con Jesús” (Ratzinger). Hoy en Roma se revive una “estación”, una Misa en una iglesia importante, es en San Pedro “in Vinculis”, iglesia construida al lado de un tribunal romano; ahí se guardan las cadenas de Pedro en la cárcel. ¿El amor encadena? De una manera diferente al juego al que uno se engancha, pero engancha… pero qué bonito engancharse a lo bueno…

    Hoy rezamos: “dame fuerzas, Señor, para convertirme”. ¿Qué es convertirse? Seguir a Jesús, acompañarle, caminar con Él, no querer ser “libres” de Dios, sino engancharnos a él, tener necesidad de su amor, de rezar, desear la fe, esperanza y amor antes que nuestro gusto, caprichos y comodidades, los falsos dioses que nos engañan.

    Cuentan que un importante señor gritó al director de su empresa, porque estaba enfadado en ese momento. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado, porque había un abundante almuerzo en la mesa. Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio una patada al perro porque la hizo tropezar. El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la acera, porque le cerraba el paso. Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida, y gritó al joven médico, porque le dolió la vacuna al ser aplicada. El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdón, acarició sus cabellos diciéndole: -“Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor”. Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos… En ese momento, se interrumpió el círculo del odio, porque chocó con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor. Si tú eres de los que entraron en un círculo del odio, acuérdate que puedes romperlo con tolerancia, dulzura, perdón y amor. No caigamos en el círculo del odio pensando que es imposible encontrar amor: la manera más rápida de recibir amor es darlo, hay más alegría en dar que en recibir. El amor lo perdemos cuando lo queremos para nosotros, es como el fuego que cuando lo extendemos nos acaricia con su calor; el amor tiene alas y no hay que encadenarlo. El amor es el don más preciado que Dios nos ha regalado, y que nos da la oportunidad de regalar. Además, cuanto más se da más nos queda porque se agranda nuestro corazón al amar, ahí está el secreto del amor. De nada tiene necesidad este mundo como del amor. El amor alienta, sonríe, atrae, confía, enternece, canta, tranquiliza, guarda silencio, edifica, siembra, espera, consuela, suaviza, aclara, perdona, vivifica, es dulce; es pacífico; es veraz, es luminoso, es humilde, es sumiso, es manso, es espiritual, es sublime, todo lo puede… No hay dificultad por muy grande que sea, que el amor no lo supere. -No hay enfermedad por muy grave que sea, que el amor no la sane. -No hay puerta por muy cerrada que esté, que el amor no la abra. -No hay distancias por extremas que sean, que el amor no las acorte tendiendo puentes sobre ellas. -No hay muro por muy alto que sea, que el amor no lo derrumbe. -No hay pecado por muy grave que sea, que el amor no lo redima. -No importa cuán serio sea un problema, cuán desesperada una situación, cuán grande un error, el amor tiene poder para superar todo esto. Quien es capaz de experimentar realmente el amor, puede ser la persona más feliz y más poderosa del mundo. Amar… Siempre… En cada acto, en cada pensamiento, en cada día que amanece, en cada noche que llega, hacer de la vida siempre una canción de amor…

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