Las tres virtudes de la alegría auténtica: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna

alegria y tristeza interaccionHay tres virtudes importantes que nos convierten en personas alegres en el auténtico sentido de la palabra: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna.

Por eso, cultivar la alegría no quiere decir que no te inspiran compasión las penas de los demás, ni que haya que evitar a la gente que sufre, ni manifestar con tu actitud que no vas a permitir que te incordien con sus desgracias… No hace falta expresar la alegría con sonrisas, carcajadas, bromas ni conversaciones frívolas. La persona alegre, ante una pena puedes adoptar un semblante serio y dar muestras de compasión, sin dejar de manifestar al mismo tiempo su alegría fundada en los sólidos motivos para la esperanza, la fortaleza y la paciencia que Dios concede a quienes les pide que sufran. No se trata de evitar afrontar los hechos que causan su dolor, ni de inventar razones poco realistas para que no se entristezcan los demás, ni de tomarse a la ligera el sufrimiento de los demás.

No serías verdaderamente alegre si solo lo fueras unas veces y otras te dejaras llevar por la tristeza y la melancolía: señal de que te gobiernan tus sentimientos. Peor aún sería que tuvieras la costumbre de estar alegre con algunos parientes y amigos, y de mal humor con otros, especialmente con los de tu propia familia. No puedes consentirte mantener una actitud ante los tuyos y otra distinta ante aquellos con quienes te relacionas fuera de casa.
Debes aprender a sobreponerte a tus emociones, por muy difícil que te resulte. No es ninguna hipocresía dejarse regir por la voluntad en vez de por los sentimientos. Intenta alcanzar el ideal de ser el mismo con todo el mundo: amable, afable, comprensivo, optimista… en una palabra: alegre. Todo el mundo reconocerá ese ideal y transmitirás a tu alrededor la luz de la alegría.
No eres verdaderamente alegre si dependes de estimulantes peligrosos de cualquier tipo. La bebida suele ser una huida de la realidad y hace a la gente escandalosa, la pone en ridículo y la degrada.

Fuente: El poder oculto de la amabilidad de G.L. Lawrence

4 comentarios en “Las tres virtudes de la alegría auténtica: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna

  1. Fe, esperanza y caridad son como energías íntimamente conectadas (como si estuvieran una en otra) para el camino de la vida cristiana: como la luz, las alas y el amor que, conjuntamente, nos llevan a Dios y a los demás

    Todo parece indicar que Benedicto XVI había proyectado una trilogía de encíclicas sobre las virtudes teologales: la fe, la esperanza (cf. ‘Spe salv’i, 2007) y la caridad (cf. ‘Deus caritas est’, 2005). La Providencia ha querido que la tercera de estas encíclicas, Lumen fidei, apareciera, con la colaboración del Papa alemán, ahora emérito, dentro del Año de la Fe y en el pontificado de su sucesor, el Papa Francisco.

    «En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por él, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría». Por ello, continúa, «fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios» (n. 7). Fe, esperanza y caridad son como energías íntimamente conectadas (como si estuvieran una en otra) para el camino de la vida cristiana: como la luz, las alas y el amor que, conjuntamente, nos llevan a Dios y a los demás.

    Las tres virtudes se revelan en la historia de la salvación: Ya en el capítulo primero, el más bíblico, se vuelve sobre la esperanza a propósito de la fe de Abrahán: «Es verdad que, en cuanto respuesta a una Palabra que la precede, la fe de Abrahán será siempre un acto de memoria. Sin embargo, esta memoria no se queda en el pasado, sino que, siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro, ‘memoria futuri’, está estrechamente ligada con la esperanza».

    La unidad de fondo entre fe, esperanza y amor se redescubre más adelante, al pasar de la vocación personal de Abrahán a la Alianza con Israel, y con ello a su propia misión y destino. Es el conocimiento o la verdad del amor de Dios por su pueblo y, a través de ese pueblo, por toda la humanidad y el mundo creado: «Mediante la experiencia de los profetas, en el sufrimiento del exilio y en la esperanza de un regreso definitivo a la ciudad santa, Israel ha intuido que esta verdad de Dios se extendía más allá de la propia historia, para abarcar toda la historia del mundo, ya desde la creación» .

    Las tres virtudes nos capacitan para compartir la vida de Dios.
    Las tres virtudes nos capacitan para compartir la vida de Dios en nuestra vida, personal y social. «Precisamente por su conexión con el amor ─se dice luego─ la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz». A partir de su encuentro con Dios, el creyente se integra en el dinamismo del amor de Dios y avanza hacia la plenitud del amor viviendo con él las relaciones humanas y los afanes concretos de su vida en el mundo (cf. n. 51). Esta capacidad transformadora de la fe, es la que hace a esta virtud ser un «bien común», un bien para todos que «nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza».
    Fuente: Almudi

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