Quien te enfada te domina

enfadosA veces decimos que no podemos aguantar esto o aquello, que nos resulta imposible callar, etc… Pero casi siempre exageramos para justificar nuestra actitud. Hemos de pedir a Dios fuerza para dominar el propio capricho; gracia, para tener dominio de nosotros mismos. 

“Quien te enfada te domina”, leí en cierta ocasión y en cierto modo es verdad. Nuestro actitud o humor no debería estar causada por las actitudes de terceros o de las circunstancias… Además recuerda:

Serenidad. —¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de desenfadar al fin? Camino, 8

Acostúmbrate a pensar que casi nunca tenemos toda la razón. Incluso se puede decir que, en asuntos de ordinario tan opinables, mientras más seguro se está de tener toda la razón, tanto más indudable es que no la tenemos. Discurriendo de este modo, resulta luego más sencillo rectificar y, si hace falta, pedir perdón, que es la mejor manera de acabar con un enfado: así se llega a la paz y al cariño. No os animo a pelear: pero es razonable que peleemos alguna vez con los que más queremos, que son los que habitualmente viven con nosotros. No vamos a reñir con el preste Juan de las Indias.

A veces nos tomamos demasiado en serio. Todos nos enfadamos de cuando en cuando; en ocasiones, porque es necesario; otras veces, porque nos falta espíritu de mortificación. Lo importante es demostrar que esos enfados no quiebran el afecto, reanudando la intimidad familiar con una sonrisa. Conversaciones, 108

La solución es amar. San Juan Apóstol escribe unas palabras que a mí me hieren mucho: “qui autem timet, non est perfectus in caritate. Yo lo traduzco así, casi al pie de la letra: el que tiene miedo, no sabe querer.
—Luego tú, que tienes amor y sabes querer, ¡no puedes tener miedo a nada! —¡Adelante! Forja, 260

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4 comentarios en “Quien te enfada te domina

  1. El profesor Wenceslao Vial (psicologiaevitacristiana.com) responde en su libro Madurez psicológica y espiritual. Este sacerdote y médico, docente en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, asegura que “nuestra inteligencia y voluntad se asientan en el espíritu”. Cuando vivimos de acuerdo con ellas, sin dejarnos arrastrar por impulsos momentáneos, sentimientos o estados de ánimo, “somos más libres y equilibrados”. Asimismo, indica que “gran parte de la madurez consiste en comportarnos según lo que realmente somos y crecer en la dirección de un proyecto vital hecho propio: es decir, ser buenas personas”.

    ¿De qué forma el cuidado de la vida espiritual ayuda a la serenidad y al equilibrio de las personas?
    La dimensión espiritual refuerza la estructura de nuestra personalidad, hace que tiemble menos y resista ante los vientos o terremotos de las contrariedades. En ella se despierta la búsqueda del sentido de la vida y de lo que nos ocurre, que es el primer paso de la religiosidad: del anhelo innato que tenemos por Dios. Con ella también nos abrimos a quienes nos rodean. Esta apertura es propia de quien camina hacia la madurez y ha dejado de preocuparse solo por lo inmediato, por el “mío, mío…” de los niños pequeños.

    Quien tiene la fortuna de encontrar a Dios y de aprender a quererle, ve más claro el objetivo de su vida. Se preocupa del presente con la esperanza de alcanzar una meta. Los cristianos, además, cuentan con Alguien que cambió la historia: por Él saben con certeza que Dios es bueno y misericordioso, que no pueden odiar a nadie en su nombre, que desea que le tratemos cada día y que nos espera en el cielo. Cristo es la fuente de serenidad, porque al conocer su ejemplo vemos quiénes somos y lo que estamos llamados a ser. Para muchos brilla un nuevo sol al leer el Evangelio, lo que requiere tiempo.

    “Lo suyo parece un problema de conciencia moral”, le dijo un médico a una persona que vino a verme: sí es cierto, ¡cuánto bien puede hacer un comentario así! Y lo mismo he comprobado en el otro sentido: “Mira, lo que te pasa tiene seguramente muchas causas, pero te beneficiarás de un apoyo psicológico, o al menos duerme mejor, haz ejercicio regularmente, sonríe tres veces al día…”. Ante la duda, un buen médico o psicólogo sabrá orientar hacia un sacerdote a quien le pide auxilio; y un sacerdote o director espiritual, a su vez, sabrá orientar en algunos casos hacia un profesional de la salud.

    Ansiedad, estrés… ¿Es posible aprender a controlarlo?
    El primer paso es no centrarse demasiado en el síntoma: cómo estoy, cómo me encuentro, cómo me siento; sino salir de uno mismo, mirar y servir a los demás. Luego, hay que cuidar algunos aspectos fisiológicos, como el sueño. Ayudarán la actividad física, un paseo agradable, las lecturas entretenidas (y no sólo “interesantes”), el cambio de actividades para no hacer siempre lo mismo… Es importante disfrutar de la vida sin concentrarse en el “disfrute”, en el placer fácil y de poca duración, sino en la vida misma: no dejarla pasar soñando con alternativas. Y, en lo posible, afrontarla desde la mañana con buen humor: que no parezca, nos diría el Papa Francisco, que nos lavamos los dientes con vinagre.

    ¿Cómo se alcanza una personalidad madura?
    Somos siempre personas y tenemos una personalidad: una forma de ser, que nos define ante nosotros mismos y ante los demás. Se va impregnando en el cuerpo y en el alma. Gran parte de la madurez consiste en comportarnos según lo que realmente somos y crecer en la dirección de un proyecto vital hecho propio: es decir, ser buenas personas.

    Nosotros no maduramos solos. Necesitamos de cuidados, de educación, del tiempo de los demás… Primero del cariño de los padres, luego, de quienes nos rodean y de la sociedad. Cuando se pone en peligro la identidad de los niños, y se los confunde en aspectos esenciales, como hacerles dudar de si son hombres o mujeres, se les causa un daño enorme, como ha puesto hace poco de relieve el colegio norteamericano de pediatría.

  2. En el libro del Éxodo dice: “…Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol…” suelo pensar que no solo se trata de la prenda de vestir, siempre el texto es mucho más amplio y en este caso lo relaciono con la amistad, porque enojarse es de humano y más cuando se comparte muchas horas con alguien, pero justamente por la misma razón , también está bueno restaurar lo roto antes que caiga el sol y no irse a dormir con esa carga extra ni enviar a alguien a “descansar” con ese peso en la conciencia.
    Sin dudas, el verdadero AMOR, es capaz de saltar obstáculos y llegar a perdonar.
    Cuando me cuesta hacerlo suelo pensar ¿que pasará si antes que lo perdone algo grave nos sucediera a alguno de ambos? Puede ser un tanto trágico pero a veces, los razonamientos extremos son la única forma de dominar un espíritu rebelde…
    Gracias por el post!!!

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