Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. El apóstol es, esencialmente, un amigo

amistadPensamos en el apóstol como en un héroe, un gigante, un paladín de la fe capaz de las mayores proezas por extender el reino de Dios… Y hacemos mal, porque, así, alejamos al apóstol de nosotros, y, secretamente, nos sentimos dispensados de tan excelsa llamada.

    Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. El apóstol es, esencialmente, un amigo. A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Por muy valiente y aguerrido que seas, por grandes que sean tus ansias de expender el reino de Dios, si no eres amigo de Cristo, no tienes nada que anunciar; si no conoces la intimidad del Señor, podrás ser un estupendo comercial de alguna marca de prestigio, pero jamás serás apóstol.

    Del Paráclito dice la Escritura que, entrando en las almas santas, hace amigos de Dios y profetas (Sb 7, 22). Y es que el Espíritu Santo es la intimidad de Cristo, revelada a los suyos. En eso consiste el don de sabiduría.

    No hace falta que seas grande, ni valiente. Pide al Paráclito ese don, y serás amigo de Cristo. Entonces ya no podrás callar. Y serás apóstol.

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

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9 comentarios en “Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. El apóstol es, esencialmente, un amigo

  1. Mis conclusiones: La amistad crea una armonía de sentimientos y de gustos que prescinde del amor de los sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación del amigo al amigo.

    Creemos que los encuentros, incluso casuales y provisionales de las vacaciones, dan ocasión a almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que se llama amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía, la solidaridad y, especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios.

    Será fácil, pura, fuerte la amistad, si está sostenida y alimentada por aquella peculiar y sublime comunión de amor, que un alma cristiana debe tener con Cristo Jesús (PABLO VI, Aloc. 26-7-78).

    Conviene que Dios haga la voluntad del hombre respecto a la salvación de otro en proporción a su amistad (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 114, a. 6).

    Si os dirigís a Dios, procurad no ir solos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 4 sobre los Evang.).

    Cuando uno tiene amistad con alguien, quiere el bien para quien ama como lo quiere para sí mismo, y de ahí ese sentir al amigo como otro yo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 12, q. 28, a. 1, c).

    Vi la gran merced que hace Dios a quien pone en compañía de los buenos (SANTA TERESA, Vida, 2, 4).

    Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado. Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla -a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte- charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta; las irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 273).

    Así como muchas veces basta una sola mala conversación para perder a una persona, no es raro tampoco que una conversación buena la convierta o le haga evitar el pecado. ¡Cuántas veces, después de haber conversado con alguien que nos habló del buen Dios, nos hemos sentido vivamente inclinados a Él y habremos propuesto portarnos mejor en adelante!… Esto es lo que multiplicaba tanto el número de los santos en los primeros tiempos de la Iglesia; en sus conversaciones no se ocupaban de otra cosa que de Dios. Con ello los cristianos se animaban unos a otros, y conservaban constantemente el gusto y la inclinación hacia las cosas de Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el precepto 1.º del Decálogo).

    Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es “apostolado de la confidencia”. (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ,Camino, n. 973).

    (D. Rafael no sé si habrá leído lo que puse en mi blog relativo a su ordenación como diácono y sacerdote, así como los 25 años cumplidos desde entonces. Lo adelanté porque estoy teniendo problemas con el ordenador. Van a cambiar el sistema informático y no sé si sabré “utilizarlo”. Si no escribo a partir del lunes 16 de Mayo no se preocupe, no pasa nada, solo que no puedo escribir, ya he tenido que dejarlo en varias ocasiones. Espero que mi custodio me ayude.)

      1. Repito lo que puse en mi blog de Word Press:
        D. Rafael, siento adelantarme a la fecha, pero me acaban de notificar que el lunes se va a operar un cambio telemático en los ordenadores y temo perder tan valiosa información.

        Para mi, es un honor, colaborar en su blog. Sentiría que los nuevos cambios hicieran que no pudiera seguir. Lo dejo en manos de Dios y Él hará lo mas oportuno.

        ¡SANTA FIDELIDAD¡ En el cielo habrá fiesta grande por este grupo de 20 que se ordenaron el día 26 de Mayo de 1991. Le deseo un día muy especial. Son 25 años de sacerdote.

        Saludos junto con mis oraciones. ROSA.

      2. ORDEN SACERDOTAL EN SAN PIETRO

        HOMILÍA DE JUAN PABLO II

        Domingo de la Trinidad
        Domingo, 26 de mayo 1991

        ” Señor, sobre nosotros tu misericordia ” ( Sal 33, 22).

        1. Con estas palabras del Salmo, queridos hijos, que están a punto de recibir la ordenación sacerdotal, la liturgia de hoy hace que se invoca la ayuda divina. Con estas palabras, a sus seres queridos oren, oren toda la asamblea del pueblo de Dios en la basílica de San Pedro y toda la Iglesia a los confines de la tierra.

        “Ambos de nosotros su gracia.”

        2. La Iglesia, que vive constantemente el misterio de Dios uno y trino , en la actualidad, en su liturgia, sobre todo mejora este misterio.

        Este es el misterio por excelencia divina, profundamente interior: en la que fuera la misma vida íntima de Dios.

        Dios, que habita en luz inaccesible (cf. 1 Tim 6, 16): el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y, al mismo tiempo, Dios es el que impregna y abarca todas las cosas.

        Cuando Cristo envió a los apóstoles a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Él, el Redentor del mundo, que revela al Dios uno y trino como el que se da a los seres humanos, que lo alimenta y sacia con el don de sí mismo en sí, que es agua en el bautismo, el sacramento en el que el elemento agua significa e implementos hombre el don inefable de la vida trinitaria .

        Tal respuesta es dada por Dios en la oración del salmista: “Señor, sobre nosotros, su gracia.”

        3. Esta gracia ha llegado a vosotros, queridos hijos e hijas de la Iglesia, al comienzo de su vida, con el sacramento del bautismo . A partir de ese día en el Espíritu de Dios te guíe, ya que ha recibido “un espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” ( Rom 8, 15).

        Así como gritó Jesucristo, el Hijo unigénito de la misma sustancia que el Padre.

        El Espíritu del Padre y del Hijo testimonia bien a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo (cfr. Rom 8: 16-17). Esto se manifiesta la gracia que abarca todos los bautizados.

        4. En el suelo fértil de este legado nace en vosotros, queridos hijos, la vocación al ministerio sacerdotal en la Iglesia .

        Hoy en día esta vocación se vea coronada por el Sacramento del Orden.

        En particular, se llevará a cabo en vosotros la herencia divina, el legado que es el mismo Dios: “El Señor es mi porción y mi copa” ( Sal 16, 5).

        Usted debe hacer especial coherederos con Cristo para poder servir a todos nuestros hermanos y hermanas en la unidad del pueblo de Dios.

        coheredero con Cristo es el sacerdote, en cuanto administra los misterios de Dios (cf. 1 Co 4, 1) y opera “in persona Christi”, porque Cristo puede continuar para servir y salvar . Sirvió como en el Cenáculo, la institución de la Eucaristía, en la que encierra todo su misterio pascual de muerte y resurrección, por lo que ha confiado a la Iglesia que el servicio hasta el final del tiempo.

        Realmente ahora tenemos que gritar junto con el salmista de mi corazón: “Señor, esté con nosotros su gracia”: la gracia de la vocación sacerdotal es un don especial e inmerecida.

        5. ” Señor, sobre nosotros tu gracia, esperamos en ti .”

        Nos encontramos ante un misterio inescrutable de Dios mismo. Antes de la Santidad Trinitaria de Dios, revelada por Cristo crucificado y resucitado.

        Es sobre nosotros la gracia de Aquel que tiene todo poder en el cielo y en la tierra (cf. Mt 28, 18) .El poder que ahorra en el Espíritu Santo. El poder que inspira constantemente nuevas generaciones de hijos e hijas a través de la adopción divina.

        Y, al mismo tiempo, sabemos que cada hombre lleva este tesoro en vasos de barro (cf. 2 Cor 4: 7). E incluso el cura.

        Oh, Cristo! La esperanza que tenemos en usted es mayor que nuestra debilidad!

        6. En el momento de la ordenación cada uno de ustedes, queridos hijos, oirán las palabras: ” Dios lleva a término la obra que ha comenzado en ti ” (Pontifical Romano; cf. Fil 1: 6).

        Estas palabras expresan la esperanza de toda la Iglesia.

        Amen!

      3. Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

        La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz es una asociación de clérigos intrínsecamente unida al Opus Dei . Está formada por los clérigos de la prelatura ?que son socios natos? y por otros presbíteros y diáconos diocesanos. El prelado del Opus Dei es el presidente de la sociedad.

        Los clérigos diocesanos que se adscriben a la sociedad buscan recibir ayuda espiritual para alcanzar la santidad en el ejercicio de su ministerio, según la ascética propia del Opus Dei. Su adscripción a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz no conlleva la incorporación al presbiterio de la prelatura: cada uno sigue incardinado en su propia diócesis y depende sólo de su obispo, también en lo que se refiere a su trabajo pastoral, y sólo al obispo da cuenta de esa labor.

        Como en el caso de la incorporación de fieles laicos a la Prelatura del Opus Dei, para que un sacerdote sea admitido en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz ha de tener conciencia de haber recibido una llamada de Dios a buscar la santidad según el espíritu del Opus Dei. Esto comporta algunas condiciones: amor a la diócesis y unión con todos los miembros del presbiterio diocesano; obediencia y veneración al propio obispo; piedad, estudio de la ciencia sagrada, celo por las almas y espíritu de sacrificio; esfuerzo en promover vocaciones; afán por cumplir con la máxima perfección los encargos ministeriales.

        La ayuda espiritual que proporciona la sociedad se dirige a estimular en los socios la fidelidad en el desempeño de sus deberes sacerdotales, así como a fomentar la unión de cada uno con su propio obispo y la fraternidad con los demás sacerdotes. La autoridad de la Iglesia, en diferentes documentos, por ejemplo en varios textos del Concilio Vaticano II y en el Código de Derecho Canónico, ha recomendado este tipo de asociaciones sacerdotales.

        Los medios de formación específicos que reciben los sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz son análogos a los que reciben los fieles laicos de la prelatura: clases doctrinales o ascéticas, retiros mensuales, etc. Además, cada uno se procura personalmente los medios comunes de formación prescritos para los sacerdotes por el derecho de la Iglesia y los mandados o recomendados por el propio obispo.

        Las actividades espirituales y formativas de los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz no interfieren con el ministerio que les haya confiado su obispo. La coordinación de esas actividades compete al director espiritual de la Prelatura del Opus Dei, que no se cuenta entre los cargos de gobierno en la prelatura.

        A la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz pertenecen unos 2.000 diáconos y presbíteros incardinados en distintas diócesis de todo el mundo.
        ……………………………………………………………………………………………………………………………………………
        Todo está publicado en la página de blog que Vd. “me sigue”. Se lo mando por esta vía que sé es seguro que le llega. Lo publiqué el 12 de Mayo de 2016. Feliz día y saludos.

  2. Date: Thu, 12 May 2016 03:42:47 +0200

    Navalpotro, J M.

    Mons. del Portillo ordenó, por primera vez, a veinte sacerdotes del Opus Dei: En la homilía, pidió que el nuevo orden internacional que se está instaurando en el mundo sea el deseado por Dios

    Palabra, num. 318, (1991), pp. 540

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