Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. El apóstol es, esencialmente, un amigo

Pensamos en el apóstol como en un héroe, un gigante, un paladín de la fe capaz de las mayores proezas por extender el reino de Dios… Y hacemos mal, porque, así, alejamos al apóstol de nosotros, y, secretamente, nos sentimos dispensados de tan excelsa llamada.     Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. […]

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