Bien, pero ¿cómo infundir esperanza en la familia, en mi entorno?

esperanzaVictor Frankl cuenta cómo los que estuvieron en campos de concentración durante y después de la Segunda Guerra Mundial recuerdan perfectamente a aquellos hombres que iban de barracón en barracón dando consuelo a los demás, brindándoles su ayuda y, muchas veces, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa que es como la última de sus posesiones: la elección de la actitud personal para decidir el propio camino.

El mensaje de Frankl es claro y esperanzador: por muchas que sean las desgracias que se abatan sobre una persona, por muy cerrado que se presente el horizonte en un momento dado, siempre queda al hombre la libertad inviolable de actuar conforme a sus principios, siempre queda la esperanza.

-Bien, pero ¿cómo infundir esperanza en la familia, en mi entorno?

Hay muchos detalles que pueden contribuir mucho a lograrlo. Por ejemplo:

  1. Transmitir un aliento positivo en todo aquello que hacemos. No dejar hundido a nadie. Decir primero lo que va bien, y de lo que va mal hablar sólo lo necesario. 
  2. Quizá tus hijos o las personas con las que convives, por lo que sea, te ven poco: que insufles oxígeno en el poco rato que te vean. 
  3. Cuida de no caer en un optimismo simplón, que sería un sustitutivo barato de la esperanza. Los optimistas vacíos se van dando golpes contra la realidad. En cambio, los realistas con esperanza saben afrontar con entereza la realidad, porque la esperanza no es un consuelo para niños ni un narcótico para ingenuos.
  4. La gente necesita que le digan de vez en cuando que lo ha hecho bien. Es una pena que algunos parezcan como incapaces de hacer un elogio, cuando es algo mucho más importante de lo que parece. 
  5. Sé previsor para esquivar los males evitables. La esperanza no es una resignación tonta sumada a un optimismo ingenuo: es para trabajar y transformar la realidad y así evitar en lo posible esos males. 
  6. Afronta con serenidad las contrariedades, los destrozos, los errores de tus hijos y de los que conviven contigo. Piensa que incluso quienes han recibido una esmerada formación pueden cometer a veces errores serios. Un descuido ocasional, por tanto, aunque sea grave, no es motivo para la desesperación. Si tu hijo vuelve una noche borracho a casa después de una fiesta, o si tu hija fuma un día marihuana con un grupo de amigotes, el mundo no se acaba ahí. Por supuesto que es grave y hay que actuar con rapidez y decisión, pero todavía hay remedio. 

-Pero a veces parece como si los errores acumulados de mucho tiempo tiñeran de negro el futuro, y piensas que todo va a acabar mal. A veces llega un momento en que no encuentras sentido a casi nada, y no te sientes con fuerzas para pasarte la vida luchando sin ver el final del camino…

Sería estupendo tener luz para ver claro el camino en todos los momentos, todos los días, toda la vida. Sería mucho más bonito, más tranquilizador, sería maravilloso. Pero no siempre se tiene. A lo mejor tenemos luz en un momento determinado, y unas horas después no. Y unos días sí y otros no. Y puede llegar una temporada especialmente oscura. Pero hay que seguir adelante.

Algunos abandonan su lucha simplemente porque no pueden lograr sus objetivos al cien por cien. Les falta esperanza para construir humildemente cada día aunque sea sólo un dos o un tres por ciento de sus planes. Haz ese poquito que puedes y procura que en tu casa haga cada uno ese poquito que puede, y cambiarán mucho las cosas en poco tiempo. Teme menos al futuro y pon más coraje en el presente. Es mala política vivir demasiado mediatizado por el pasado, tanto si es por amargura como si lo es por añoranza.

Si es por amargura, convendría recordar aquel adagio ruso que dice que lamentarse por el pasado es como correr en pos del viento. En vez de dar vueltas y más vueltas a ideas recurrentes, en vez de decir que el mundo es un asco, o que todos los hombres son unos egoístas, o que cada uno sólo se preocupa de lo suyo; en vez de eso, vamos a ver si cada uno mejora un poco su propia vida y la de los cuatro o cinco, o quince, o veinte, que tiene a su lado. Menos preguntas, menos quejas y más trabajo.

Y si es por añoranza, habría que pensar si ese recuerdo del pasado sirve para iluminar el presente o es un torpe refugio sentimental para no hacer frente al día de hoy.

-Otros se desaniman porque ven muy negro su futuro profesional o afectivo. Las cosas no están nada fáciles hoy día…

Ante la sombra del no hay futuro, es fácil caer en un engaño escapista. Es la tentación de rehuir el esfuerzo cotidiano, de buscar el refugio en unos ratos de disfrute engañosos que siempre se hacen breves, en el embaucamiento de aguantar el paso del tiempo soñando con esos momentos de fuga. Así, un etudiante puede pasarse clases enteras pensando en lo que hará el fin de semana, y semanas enteras pensando en la llegada del verano, y años enteros soñando con que la felicidad vendrá con la vida universitaria, o con el comienzo del ejercicio profesional, o con el matrimonio…, o con la jubilación. Y no comprende que el futuro está en el presente.

Fuente:  www.interrogantes.net

Un comentario en “Bien, pero ¿cómo infundir esperanza en la familia, en mi entorno?

  1. En su último libro La evangelización de los católicos, Scott Hahn analiza cómo evangelizan los católicos (por lo general, evangelizan poco y mal) y cómo deberían ser todos evangelizadores.
    Explora además 9 campos de evangelización en el que los laicos y familias católicas deben implicarse y donde darán fruto.

    1. El campo principal de evangelización: la familia cristiana
    Compartir la fe con el cónyuge, tener hijos y transmitirles la fe, contagiar la fe alrededor de la familia a los parientes, es el principal campo evangelizador de los laicos, explica Hahn.
    La familia es una iglesia doméstica, y el testimonio de amor fiel de una familia unida evangeliza a todo su entorno. Para ello las parejas casadas han de cumplir sus compromisos matrimoniales (ser fieles, amarse y respetarse, acoger y educar a los hijos…) y han de saber que ellos, y no los catequistas o colegios, son los principales evangelizadores de sus hijos.
    La familia, recuerda Hahn, evangelizará poco si no reza en familia, y la misa debe ser el centro de la vida familiar. Los hijos han de ver además que la familia es una fuente de caridad y generosidad, con visitas a enfermos, ayuda a necesitados…
    En la familia cristiana se ha de ser fiel a la Iglesia y su enseñanza, no ser conspiradores ni rebeldes ni aceptar como bueno lo que es pecado. Por último, la familia cristiana vive y practica la esperanza, y más en momentos duros.

    2. La amistad
    La amistad es alabada en la Biblia y es “una forma de vida compartida, como la familia”. Los “amigos” de Facebook por lo general no son (aún) verdaderos amigos. La amistad implica invitar a participar en actividades familiares: “cumpleaños, películas, celebración de festividades y el rosario vespertino”. Implica advertir a los amigos de sus equivocaciones… y escuchar a los amigos cuando nos advierten y corrigen.
    Implica ayudar a un amigo a llegar a fin de mes. Implica hablar de Cristo a los amigos, especialmente a los alejados: dejarles libros evangelizadores, invitarles a encuentros espirituales, quizá a misa, a retiros… “Un ‘vamos a rezar una oración cortita por eso ahora mismo´, en el momento preciso, suscita a menudo reacciones sorprendentes: lágrimas, alegría, paz y agradecimiento. No hay que aporrear a los amigos con la Biblia en la cabeza: “el cariño y la lealtad son, a menudo, el testimonio más eficaz”.

    3. El vecindario
    En el Occidente postmoderno muchos no conocen a sus vecinos ni se tratan con ellos. Los horarios, la forma de las viviendas, etc…, todo apoya el individualismo. Aún así, los vecinos existen: hay que sonreirles cuando te los encuentras, ser amables y corteses, dejar que vean a nuestros hijos… Quizá en su mundo nadie más les sonríe, nadie les trata con amabilidad ni hay niños en su entorno. Así, la familia cristiana empieza a evangelizar al vecino.
    El siguiente paso es crear lazos: “una barbacoa, una fiesta en el jardín, una fiesta en el vecindario…”. Visitar una vecina viuda, llevar un regalo a vecinos que han tenido un niño…, todo crea lazos. “A la gente no le atrae el catolicismo como concepto, sino como forma de vida”, recuerda Hahn: por eso los vecinos han de verla y empezar a vivirla.

    4. El trabajo
    Un laico evangeliza cuando en el trabajo se niega a hacer algo que va contra la fe. La vida laboral no es un compartimento estanco inmune a la fe.
    Hay que ser buenos trabajadores, pero también buenos compañeros y buenos jefes, lo que implica amabilidad y respeto. Es bueno recordar cumpleaños y nacimientos de hijos de los compañeros, asumir trabajo extra de un compañero si tiene que atender a un enfermo, sonreir en la oficina…
    Además de este ejemplo cotidiano, “podemos empezar sesiones de estudio bíblico a la hora del almuerzo e invitar compañeros”; podemos invitar al católico no practicante del despacho de al lado a ir a la iglesia (quizá el día del patrón de nuestro oficio, o un Miércoles de Ceniza, o en el día de su santo); se puede invitar a los compañeros a actividades evangelizadoras del fin de semana, o de una tarde semanal.
    Hahn cree que cada católico debería poder explicar a su compañero de trabajo en 5 minutos o menos por qué es católico, cómo ha sido su encuentro personal con Cristo, cómo cambia Cristo su vida: es lo que da tiempo a exponer en una charla de café.

    5. La parroquia
    La parroquia es evangelizadora y necesita de los dones de los parroquianos. “Usémoslos, pues: como voluntarios para organizar la despensa de la parroquia, cantar en el coro de la iglesia, entrenar al equipo de fútbol del colegio de la parroquia, visitar a los enfermos que no pueden salir de casa, formar parte del consejo financiero de la parroquia, encargarnos de la hora santa semanal o simplemente llegar a la parroquia veinte minutos antes de misa para rezar el rosario con otros”.
    Hahn anima a organizar actividades que al párroco no se le hayan ocurrido. Lo que el párroco prefiere es que le digan “podríamos organizar tal cosa, yo me encargo, padre”. Traer conferenciantes, organizar cine-forums, crear grupos de visitas a personas solas, grupos de apoyo a madres novatas, grupos de oración y estudio bíblico, visitas a católicos alejados… “La parroquia es donde nos alimentamos y donde ayudamos a alimentar a otros, no es una gasolinera donde llenamos el depósito sacramental y nos olvidamos hasta la semana que viene”.

    6. La universidad
    Un estudio en EEUU señala que el 60% de los que entran en la Universidad siendo practicantes salen sin serlo. En España se deja la práctica religiosa mucho antes, hacia los 13 años.
    Scott Hahn alaba dos modelos de evangelización en la universidad −ámbito que él conoce bien− que son el Centro Newman de la Universidad de Illinois y FOCUS (www.focus.org), la Fraternidad de Estudiantes Universitarios Católicos. FOCUS se fundó hace poco más de una década y ha crecido exponencialmente. Tiene la sede en Denver (que fue sede de una JMJ) y cuenta con 400 misioneros repartidos en 74 universidades. “FOCUS es el modelo de cómo la nueva evangelización debe llevarse a cabo en los campus universitarios, y en la próxima década la demanda de misioneros de FOCUS, así como de laicos católicos dispuestos a apoyarlos y patrocinarlos, irá en aumento”.
    (En España FOCUS no tiene presencia, ni ninguna realidad parecida, ya que la pastoral universitaria española, en manos de las diócesis, por lo general no hace nueva evangelización y se limita a pastorear a los ya practicantes).

    7. Los medios de comunicación
    “Los católicos tenemos ahora más herramientas que nunca para contar nuestra historia y proclamar el Evangelio, lo que hace que nuestra presencia ahí sea esencial”, explica Scott Hahn. “No todos estamos llamados a escribir un blog o presentar un programa de radio, pero utilizando nuestras cuentas de Facebook o Twitter para dar testimonio de la fe contribuimos a la nueva evangelización”, sugiere. También pide apoyar las iniciativas de prensa católica en papel, TV, radio o Internet. La edición española del libro cita en las notas, como ejemplos, a ReligionEnLibertad.com, VaticanInsider.com, Aceprensa.com, MayFeelings, Catholic Voices y Arguments. Apoyar la prensa católica en Internet, redifundiendo noticias o con donativos, es parte del apostolado de los laicos.

    8. Conferencias y ejercicios espirituales
    Scott Hahn tiene claro que llevar a un tibio, alejado o incluso pagano a un buen evento cristiano puede transformarle la vida. Los grandes encuentros de oración, adoración y formación que nacieron de la Universidad Franciscana de Steubenville se han difundido por docenas de ciudades de Estados Unidos y cada vez atraen más decenas de miles de jóvenes (pueden conocerse en http://www.steubenville.org).También están renaciendo los ejercicios espirituales. “Hoy en día sólo unos pocos católicos comprometidos tienen la costumbre de hacer un curso de retiro anual; la recuperación de esta práctica, así como un mayor fomento de la misa, daría muchos frutos para la Iglesia y la nueva evangelización”, escribe Hahn.

    9. Los nuevos movimientos de laicos
    Scott Hahn es cercano al Opus Dei, aunque su universidad está más bien inmersa en la espiritualidad de la Renovación Carismática. Sin embargo, no menciona a ninguno de estos dos cuando enumera movimientos que “han ayudado a millones de católicos”. Menciona a Focolares, Comunión y Liberación, Camino neocatecumenal, Milicia de la Inmaculada, Apostolado para la Consagración de la Familia y la Legión de María, añadiendo que hay muchos más. Recuerda las palabras de Juan Pablo II que los llama “la respuesta suscitada por el Espíritu Santo a este dramático desafío”. Hahn cree que los laicos, al colaborar con estos movimientos, confirmarán que es cierto lo que decía Juan Pablo II y son una respuesta del Espíritu.
    Scott Hahn finaliza así su repaso a los ámbitos evangelizadores del católico laico: “Hay escasez de católicos dispuestos a vivir su fe con fidelidad radical, con audacia y de manera atractiva, en los múltiples campos de la nueva evangelización. Cristo a través de su Iglesia nos llama a ti y a mí a cambiar eso. Nos llama a dedicar nuestras vidas a la tarea de sembrar semillas para Él”.

    FUENTE: P. J. Ginés

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