El orgullo del instante se le subió a la cabeza y…

diamante en marUna multitud le rodeaba. El orgullo del instante se le subió a la cabeza. Corrió a su camarote y cogió el diamante. Luego explicó a la gente que ese diamante constituía todos los ahorros de su vida, esto creó aún mayor tensión. Enseguida comenzó a hacer malabarismos con el diamante en la cubierta del barco. Estaba arriesgando más y más. En cierto momento lanzó el diamante muy alto en el aire y la muchedumbre se quedó sin aliento. Sabiendo lo que el diamante significaba, todos le rogaron que no lo hiciera otra vez. Impulsado por la excitación del momento, lanzó el diamante mucho más alto. La multitud de nuevo perdió el aliento y después respiró con alivio cuando recuperó el diamante. Teniendo una total confianza en sí mismo y en su habilidad, dijo a la multitud que lo lanzaría en el aire solo una vez más, pero esta vez subiría tanto que se perdería de vista por un momento. De nuevo le rogaron todos que no lo hiciera. Pero con la confianza de tantos años de experiencia, lanzó el diamante tan alto, tan alto que de hecho desapareció por un momento de la vista de todos. Entonces el diamante volvió a brillar al sol. En ese momento, el barco cabeceó y el diamante cayó al mar y se perdió para siempre.

Igual que el hombre del cuento, cuantas veces hemos hecho y seguimos haciendo malabarismos con nuestras almas. Confiamos presuntuosamente en nosotros mismos y en nuestra capacidad, y en el hecho de que nos hemos salido con la nuestra todas las veces anteriores. Con frecuencia hay personas alrededor que nos ruegan que dejemos de correr riesgos, porque reconocen el valor de nuestra alma. Pero seguimos jugando con ella una vez más… sin saber cuando el barco finalmente cabeceará y perderemos nuestra oportunidad… 

¿Por qué no aprovechar este Año de la Misericordia para hacer el propósito de ser más humildes y evitar las ocasiones de poner nuestra alma en riesgo innecesario? 

Fuente: el diamante

Anuncios

Un comentario en “El orgullo del instante se le subió a la cabeza y…

  1. La formación básica de los SEAL son seis meses de tortura con largas carreras en arena blanda, natación de medianoche en agua fría frente a San Diego, cursos de obstáculos, ejercicio gimnástico, interminables días sin dormir y de estar siempre frío, húmedo y sentirse miserable.

    Son seis meses de verse constantemente hostigado por soldados entrenados profesionalmente que buscan encontrar a los débiles de mente y de cuerpo, y eliminarlos de la lista para que no se cuelen entre los SEAL de la Marina; pero a la vez el entrenamiento se propone dar con los estudiantes que pueden conducirse en un ambiente de tensión constante, en el caos, el fracaso y las dificultades.

    Para mí este entrenamiento básico fue muy importante. Aquí están las diez lecciones que aprendí en la formación básica de un SEAL, y que espero sean de valor para ustedes.

    El entrenamiento básico para convertirme en un SEAL comenzaba cada mañana cuando los instructores, que en ese momento eran todos veteranos de Vietnam, se presentaban en nuestro barracón, y lo primero que hacían era inspeccionar la cama. Si has hecho bien la cama las esquinas serán cuadradas, las cubiertas estarán tensas, la almohada centrada justo debajo de la cabecera y la manta extra cuidadosamente doblada a los pies del bastidor.

    Era una tarea simple, en el mejor de los casos banal. Pero cada mañana nos obligaban a hacer la cama a la perfección. En aquel momento me parecía un poco ridículo, particularmente considerándolo a la luz del hecho de que lo que queríamos era formarnos como verdaderos guerreros, preparados para afrontar duras batallas; pero muchas veces he comprobado la sabiduría de esta simple tarea.

    Si haces tu cama todas las mañanas has realizado la primera tarea del día. Esto te dará un pequeño sentimiento de orgullo y te animará a emprender la siguiente tarea y luego la siguiente, y la siguiente. Al final del día te das cuenta que una tarea completada se ha convertido en muchas tareas terminadas. Además, hacerte la cama refrenda el hecho de que las cosas pequeñas de la vida son importantes. Si no puedes hacer bien las cosas pequeñas, nunca harás bien las grandes.

    Y si por casualidad tienes un mal día, cuando vuelves a casa te encuentras una cama bien hecha −la has hecho tú mismo− y una cama bien hecha te da un pequeño consuelo de que el día de mañana será un poco mejor.
    FUENTE: ALMUDI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s