¿Cuál es el mensaje de la divina misericordia?

divina misericordia.jpgHoy celebramos el domingo de la Divina Misericordia.El mensaje de la Divina Misericordia es:

A- Pedir Su Misericordia. Dios quiere que nos acerquemos a Él en la oración constantemente, que nos arrepintamos de nuestros pecados y que le pidamos que derrame su misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero.
B – Ser misericordioso. Dios quiere que recibamos su misericordia y que fluya a los demás a través de nosotros. Él quiere que extendamos el amor y el perdón a los demás tal como Él hace con nosotros.
C – Confiar totalmente en Jesús. Dios quiere que sepamos que las gracias de su misericordia dependen de nuestra confianza.

La imagen original de la Divina Misericordia (izquierda) fue pintada según el relato de Santa Faustina al artista polaco Eugeniusz Kazimirowski. La imagen está actualmente en el Santuario de la Divina Misericordia en Vilnius, Lituania. La imagen más popular es la que hizo Adolfo Hiya (derecha) tras la muerte de la santa.

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Un comentario en “¿Cuál es el mensaje de la divina misericordia?

  1. Desde la Resurrección del Señor estamos en este tiempo de misericordia y cada día que pasa nos acercamos mas a la justicia Divina. Nos dice el apóstol San Pablo en 1 Tes5, “En lo que se refiere al tiempo y al momento hermanos, no tenéis necesidad de que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche.” Y por el gran amor que Dios nos tiene, ya que Él es el amor (cf. 1 Jn 4, 8), rico en misericordia (cf. Ef 2,4) y lento a la cólera (cf. Ne 9, 17), Él nos advierte y nos da este tiempo de preparación, nos da este tiempo de misericordia. El tiempo en cual Dios nos llama a la conversión y en cual nosotros también debemos ejercernos en la misericordia hacia los demás. Vemos en la Sagrada Escritura como los hombres, en el juicio final, serán juzgados según sus obras de misericordia, “tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis…” (Mt 25, 35).

    Esta es la urgencia con cual el Señor se le revela a Santa María Faustina religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia: “Hija Mía, habla al mundo entero de Mi insondable Misericordia”. “Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia”.

    La devoción a la Divina Misericordia es un llamado de Dios a los hombres que regresen a Él, que confíen en Él. Esta devoción, no es nueva, en realidad fue conocida desde los tiempos de Cristo. “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” (Mt 18, 38). Vemos como el ciego confiaba en que el Señor lo podía sanar y le gritaba que tenga misericordia sobre él. Reconoce su ceguera y confía en Cristo el único que lo puede sanar. El mensaje de la misericordia es para todos los hombres, es también un mensaje para nuestros tiempos. El Santo Padre, Juan Pablo II dijo en la Canonización de Sta. Faustina: “no es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”.

    La misericordia de Dios se puede describir como la respuesta de Dios que viene en auxilio de sus criaturas débiles . Ninguna criatura es merecedora de la misericordia de Dios, sino es una gracia que Dios concede gratuitamente a sus hijos, por su inmenso amor.
    El pecado es la miseria mayor del hombre y la creación. Nuestra miseria es el pecado y por eso el hombre al ser pecador, es también considerado como miserable. Pero hay una distinción muy importante entre la miseria y el que es miserable, y es, que Dios aborrece al pecado pero ama al pecador, ama al hombre miserable y débil. Este amor con cual Dios ama al hombre se define como Misericordia. La misericordia no es precisamente compasión o perdón, estos son más bien los efectos de la misericordia. En la lengua hebrea significa “rahamin” y se define como “un sentimiento que nace del seno maternal o de las entrañas del corazón de un padre”. Is 49

    La misericordia de Dios es un atributo de Dios que solo existe para sus criaturas. Es decir para Dios poder ejercer misericordia debe existir miseria. Como explica San Francisco de Sales, “Aunque Dios no hubiese creado al hombre Él siempre fuese la caridad perfecta, pero en realidad no sería misericordioso, pues la misericordia se puede ejercitar solamente sobre la miseria… Nuestra miseria es el trono de la misericordia de Dios”. Dice el Santo Cura de Ars: “La misericordia de Dios es como un torrente desbordado que arrastra los corazones a su paso.” No lo merece nadie sin embargo es accesible a todos.

    LA MISERICORDIA DE DIOS EN LA SAGRADA ESCRITURAS
    La Misericordia Divina se nos es revelada desde el primer libro de la Sagrada Escritura, el libro del Génesis, el hombre torna contra Dios y su voluntad y el Señor le da la oportunidad de enmendar su culpa y de volverse de todo corazón a Él. Vemos también que al mismo tiempo el demonio trata de engañar al hombre suscitando en él el terror del castigo y venganza de Dios.
    Dios creó todo en perfecta armonía y orden, que no conocía el mal. El hombre fue creado para amar conocer, obedecer y servir a Dios y gozar en el orden de Dios de todo lo creado. Pronto, por la caída de nuestros padres en las trampas de la serpiente se rompe la relación de amor con Dios y el orden de la creación. Al desobedecer el mandato de Dios y después de cometer el pecado tienen miedo. “Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: ‘¿Dónde estás?’ Este contesto: ‘Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo, por eso me escondí”(Gn 3, 9-10). Cuando el hombre comete un pecado, el demonio inyecta enseguida en él el terror del castigo de Dios para que tenga miedo de encontrarse con Él y así no confesar sus pecados y no recibir la misericordia y el perdón de Dios en su vida, limpiándolo del mal que ha cometido. “Cuando un alma exalta mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno”. (D.378)

    El demonio hace ver a Dios como un juez justo y terrible que no perdona las ofensas. En realidad, es todo lo opuesto, Dios es “rico en misericordia” con su creación. El Señor usa hasta lo que es malo para traer un bien mayor.

    “El significado verdadero y propio de la misericordia en el mundo no consiste únicamente en la mirada, aunque sea la más penetrante y compasiva, dirigida al mal moral, físico o material: la misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Así entendida, constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo y la fuerza constitutiva de su misión. Así entendían también y practicaban la misericordia sus discípulos y seguidores. Ella no cesó nunca de revelarse en sus corazones y en sus acciones, como una prueba singularmente creadora del amor que no se deja «vencer por el mal», sino que «vence con el bien al mal» (DM, JPII)

    Dios no es vengativo. El pecado hace a la persona miserable y Dios usa esta oportunidad para revelarle al hombre su infinito amor por él, su infinita misericordia. Es decir por el pecado, el hombre puede conocer la Misericordia Divina. El vence el mal con el bien. SS Juan Pablo II, en su encíclica Dives en Misericordia nos dice que “en el cumplimiento escatológico, la misericordia se revelará como amor, mientras que en la temporalidad, en la historia del hombre -que es a la vez historia de pecado y de muerte- el amor debe revelarse ante todo como misericordia y actuarse en cuanto tal”. En las Sagradas Escrituras vemos claramente la manifestación de la Divina Misericordia en el libro del profeta Oseas, Dios mismo nos dice: ¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? Mi corazón esta en mi trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre, en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira (Os 11, 8-9).

    Claramente vemos como Dios, teniendo toda la razón de estar enojado con el hombre, no tiene el corazón duro del hombre, que busca sacar su ira contra su adversario, sino Él es Dios, no hombre y no dejará que la ira se sobreponga a Su amor.

    En el libro del profeta Jeremías también el Señor se dirige a Israel y le dice: “Vuelve, Israel apóstata…, no estará airado mi semblante contra vosotros porque piadoso soy, Oráculo de Yahveh, no guardo rencor para siempre. Tan solo reconoce tu culpa, pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste” (Jr 3,12-13). Dios nos dice que Él es piadoso con su pueblo. Él es piadoso y perdona los pecados de sus hijos que se arrepienten del mal que hayan hecho.

    El Profeta David entendía muy bien el amor misericordioso de Dios y también conocía el hombre y su deseo de venganza. Cuando David cometió una falta contra Dios, Dios se desagradó con él y le mandó al profeta Gad para que le dijera a David sobre Su enojo y el castigo que debía suceder. David pudo escoger entre tres castigos: tres años de hambre, tres meses de derrotas ante sus enemigos, o tres días en cual la peste y la espada de Yahveh andarán por la tierra. David respondió, “estoy en gran angustia. Pero, caiga yo en mano de Yahveh, que es grande su misericordia, y no caiga en manos de los hombres” (1 Cr 21,13).

    En los Salmos hay constantes referencias a la Misericordia de Dios, sin embargo, el Profeta Jonás resumió muy bien lo que significa, cuando después de estar irritado porque Dios había perdonado el pueblo de Nínive, porque creyeron en Él y se convirtieron, dijo, “Ah, Yahveh, ¿No es esto lo que yo decía cuando estaba todavía en mi tierra? Fue por eso por lo que me apresuré a huir a Tarsis. Porque bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal” (Jon 4, 2).

    Todo el libro del profeta Jonás nos prepara para “la revelación evangélica de Dios Amor”, el acto mas grande de Misericordia que Dios ha hecho por el hombre: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. (Jn1) El Verbo encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: ‘En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él… él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.’(1 Jn 4, 9-10) Para salvarnos, liberarnos del demonio, del pecado, del mundo y la carne, el Padre envía a su Hijo, para que con sus palabras, sus obras, y su pasión, muerte y resurrección nos redimiera, nos comprara con su Sangre y nos devolviera al Reino de Dios. “En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas…Cristo murió por los impíos…mas la prueba de que Dios nos amó es que Cristo, siendo todavía nosotros pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 5-8). Esa misericordia continúa derramándose a través de los Sacramentos y de la Iglesia: especialmente en la confesión y en la Eucaristía. Vino a deshacer el mal con el bien, a transformar nuestro pecado en gracia, a transformar el sufrimiento en medio de santificación, etc……..Vencer el mal con el bien. “Pasó haciendo el bien”.

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