El arte de saber escuchar

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Momo es la pequeña protagonista de aquel famoso libro de Michael Ende que lleva su nombre. Una niña surgida un buen día en la vida de unas personas sencillas.

Nadie sabe quién es, ni de dónde viene, ni nada. Vive en unas ruinas de un antiguo teatro griego o romano. Pero todo el mundo quiere a la chiquilla. Las gentes se han dado cuenta de que han tenido mucha suerte por haber conocido a Momo. Se les hace la niña algo imprescindible. ¿Cómo han podido antes vivir sin ella? A su lado cualquiera está a gusto.
A la hora de hacer balance de su atractivo, no es fácil decir qué cualidad especial le adorna: no es que sea lista; tampoco pronuncia frases sabias; no es que sepa cantar, o bailar, ni hacer ninguna maravilla extraordinaria… ¿Qué es entonces lo que tiene? 

La pequeña Momo sabe escuchar; algo que no es tan frecuente como parece. Momo sabe escuchar con atención y simpatía. Ante ella, la gente tonta tiene ideas inteligentes. Ante ella, el indeciso sabe de inmediato lo que quiere. El tímido se siente de súbito libre y valeroso. El desgraciado y agobiado se vuelve confiado y alegre. El más infeliz descubre que es importante para alguien en este mundo. Y es que Momo sabe escuchar .

Escuchar no es sólo cuestión de paciencia. Requiere sobre todo deseo de aprender, deseo de enriquecerse con las aportaciones de los demás. Quien mientras escucha piensa sobre todo en preparar su respuesta, apenas escucha realmente. Sin embargo, quien escucha con atención, con verdadero deseo de comprender, sin dejarse arrastrar por un inmoderado afán de hablar él o de rebatir lo que oye, quien sabe escuchar de verdad, se hace cada vez más valioso y hace que la persona que le habla se sienta también más valorada y querida.

Propósito en el Año de la Misericordia: esforzarme por escuchar más, o ser un poco más simpático y agradable.

Fuente: Saber escuchar

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4 comentarios en “El arte de saber escuchar

  1. Como todo en esta vida, mejorar nuestra capacidad para escuchar requiere ir paso a paso. En un curso que hice, me dieron estas pautas, espero que os sirva al menos para saber lo importante que es escuchar.

    1.- Trabaja en tu lenguaje corporal
    Practica mirar de frente a la persona que estás escuchando, mantén contacto visual, incluso podrías inclinarte para estar más cerca de la persona. Es sencillo para tu lenguaje corporal dar la impresión de que no estás escuchando, lucha contra ello dando a la otra persona tu total atención. Si haces esto, las personas responderán de manera muy positiva, ya que les estarás dando lo que todos quieren, un terapeuta gratis.

    2.- Analiza el lenguaje corporal de hablante
    Mientras te mantienes alerta sobre tu propio lenguaje corporal, es importante que también observes el lenguaje personal de la persona con quien hablas, esto es una herramienta poderosa para mejorar tu capacidad de escuchar. Una parte muy importante de ser bueno escuchando es tener la habilidad de empatizar, de hacerte preguntas como: ‘¿Cómo me sentiría yo en esta situación? ¿Podría ponerme en su lugar?’
    Al concentrarte en su lenguaje corporal, te darás cuenta que tal vez los demás no son tan diferentes a ti después de todo. Cuando eso suceda, la gente comenzará a abrirse más contigo, porque los haces sentir seguros y a la vez, importantes.

    3.- No interrumpas
    En serio, deja que la gente termine. Si tu odias cuando la gente te interrumpe, ¿en verdad crees que a otros les gusta cuando tú lo haces? Deja de tratar a las otras personas como si no les importara. Incluso si tú crees que no haces esto, mira un poco hacia atrás y examina nuevamente tu tendencia a interrumpir.
    Cuando otras personas se dan cuenta que los estás invitando a hablar o expresarse, su primer instinto será abrirse más. Es un ciclo recíproco positivo: tu ayudas a la gente convirtiéndote en un recipiente donde vuelcan sus ideas o sentimientos, y de esta forma ellos confiarán más en ti, lo que lleva a mejores relaciones.

    4.- Alentar a otros a hablar
    Si tu alentas a otras personas a que hablen, tarde o temprano verás los resultados de esa acción. Asiente con la cabeza cuando otros hablen, o utiliza palabras como ‘bien‘, ‘continúa‘, etc. Al hacer esto ellos responderán de manera positiva, lo que realmente haces, es recordarles que ellos están siendo escuchados, lo cual significa que apreciarán tu confianza y a la vez tu interés en ellos.

    5.- “Espejo”
    Vuelve a mencionar lo que estás escuchando de la otra persona, pero hazlo con tus propias palabras. O al menos, precede tus respuestas con frases como, “escucho que dices…” o “a mi me parece que tú…”.
    Esto nos ayudará a evitar malentendidos, lo cual es especialmente útil en situaciones potencialmente hostiles. Aprende el momento justo para usar “el espejo” con los demás. O mejor aún, aprende a hacerlo tan bien que ni siquiera noten cuando lo hagas. Notarás que tus conversaciones se vuelven más envolventes y productivas, cuando le haces saber a la gente de manera ‘literal’ que los estás escuchando.

    6.- Evita las discusiones
    Por mucho que algunos disfrutemos de discutir, no podemos ir por ahí buscando pelea a cada momento, o incluso involucrarnos en una. Busca catarsis en la moderación y la calma. Si tratas de evitar las discusiones, dejarás de preocuparte tanto por ti mismo y por lo tanto, podrás centrarte en las preocupaciones de los demás, y a la vez te será más fácil comunicarte en igualdad de condiciones.

    7.- Nota los pequeños detalles
    La llave para el corazón de cualquier persona, son los detalles. Los humanos tienen una inclinación natural a los pequeños detalles más que a las grandes cosas. Esto se debe a que los detalles causan más impacto en nosotros -cuanto más sabemos sobre algo, más capaces seremos de empatizar con ello.
    Esto es particularmente cierto para la publicidad. Diariamente somos bombardeados con más de 3000 anuncios diferentes, entonces, ¿cómo es posible que los publicistas hagan notar su producto entre toda esta avalancha de anuncios? Muy sencillo, tratan de agregar un detalle en su producto que nos permita humanizarnos, y a la vez hacerlo más personal.

    8.- No trates de solucionar los problemas de otros (a menos que te lo pidan)
    Muchos somos culpables de tratar de solucionar problemas ajenos, y tal vez yo sea uno de los más culpables en este mundo. Fui criado para ser un ‘resuelve-problemas’. En mi familia, el resolver tus propios problemas sin ayuda era motivo de orgullo. Es una forma de probar tus habilidades para enfrentarte a “la vida real”. Y eso es genial, hasta cierto punto. Pero al aventurarte a resolver problemas ajenos, deberás tener cuidado de no cruzar la línea, e ir tratando de brindar ayuda no solicitada.

    Todos tenemos problemas. No tiene nada de malo pedir ayuda. Algunas veces, la gente solo quiere hablar… y hablar… y ser escuchada. Así que recuerda dejar un poco de espacio en tu corazón y tu cabeza, y moderarte un poco a la hora de ‘estar ahí’ sin tratar de resolverle todos sus problemas.

    9.- No juzgues
    Si alguien no es honesto contigo, es porque probablemente siente que lo juzgarás y lo harás sentir mal. Los humanos tenemos un miedo natural al rechazo, así que es vital que brindemos a otros la misma aceptación que deseemos para nosotros mismos.
    Asegurarles a las otras personas que poseemos una mente abierta es una buena forma de evitar juzgar y a la vez establecer una relación de confianza.

    10.- Se honesto
    La honestidad lo es todo. Si antes he dicho que no hay nada más importante que escuchar, no hagan caso, la honestidad lo es más aún. La verdad engendra verdad, pero ser totalmente honesto a veces puede asustarnos, porque a veces significa confiarle a otros aspectos importantes o privados de nuestra vida. Pero no podemos esperar honestidad, si nosotros mismos nos negamos total y brutalmente a ella.
    En situaciones en las cuales exiges la verdad, sería bueno que comenzaras por decir tu mismo la verdad. No hay sentimiento más bello que el saber que puedes confiar ciegamente en alguien. Bueno, tal vez el saber que alguien puede confiar ciegamente en ti.

    Mantén estas enseñanzas en mente. Ponlas en práctica a diario y cada vez que puedas. No hay cosa que la gente ame más que ser escuchado (realmente escuchado). Tal vez sea por eso que muchas personas visitan a los terapeutas y consejeros. Entre más objetivo, activo y comprometido seas a la hora de escuchar, más productivas y agradables serán tus conversaciones.

    Todo lo que necesitamos es un par de oídos, un cerebro, un poco de esfuerzo y empatía hacia la otra persona.

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