Sábado santo: Hoy callamos

sabado-santo-horizontalHoy es el único día del año en que no hay “lecturas de la misa”… Porque hoy no hay misa. Pero eso no significa “vacaciones”; significa “silencio”… Cualquiera que entienda un poco de música conoce el enorme valor expresivo que puede tener un silencio entre dos notas.

Entre “Viernes Santo” y “Domingo de Resurrección”, “silencio” significa “María”. También significa “sepulcro”, “tristeza”, y “esperanza”. Es sábado, el último día; el día en que Dios, terminada su obra, descansó y calló; el día en que su Palabra, realizado ya el encargo que su Padre le había encomendado, se sumió en el silencio de un sepulcro; el día en que los hombres, tras haber visto levantarse nuestros pecados y clavarse en el Hijo de Dios hasta matarle, callamos avergonzados; el día en que, tras haber recibido la Sangre de Cristo y haberle contemplado ofrecer su Vida al Padre para obtenernos el perdón, permanecimos cautivos de un tenso silencio, esperando la respuesta de lo Alto.

Acompañamos a la Virgen. Compartimos su tristeza y su esperanza, mientras desgranamos lentamente las cuentas del Rosario. Y callamos… callamos porque han sucedido muchas cosas, y más aún están por suceder. Callamos desde lo más profundo, y parece que toda la Creación nos acompaña, y medita, y espera… Hasta esta noche. Yo callaré también…

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2 comentarios en “Sábado santo: Hoy callamos

  1. ¡Qué bonito sería que todos, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, y también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre, como Jesús: Todo está cumplido; no con la perfección con la que lo dijo Él, pero sí decir: Señor, he hecho todo lo que he podido. Todo está cumplido. Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos, y también nos vendrá bien pensar en el final de nuestra vida. Ninguno sabe cuándo será, pero podemos pedir la gracia de poder decir: Padre, he hecho todo lo que he podido. Todo está cumplido.
    El Sábado Santo es el día en que la Iglesia contempla el reposo de Cristo en la tumba tras el victorioso combate de la Cruz. En el Sábado Santo la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe se recoge en Ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, Ella permanece sola manteniendo encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr Rm 4,18) en la Resurrección de Jesús.
    Y en la gran Vigilia Pascual, en la que resuena nuevamente el Aleluya, celebramos a Cristo Resucitado, centro y fin del cosmos y de la historia; velamos llenos de esperanza en espera de su vuelta, cuando la Pascua tenga su plena manifestación.
    A veces, la oscuridad de la noche parece penetrar en el alma; a veces pensamos: ya no hay nada que hacer, y el corazón ya no encuentra fuerzas para amar… Pero, precisamente en esa oscuridad, Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad más profunda. Sabemos que la noche es más noche, es más oscura poco antes de que comience el día. Pues, precisamente en esa oscuridad, es Cristo quien vence y enciende el fuego del amor.
    La piedra del dolor es removida dejando sitio a la esperanza. ¡He ahí el gran misterio de la Pascua! En esa santa noche la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado, para que en nosotros no haya el lamento de quien dice ya no…, sino la esperanza de quien se abre a un presente lleno de futuro: ¡Cristo ha vencido a la muerte, y nosotros con Él! Nuestra vida no acaba ante la piedra de un sepulcro; nuestra vida va más allá, con la esperanza en Cristo que ha resucitado precisamente de aquel sepulcro. Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la mañana, que saben discernir las señales del Resucitado, como hicieron las mujeres y los discípulos que acudieron al sepulcro el alba del primer día de la semana.
    Papa Francisco

    Fuente: romereports.com / vatican.va.
    Traducción de Luis Montoya.

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