Miércoles santo: Bendito miedo

miedo.jpegAnte el anuncio de Jesús: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar, los apóstoles se pusieron a preguntarle uno tras otro: – «¿Soy yo acaso, Señor?».

   No sé por qué lo harían; quizá, si las preguntas se formularon en voz alta, fue para quedar limpios ante los demás. Pero, en ese caso, Judas tendría que haber bajado la voz, y el Señor habría tenido el detalle de responder también en voz baja.

   Prefiero pensar que ninguno se fiaba de sí mismo. Cada uno de los once que permanecían fieles se sentía capaz de entregar a su Maestro. Conocían su debilidad, la huella que el pecado había dejado en sus almas, y temían… Yo también. He aprendido a no fiarme de mí mismo, y temo, más que nada en este mundo, que un día pudiera dejar la oración. Sé que ese día sería la víspera de mis traiciones. Por eso, cuando no encuentro fervor para rezar, rezo por miedo. No quisiera separarme de Jesús ni traicionarlo jamás.

   Sé que, poco después, Pedro se dejó llevar del entusiasmo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré (Mt 26, 33). Ése fue el inicio de sus caídas. Bendito miedo.

José-Fernando Rey

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