Martes santo: ¡comulga bien!

luz-en-la-oscuridadAunque la rezo todos los días, no puedo evitar sobrecogerme por dentro cada vez que mis labios, antes de comulgar, pronuncian esta oración: «la comunión de tu cuerpo y de tu sangre no sea para mí motivo de juicio y de condenación» (Del Misal Romano). El mero hecho de pensar que lo más sagrado y maravilloso de mi vida, la comunión eucarística, pudiera empujarme al Infierno me hace estremecer.

   Sin embargo, esa posibilidad, por terrible que parezca, existe. San Pablo dice que quien comulga el cuerpo del Señor y bebe su sangre indignamente come y bebe su propia condenación (Cf. 1Co 11, 27.29).

   Tras el bocado, entró en él Satanás. Cuando se está interiormente separado del Señor por el pecado mortal, la comida que se recibe de su mano se vuelve purga en el alma. Las entrañas, entonces, se revuelven, y lo que debería unirnos a Dios nos separa de Él. De algún modo, toda la Pasión no fue sino una enorme comunión sacrílega: el hombre partió y consumió cruelmente el Pan de Vida eterna.

   Comulga bien, por Amor de Dios. Mantén tu alma en gracia por el sacramento del Perdón. Recibe a quien amas, y ama a quien recibes.

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

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