¿Cuánto tarda una persona en enamorarse?

Sinttulo6-19He tardado menos de medio minuto en leer la escena. Nadie tardaría más. Pero, ¿cuánto tiempo duró realmente?

– ¿No eres tú el rey de los judíos? Pues sálvate a ti y a nosotros. – ¿Ni siquiera temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Y nosotros con razón, porque lo hemos merecido con nuestros hechos. Pero éste nada malo ha hecho.

Le bastó mirarlo. Al comprobar la paz de su rostro, la majestad en esos ojos llenos de escarnio, y su aceptación del sufrimiento, se dio cuenta –no supo cómo– de que era un hombre inocente, quizás el único hombre inocente. Se sintió sucio; nunca hasta entonces había sido consciente de la ponzoña de sus crímenes. Pero, ante la pureza de aquel hombre, se vio a sí mismo como era. Se arrepintió, confesó sus faltas, y proclamó la santidad de quien estaba crucificado a su lado. ¿Qué le faltaba? Sólo esto:

– Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu reino.

– Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Total: ¿media hora? Lo que tarda uno en enamorarse cuando los ojos miran despacio la bondad y hermosura del Crucifijo.

¿Cuánto tiempo necesitas para morir de Amor? ¡Abre los ojos!

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

2 comentarios sobre “¿Cuánto tarda una persona en enamorarse?

  1. QUERAMOS A TODOS

    Es ese amor negado en forma de servicio, de una sonrisa, de una llamada a tiempo; son esas cosas pendientes las que pesan: el amor que no se da… ¡duele!

    Primero lo escuché en una meditación. Después lo leí con detenimiento e hice mía cada palabra.

    Nunca había reflexionado sobre eso, acerca del dolor que puede llegar a provocar el amor que quedó pendiente, el amor que no se dio, ese que quedó sin usar, sin compartir. No pude menos que echarme a llorar como niña impotente suplicando al tiempo volver. ¡Qué pesar tan profundo sentí en mi corazón!

    “Seremos juzgados en el amor” (San Juan de la Cruz). Pero, ¿qué duele? Justo eso, el desperdicio, la pérdida de tiempo. El amor no compartido, el amor sofocado ¡duele! Por eso hay que amar en este instante, en cada segundo porque se hace tarde…

    Esta es quizá la gran paradoja de la vida: el único modo de no tener dolor es no amar. Pero si no amamos siempre tendremos dolor porque una vida sin amor no es vida.

    Para qué esperar a lamentarnos, a vivir afligidos. Es una realidad que cuando por alguna circunstancia ya no estamos cerca de ese ser querido, todo aquello que no le dijimos, que no le demostramos o que dejamos de hacer por él nos dolerá.

    O quizá esa persona siga junto a nosotros, pero…

    Es ese amor negado en forma de servicio, de una sonrisa, son esas cosas pendientes las que pesan, las que taladran el alma.

    “En vida, en vida”.

    Luego las personas somos tan necias que queremos esperar a ocasiones especiales para demostrar nuestro amor, momentos que quizá nunca llegarán. Hoy no, mañana quizá… ¡No! ¡El amor no puede esperar! Las oportunidades para amar uno mismo las debe de ir creando, construyendo.

    ¡Cuánto amor desaprovechado por soberbia y malos entendidos! Ya no hay tiempo. Este es el instante cuando debemos trabajar por dejar en los demás huellas de amor y no cicatrices de dolor. Que no nos quede nada por decir ni nada por hacer.

    No perdamos más tiempo sin amar, sin demostrar -sobre todo, a nuestros más allegados- lo importantes, valiosos y amados que son para nosotros. Hagamos vida estas palabras: “gracias, perdóname, te amo, te perdono”.

    Amemos, amemos más, amemos aún más porque el amor es lo único que se multiplica cuando se reparte. Amemos con tal profundidad, con tal pasión y entrega que cuando lleguemos a la presencia de Dios podamos decirle mirándole a los ojos: “Más no pude haber amado”.

    ROSA

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  2. | Ago 31, 2019

    SABER ESCUCHAR

    Con algunos aspectos prácticos podemos mejorar la calidad de nuestras conversaciones y evitar discusiones.

    La comunicación es un componente fundamental en nuestras relaciones. Incorporar buenos hábitos que nos ayuden a perfeccionarnos nos pueden convertir en mejores comunicadores a la hora de empatizar con el otro, ser escuchados como deseamos y expresarnos mejor.
    1
    Aprender a escuchar
    Por lo general se escucha poco porque nos distraemos fácilmente o porque preferimos ser nosotros los que decimos algo. Cuando hablamos tenemos el control de la situación, somos el centro de atención y no tenemos que escuchar algo de lo que no estamos tan interesados.

    No escuchamos con la intención de entender, sino más bien con la intención de responder y transmitir algo que queremos decir. La escucha y prestarle atención al alguien, requiere de un esfuerzo que es fundamental para estar en una conversación real con el otro.
    2
    Reconocer que no sabemos algo cuando no sabemos
    Escuchar a una persona que siempre “sabe todo” es aburrido y predecible. Es bueno saber reconocer que hay muchas cosas que no sabemos e iniciar una conversación con la conciencia de que siempre tenemos algo por aprender.

    La escucha sincera requiere ponerse uno mismo y las opiniones personales a un lado y dejar entrar al otro. Todos somos expertos en algo y cada persona que llegamos a conocer, puede saber algo que nosotros no. Esa es una verdadera oportunidad.
    3
    Estar presentes con el otro
    A la hora de comunicarnos es importante centrarnos en el momento presente. No sólo dejar de lado el móvil, la computadora, las llaves o lo que uno tenga en las manos, sino estar totalmente presentes con el otro de manera que sienta que es valorado.
    Muchas veces la mente nos lleva a otros sitios mientras estamos escuchando al otro. Lo hacemos durante unos minutos y luego pensamos en otras cosas. Si uno desea salir de la conversación, es mejor abandonarla pero no estar mitad presente y mitad ausente.
    4
    No comparar experiencias personales
    Al escuchar algo podemos sentir la tentación de comparar nuestras propias experiencias con las de los demás, pero es verdad que cada experiencia se vive de modo individual y lo que necesita esa persona en ese momento es ser escuchada antes que recibir consejos.

    Sea por la pérdida de un familiar o un problema laboral que esté atravesando, nunca es lo mismo. La comparación no sirve. No se trata de uno, sino del otro. No es bueno usar un momento difícil para mostrar cuánto uno ha sufrido o qué superado ha sido al salir adelante.
    5
    No ser repetitivos o extensos en el discurso
    Ser repetitivos puede ser aburrido. Tendemos a hacerlo mucho especialmente en conversaciones de trabajo o con nuestros hijos: cuando tenemos una idea, la seguimos parafraseando una y otra vez sin sentido.

    Hay que ser claros en lo que queremos transmitir. La gente no está interesada en los detalles que no aportan. La vida diaria no es como leer una novela. A la gente no le importa. Lo que le interesa es la persona, como és y lo que se tiene en común con ella.

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