No vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros

Shrek y Gato_800Probablemente recuerdes esa graciosa historia de aquel labrador que, despatarrado y orondo en su burro, volvía del campo con el hijo, que caminaba detrás.
El primer vecino con quien se toparon afeó la conducta del labriego: —¿Qué? ¿Satisfecho? ¡Y al hijo que lo parta un rayo!
Apeose el padre y montó al hijo. Unos cien pasos darían cuando una mujer se encaró con ellos: —¡Cómo! ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
Bajó éste abochornado, y amigablemente conversaban tras el jumento, cuando un guasón les tiró una indirecta: —¡Ojo, compadre, no tan deprisa que se les aspea el asno!
No sabiendo ya a qué carta quedarse, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho, y alguien les voceó de nuevo: —¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal va arrastrando el alma por el suelo?

En fin, ya solo les quedaba a los pobres cargar ambos con el burro. A parte de lo gracioso de la anécdota, podemos concluir que no vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros. Acabaríamos volviéndonos  locos o haciendo el ridículo. Y es que resulta imposible complacer a todos: no somos monedas de oro que a todos gustan.

Por desgracia la preocupación del “que dirán” se abate sobre muchas almas y puede llegar a ser agobiante. Es como una especie de terror a hacer el ridículo; una obsesión por ser “como todos”; una preocupación excesiva por la propia imagen que puede terminar por hacernos daño.
Tampoco se trata de ser unos tipos raros, distintos a todos, que llevan la contraria por sistema… No. Más bien de lo que se trata es de encontrar un equilibrio sano; podemos, por ejemplo, seguir razonablemente algunas modas pero no ser esclavos de ellas. Así lograremos no sacrificar la libertad personal, nuestras ideas, nuestras convicciones, en aras de ser “como los demás” para no llamar nunca la atención. Y es que las convicciones profundas y el pensamiento propio son fuentes de libertad personal.
¡Ah! y para cuando aparezcan las críticas de los demás a tu comportamiento, recuerda que hay gente que presume de libertad y de autenticidad, que quizá repiten que a ellos nadie les influye, etc, y luego resulta que obedecen sumisamente las modas, las costumbres y repiten como papagayos los eslóganes y consignas que otros han establecido como intocables. En el Año de la Misericordia: comprensión con los demás pero coherencia con nosotros mismos!! Animo  (fuente)

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