¿Por qué no basta con el deseo de ayudar?

gafas humorImagínate que padeces un serio problema de visión y decides acudir a la consulta del oculista. El médico, después de escuchar brevemente tu explicación, saca del bolsillo sus gafas y te las entrega mientras dice con gesto solemne: —«Póngase usted estas gafas. Yo las he usado durante diez años y me han ido estupendamente.»
Tú pones una cara de asombro mayúsculo, y el oculista, sin pestañear, añade: —«No se preocupe, tengo otras en casa, puede usted quedarse con éstas.»
Con un escepticismo difícil de superar, te pruebas esas gafas y, como era de prever, ves aún peor que antes, y te quejas: —«Por favor, ¿cómo me van a servir sus gafas a mí? Veo todo borroso.»
—«Oiga, haga el favor de poner más empeño», responde con gravedad el oculista. —«Ya lo pongo, pero no veo nada», contestas ya al borde de la ira.
El oculista insiste: —«Sea usted más paciente y colabore, por favor. Tienen que servirle. A mí me han ido muy bien todos estos años.»
Al final te vas de allí, escandalizado ante semejante incompetencia, y el oculista se queda pensando: —«Hay que ver, qué hombre más ingrato. No he logrado que me comprenda. Yo sólo pretendía ayudarle y… ¡cómo se ha puesto!».

Aveces, nos sentimos frustrados porque alguien no nos comprende, o porque rechaza nuestros consejos, y quizá nos quejamos de que no pone interés en escucharnos. Pero en realidad lo que ocurre con frecuencia no es que a esa persona le falte interés, o le falten “entendederas”, sino que nosotros estamos equivocando el planteamiento, y esa persona no entiende lo que le decimos porque nos faltan “explicaderas” a nosotros.

Por eso en este año de la misericordia si queremos ayudar a los demás, es preciso primero comprender bien cual es su verdadero problema, para luego poder diagnosticar bien, y finalmente aconsejar bien. (fuente)

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8 comentarios en “¿Por qué no basta con el deseo de ayudar?

      1. Hola, me equivoqué en el comentario para Don Rafael y se lo puese a Rosa.
        No obstante, un abrazo para los dos. Espero poder seguiros desde Brasil.

  1. Juan Pablo II, escribía: «Si queremos, pues, penetrar en el núcleo de la moral evangélica y comprender su contenido profundo e inmutable, debemos escrutar cuidadosamente el sentido de la pregunta hecha por el joven rico del evangelio y, más aún, el sentido de la respuesta de Jesús, dejándonos guiar por Él. En efecto, Jesús, con delicada solicitud pedagógica, responde llevando al joven como de la mano, paso a paso, hacia la verdad plena». Jesús no da propiamente una solución al problema planteado, ni una respuesta taxativa: ésta, quizá, permitiría saber qué es la vida eterna, pero eso no basta para alcanzarla, pues conseguirla consiste en una tarea que empeña la vida entera. El Señor −que conoce bien cómo es cada alma− actúa sin apresuramientos: quiere poner a su interlocutor en las mejores condiciones para adherirse de un modo profundo, personal y duradero al ideal que busca, ese ideal que consiste en ser perfecto ante el Señor, tu Dios (Dt 18, 13), y que se identifica con vivir por Él y en Él.

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