“Se sentían seguros y despreciaban a los demás”

soberbia-1Hoy la Iglesia nos propone en la misa la parábola del fariseo y el publicano. Está dirigida a un grupo muy concreto: a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás.

Si vivimos en gracia, somos un pueblo santo, consagrado por Dios. No, no es malo “tenerse por justo”. Lo malo está en “sentirse seguro de uno mismo”, porque como dirá el Apóstol: Quien crea que está en pie, tenga cuidado no caiga (1Co 10, 12). Y es que, sin Dios, nosotros solos, no podemos hacer nada meritorio. Lo que hay de bueno en nosotros, lo recibimos de Él. Y si nos desviamos de su Amor, lo perdemos. Nuestra justicia es prestada, no nuestra.

Pero si damos el paso de “despreciar a los demás”, entonces ya sí que lo perdemos todo. Porque, al hacerlo, juzgamos al prójimo: cosa que solo le corresponde a Dios… Nos hemos apartado de su amor misericordioso… Pero ahí no está Dios, nos hemos quedado solos, con nuestro pecado.

¿Qué haremos tu y yo en esta Cuaresma? Diremos con el publicano: ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. Reconoceremos nuestro pecado y nuestra condición pecadora. Hay gente que llevan años luchando por vencer al pecado mortal sin, aparentemente, conseguirlo. Luchan con denuedo, lloran sus caídas, recomienzan una y otra vez… En sus corazones hay amor sincero a Dios, un amor contrito y penado por la debilidad humana… Pero acaso y, por encima de todo, no consiste la santidad en amar… Santa María, ayuda a tus hijos que aunque pecadores amamos a tu Hijo

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2 comentarios en ““Se sentían seguros y despreciaban a los demás”

  1. Los males que pueden afectar al hombre son de tres tipos y, por tanto, que le harán infeliz o desgraciado, porque añade Santo Tomás: «de triple modo se puede apetecer una cosa». Un primer género es de los deseos naturales que se refieren al «ser y vivir», y, por tanto, a la conservación del propio ser y de la vida sensitiva e intelectiva, grados superior de participación del ser. Un segundo es el de los deseos por «algo por elección o premeditación», o de la búsqueda de bienes que se apetecen libremente. Por último, un tercer tipo de deseos son los que surgen no de desear algo «no queriéndolo directamente, sino en su causa», porque la voluntad humana desea natural y necesariamente el bien en general.

    La misericordia la puede provocar, por tanto, tres grados de miseria o males no deseados. Hay misericordia: «En primer lugar, en aquello que repugna el apetito natural del que desea, cuales son los males que arruinan y contristan, cuyos contrarios apetece el hombre». Todavía provoca mayor misericordia los males que: «en segundo lugar, van contra la voluntad de elección». Males que: «como se dice en la Retórica de Aristóteles, son más dignos de compasión, “cuya causa es la “fortuna”, esto es, “cuando sobreviene un mal esperándose un bien” (Retórica, c. 2, n. 8)».

    Finalmente como hay males que mueven todavía a más misericordia, porque: «contradicen en todo a la voluntad, como cuando llueven males al que siempre abundó en bienes. De aquí que añada Aristóteles, en el mismo libro, que “la misericordia llega a su extremo en los males que uno indignamente padece” .

    Una objeción, que presenta Santo Tomás a la afirmación que la miseria es el motivo de la misericordia, es que: «La culpa no incita a la misericordia antes bien provoca indignación». Responde a la misma con la siguiente observación: «La culpa es por su misma esencia voluntaria. En este sentido no es objeto de misericordia sino de castigo. Más dado que la culpa puede ser de algún modo pena, o sea, en cuanto lleva anejo algo que es contra la voluntad del pecador, en este sentido puede inspirar también misericordia. Bajo este aspecto tenemos piedad y compasión hacia los pecadores, como escribe San Gregorio en una homilía: “La verdadera justicia no ostenta desdén”, a saber, con los pecadores, “sino compasión” (In Evang. 2 homil. 34). Y en San Mateo se lee: “Viendo Jesús las turbas, tuvo misericordia de ellas, porque estaban fatigados y decaídos, como ovejas sin pastor”».

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