La vida es sueño… Qué digo sueño: ¡juego!

Dice mi amigo Enrique Monasterio en su blog que la fotografía de arriba “es la fotografía más aterradora que he visto en los últimos años: cientos de personas desconectadas del mundo gracias a unas maquinitas que proporcionan a cada usuario una realidad virtual, con muchos juegos en 3D, música ratonera, explosión de colorines y demás elementos hipnóticos.Ya está aquí Matrix. Las máquinas nos poseen. Ellas nos proporcionarán la dieta intelectual que nos convenga para salvaguardar la paz social. Ellas promulgarán las leyes y las aplicarán con diabólica precisión; ellas votarán por nosotros. Y ya no nos pelearemos con el prójimo porque el prójimo habrá dejado de existir.Así es, amigo Kloster; la vida no será sueño, como quiso Calderón, sino juego, un juego terrible del que no querremos despertar.

  •  Juega el rico en su riqueza,
  • que más cuidados le ofrece;
  • juega el pobre a que padece
  • su miseria y su pobreza;
  • juega el que a medrar empieza,
  • juega el que afana y pretende,
  • juega el que agravia y ofende,
  • y en el mundo, en conclusión,
  • todos juegan con su Iphón,
  • aunque ninguno lo entiende.
  • Yo juego a que estoy aquí
  • con estas gafas cegado,
  • y jugaré en otro estado,
  • en Lugo o Algemesí.
  • ¿Qué es la vida? Un frenesí.
  • ¿Qué es la vida? Una ilusión,
  • una sombra, una ficción
  • que hacen del hombre un borrego;
  • que toda la vida es juego
  • y los juegos, juegos son
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2 comentarios en “La vida es sueño… Qué digo sueño: ¡juego!

  1. “Estás viciado”. Llevo oyendo esa expresión prácticamente desde el comienzo de mi vida como jugador, que es más o menos desde que tengo memoria. A veces con tono socarrón (cuando proviene de alguien que comparte la afición contigo) y otras con aire de honesta preocupación (cuando quien se dirige a ti desconoce el medio y sus hechuras). El “vicio” por los videojuegos, como un alegre e impreciso sinónimo de adicción a ellos, se ha convertido en uno de los diagnósticos más ligeramente despachados por quienes no tienen la preparación necesaria para darlo.

    El tema, como casi siempre ocurre, es más complejo y tiene muchas más lecturas que las dadas generalmente en nuestros círculos de amigos, eventos del sector, medios especializados o foros digitales. Pero si nosotros mismos, quienes disfrutamos asiduamente de los videojuegos, somos los primeros en tomarnos con distensión el asunto, más grave es cuando determinados personajes reciben la atención necesaria para dar voces de alarma que despiertan preocupación y hasta miedo de forma gratuita. ¿Cuántos padres o tutores, en su humilde desconocimiento del asunto, no se habrán visto asustados por los apocalípticos e irresponsables análisis realizados por este tipo de interlocutores?

    El tema me interesa mucho y da para una discusión madura. Por descontado, ésta requiere de una apropiada documentación, que iré compartiendo con vosotros, para establecer unas bases adecuadas y que además nos permitan tener una defensa apropiada ante las irreflexivas acusaciones desde determinados frentes. Frente al chaparrón de la ignorancia no hay mejor paraguas que la razón.

    De qué hablamos cuando hablamos de adicción
    Fijaos si es complicada la cosa, que uno se pone a leer estudios publicados por expertos y se da cuenta que ni siquiera hay un consenso claro entre ellos a la hora de abordar la adicción en el mundo del videojuego. Los hay quienes consideran que la adicción al juego online debe tratarse bajo el mismo enfoque que la del juego offline tradicional (John P. Charlton, Ian D.W. Danforth) y quienes piensan que se le debe dar un enfoque más próximo al de la adicción a Internet en general (Van Rooij, Schoenmakers, Vermulst, Van den Eijnden, Van de Mheen), o por ser más precisos en el lenguaje, al contenido y las interacciones que se pueden encontrar online.

    De hecho, son bastantes más los factores que se tienen en consideración por los especialistas que un simple cómputo de horas invertidas (Griffiths); seis en concreto: prominencia (esto es, cuando el juego online se impone a los demás aspectos en la vida de la persona), cambios de humor (fuertes sentimientos experimentados durante las sesiones de juego), tolerancia (la cantidad de tiempo requerida por el jugador para experimentar una estimulación suficiente), síntomas de apartamiento (malestar e incomodidad que puede llegar a dar signos físicos cuando se está un tiempo sin jugar), conflicto (con quienes rodean al jugador, con otras actividades de su vida o con él mismo a causa del juego) y recaída (repetición de patrones anteriores en relación a la conducta de juego tras un periodo de control y estabilidad).

    Jugar online muchas horas no es sinónimo de ser adicto.
    Queda claro pues que el asunto es mucho más complejo e involucra muchos más factores que una simple cuestión de horas invertidas en juego online. Hay lógicamente una relación entre el nivel de adicción y el tiempo dedicado a la actividad, pero los factores antes expuestos y un amplio conjunto de motivaciones son mucho más determinantes para establecer el diagnóstico (Zanetta Dauriat, Zermatten, Billieux, Thorens, Bondolfi, Zullino, Khazaal). Como muy bien apunta Griffiths en otro estudio (enlace):
    “La diferencia entre un elevado entusiasmo saludable y una adicción es que el entusiasmo saludable aporta algo a la vida, en vez de restarle.”

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