El “pasito a pasito” del lobby pro-muerte

Tine Nys.jpgA Tine Nys, una chica belga de 38 años, la abandonó su novio. Y se suicidó. No lo hizo sola, sino con la colaboración de un equipo médico. Todo fue tan fácil como hacerse de un papel que certificara que padecía algún trastorno psiquiátrico –el elegido fue “autismo”–, y listo: ya podían proceder. En su país, una enfermedad mental es argumento suficiente para acabar con la propia vida.

En Bélgica y Holanda, donde los pacientes psiquiátricos pueden acceder al suicidio asistido, muchas veces el procedimiento se efectúa con prisas y atropellando las normas. FuenteAceprensa | Directo al tanatorio, sin pasar por el psiquiatra

Aunque los hechos de Tine  Nys acontecieron en 2010, el caso ha salido recientemente a la luz en un documental, y ha provocado gran indignación. Según sus padres, Tine se propuso “comprar” a un médico que le practicara la eutanasia y a otros dos que confirmaran su condición autística y el sufrimiento derivado de esta, y validaran su decisión.

Haber hecho del suicidio una opción fácil e indolora ha animado a más personas, especialmente mujeres, a quitarse la vida

Pero el proceso estuvo plagado de chapuzas. Pifias materiales y psicológicas, como el no disponer siquiera de esparadrapo para mantener la aguja en el brazo de Tine, o decirles a los padres, presentes en la sala, que todo sería tan sencillo como “una inyección que se pone a la mascota favorita para que deje de sufrir”.

Hubo también chapuzas de procedimiento. Así, se ha conocido que uno de los dos doctores encargados de supervisar el proceso –uno de ellos, psiquiatra– no estuvo de acuerdo en avalar su eutanasia —“pero era la decisión de ella”, justifica—, o que la comisión creada por las autoridades para analizar las peticiones en este sentido dio la autorización muy apresuradamente, si bien debe pasar al menos un mes entre la solicitud del paciente y su muerte; o que en ningún momento, aunque la chica fue diagnosticada como autista, se le ofreció tratamiento alguno que evitara su deterioro psicológico. Para la comisión, sin embargo, la muerte fue “conforme con la ley”.

Hoy los tres médicos enfrentan una demanda judicial por parte de la familia. Lo paradójico es que todos –el padre, la madre y las dos hermanas– estuvieron presentes en el momento final. El tema no parece ser el qué, sino el cómo, pues “ninguna de las dos hermanas se oponen a la eutanasia”, subraya LifeSiteNews.

“Muerte indolora, más muertes”

En el país vecino, Holanda, las cosas van de modo parecido. Allí también el sufrimiento psicológico es causa para despachar expeditamente a los solicitantes. Y por supuesto, con la manga ancha también vienen los errores frecuentes y las interpretaciones particulares de la legislación.

Un reciente estudio,Eutanasia y suicidio asistido de pacientes con trastornos psiquiátricos en Holanda entre 2011 y 2014”, conducido por los psiquiatras estadounidenses Scott Kim y John Peteet, a partir de los datos publicados por los comités regionales supervisores de la eutanasia en el país europeo, examinó una muestra de 66 personas a las que se había aplicado el suicidio asistido. Se constató que 36 de ellas habían sufrido depresiones, mientras que el resto evidenciaba trastornos psicóticos, neurocognitivos, de estrés postraumático, de autismo y de angustia prolongada. Muchos sufrían igualmente los efectos de la soledad y el aislamiento social.

Hay revelaciones verdaderamente llamativas, como que la determinación de si se efectuaba o no la eutanasia recayó en equipos médicos cuyos integrantes no siempre coincidieron en la necesidad del procedimiento (la cuarta parte de los casos), y otros que prescindieron de auxiliarse de un criterio psiquiátrico independiente (uno de cada diez).

Asimismo, se conoce que 46 –más de dos tercios– de los solicitantes de eutanasia eran mujeres, toda una contradicción con la ratio que se observa entre mujeres y hombres respecto a los suicidios no asistidos: 43% vs. 57%. Los autores hacen una lectura impactante de este último fenómeno: “Es posible que la disponibilidad de la ESA (eutanasia-suicidio asistido) haga que las mujeres con padecimientos psiquiátricos vean más factible su deseo de morir”.

En idéntica línea, el Dr. Paul Appelbaum, de la Universidad de Columbia, señala –citado por MedScape– que, precisamente por hacer del suicidio una opción fácil e indolora, las leyes en la materia han animado a muchas personas –especialmente mujeres– a quitarse la vida, lo que no habrían hecho de no tener esa oportunidad.

El deseo expreso de morir de un paciente psiquiátrico es un reflejo de los cambios de ideas debidos a su trastorno, pero este puede ser tratado eficazmente o responder a modificaciones positivas en su ambiente.

¿Y si las circunstancias cambian?

No es demasiado difícil advertir cómo lo que comienza promocionándose como un proceso serio y con todas las garantías –el acceso legal a una pretendida “muerte digna”– puede terminar relajándose y dejando precisamente sin garantías al solicitante, que tampoco siempre lo tiene tan claro, pues muchas veces la petición es resultado del propio trastorno mental.

Muestra de ello es lo que sucede en Oregon, uno de los 4 estados de EE.UU. que ha autorizado el suicidio asistido –teóricamente no para pacientes psiquiátricos–. El Dr. Steven A. King, de la New York University School of Medicine, cita en Psychiatric Times un estudio que halló que apenas el 3% de quienes pidieron la eutanasia en 2014 en Oregon fueron remitidos a un especialista que valorara su salud mental. El coladero, a la orden.

“Hay un riesgo real de que el deseo expreso de morir de un paciente [psiquiátrico] sea aceptado muy fácilmente –explica a Aceprensa el Dr. Appelbaum–, pese a que ello es realmente un reflejo de los cambios de ideas debidos a su trastorno (por ejemplo, la desesperanza que acompaña a una depresión), que puede ser tratado eficazmente, o responder a modificaciones positivas en su entorno”.

Lo que hoy parece insoportable, un día puede cambiar si los amigos comienzan a visitar al paciente; si regresa un novio o una novia; si el enfermo encuentra un trabajo. La respuesta de muchas condiciones psiquiátricas a los cambios en su medio vuelve muy problemática la aplicación del criterio de ‘sufrimiento insoportable’. Además, dado que no muchos pacientes prueban todos los posibles tratamientos, en bastantes casos no se agota el potencial de algunos de estos para mitigar su condición”.

“La posibilidad de error [en este tipo de “candidatos a la eutanasia”] –concluye el Dr. Appelbaum– es mucho más alta que en casos de estado terminal como los de cáncer”.

El “pasito a pasito” del lobby pro-muerte

Ningún error, no obstante, supone un alto en las acciones del lobby proeutanasia, siempre graduales. Como en Bélgica. Su primer objetivo era encajar las solicitudes de adultos con enfermedades graves incurables, pero de ahí pegó el “salto de calidad”, al incluir a niños, a pacientes psiquiátricos y a personas simplemente “cansadas de la vida” (ver Aceprensa, 24-08-2015.

En España, entretanto, donde algunas fuerzas políticas coquetean con el tema, una asociación que pugna por la legalización de esa práctica adopta el tono de moderación necesario para evitar asustar al público. Las eutanasias, según este grupo, han de realizarse “a petición expresa, reiterada en el tiempo e informada de los pacientes en situación de capacidad”, “en un contexto de sufrimiento debido a una enfermedad incurable, que los pacientes experimentan como inaceptable y que no ha podido ser mitigado por otros medios”, y las llevarían a efecto “profesionales sanitarios que conocen a los pacientes y mantienen con ellos una relación clínica significativa”.

El “regalo”, pues, primorosamente envuelto. Solo que un simple repaso a todos los disparates y violaciones que se cometieron en el caso de Tine basta para desmontar estas pretendidas garantías. Que en Bélgica y Holanda fueron humo, simplemente

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8 comentarios en “El “pasito a pasito” del lobby pro-muerte

  1. El concepto de «dignidad humana» se invoca, paradójicamente, tanto para defender la eutanasia como para rechazarla.
    Así, para los defensores de la eutanasia, la dignidad humana del enfermo consistiría en el derecho a elegir libremente el momento de la propia muerte, evitando los que fueran de otra forma, inexorables dolores y situaciones que socavan la humanidad misma del enfermo.
    Para sus detractores, el ser humano no posee dignidad, sino que es en sí mismo un ser digno, independientemente de las condiciones concretas en las que viva.

    La muerte digna es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. Es el respeto por la dignidad del ser humano hasta la hora de su muerte natural. Una muerte digna no consiste sólo en la ausencia de tribulaciones externas, sino que nace de la grandeza de ánimo de quien se enfrenta a ella. Morir con dignidad no significa elegir la muerte, sino contar con la ayuda necesaria para aceptarla cuando llega.
    El dolor, actualmente, se puede controlar. Se disponen de medidas capaces para neutralizar el dolor.15 Según algunos autores, resultaría incongruente seguir abogando por la eutanasia y el suicidio asistido por motivos de compasión.

    La eutanasia es la acción o inacción hecha para evitar sufrimientos a personas próximas a su muerte, acelerándola ya sea a sabiendas de la persona o sin su aprobación. Se puede considerar también como el hecho de morir sin experimentar dolor.
    La palabra deriva del griego εὐθανασία /euzanasía/, que significa ‘buen morir’: εὖ eu (‘bueno’) y θάνατος tánatos (‘muerte’).
    La Asociación Médica Mundial (AMM) la define como “la realización en forma intencional y con conocimiento de un acto con la clara intención de poner término a la vida de otra persona […]”.
    A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la eutanasia como “darle muerte intencionalmente aquellos quienes han expresado el deseo competente y libre de ser asesinados”.

    La eutanasia tiene por finalidad evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida de un enfermo. La eutanasia se puede realizar con o sin el consentimiento del enfermo.
    Sin embargo, la Organización Médica Colegial española y otras instituciones no aceptan la distinción terminológica entre «activa» y «pasiva», porque lleva a confusión. Consideran que la eutanasia es siempre deontológicamente condenable, y que es distinta del acto médico de suspender un tratamiento inútil.
    •Eutanasia directa: Adelantar la hora de la muerte en caso de una enfermedad incurable. Esta a su vez posee dos formas: •Activa: Consiste en provocar la muerte de modo directo. Puede recurrirse a fármacos que en sobredosis generan efectos mortíferos.
    •Pasiva: Se omite o se suspende el tratamiento de un proceso nosológico determinado (por ejemplo una bronconeumonía), o la alimentación por cualquier vía, con lo cual se precipita el término de la vida. Es una muerte por omisión.
    De acuerdo con Víctor Pérez Varela, «la eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir, prolonga el morir».
    Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.

    •Eutanasia indirecta: es la que se verifica cuando se efectúan, con intención terapéutica, procedimientos que pueden producir la muerte como efecto secundario. Por ejemplo, la administración de analgésicos narcóticos para calmar los dolores. Los mismos, como efecto indirecto y no buscado, provocan disminución del estado de conciencia y posible abreviación del período de sobrevida. Aquí la intención, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una consecuencia previsible pero no perseguida. Entra así en lo que desde Tomás de Aquino se llama un problema de doble efecto
    Quien se ha convencido de esto, quien termina su vida, ya sea voluntariamente a través de la abstención de recibir alimentos o es puesto a dormir y encuentra salvación sin darse cuenta de la muerte. Contra su voluntad no se debe matar a nadie, se le debe prestar cuidados igual que a cualquier otro.

    En el presente, se sustentan diferentes opiniones sobre la eutanasia y son variadas las prácticas médicas y las legalidades en los distintos países del mundo. En general en los hospitales, los profesionales de medicina paliativa, en residencias especializadas en el tratamiento de enfermos terminales (hospice en inglés), en los domicilios particulares, y también los grupos de autoayuda, trabajan por la humanización en el trato con los moribundos y quieren contribuir a superar la distancia entre la vida, la muerte y las prácticas médicas.

    Sobre la dignidad de la vida humana
    El concepto de «dignidad humana» se invoca, paradójicamente, tanto para defender la eutanasia como para rechazarla.
    Así, para los defensores de la eutanasia, la dignidad humana del enfermo consistiría en el derecho a elegir libremente el momento de la propia muerte, evitando los que fueran de otra forma, inexorables dolores y situaciones que socavan la humanidad misma del enfermo.
    Para sus detractores, el ser humano no posee dignidad, sino que es en sí mismo un ser digno, independientemente de las condiciones concretas en las que viva.

    La muerte digna es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. Es el respeto por la dignidad del ser humano hasta la hora de su muerte natural. Una muerte digna no consiste sólo en la ausencia de tribulaciones externas, sino que nace de la grandeza de ánimo de quien se enfrenta a ella. Morir con dignidad no significa elegir la muerte, sino contar con la ayuda necesaria para aceptarla cuando llega.
    El dolor, actualmente, se puede controlar. Se disponen de medidas capaces para neutralizar el dolor. Según algunos autores, resultaría incongruente seguir abogando por la eutanasia y el suicidio asistido por motivos de compasión.

  2. Bueno, Isabel, y sin ánimo de entrar en polémica, pero me parece que no se trata de “cómo” quiero vivir o morir… Si no de si yo puedo darme la vida a mi mismo y si puedo quitarme la vida. Si no puedo lo primero, parece que tampoco debiera lo segundo, pues no me corresponde,.. Aunque, en fin, por poder, lamentablemente, sí que se puede…

  3. D Rafael ..Es verdad uno mo puede decidir si quiere nacer igual si me llegan a preguntar igual era que no…..pero a morir puedo decidir cuando y cómo.Es parte de mi libertad igual q ser atea o creer en Dios.

    1. Isabel, y de nuevo sin ánimo de polémica, pero “parte de mi libertad” es como decir que forma parte del “kitt” de la libertad escoger eso, y en verdad, aunque se puede hacer, no forma parte de ese kit, más bien parece un abuso de la libertad. Saludos Isabel y que tengasbuen día. Parece que se está arreglando la internet, y sin tener que revisar el recibo del wifi jeje

      1. Hola ….supongo que ver gritar a una persona de dolor antes de morir te plantees hasta que punto la eutanasia es una elección. Adios. Gracias y perdón si soy excesiva. .

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