Si quieres ser feliz…

Felicidad-Verde.jpg

Dice un salmo que la Ley del Señor es perfecta, y es descanso del alma (Sal 19, 9). Con frecuencia pensamos que cumplir la Voluntad divina disgusta, y el pecado gusta. Pero pronto aprendemos que lo amargo y vacío es pecar. Sí, pecar mata, y, antes de matar, nos deja exhaustos en nuestra desgracia.Hoy nos dice el Señor:

Quien cumpla y enseñe estos preceptos será grande en el reino de los Cielos.

Por el contrario quien cumple la Ley de Dios goza de paz en alma. Aunque externamente parezca que se fastidia, vive sosegado, porque descansa en el Amor. Tiene, como Juan, la cabeza reclinada sobre el pecho del Maestro… Así que ya lo sabes, si quieres ser feliz, cumple la Ley de Dios; al fin y al cabo, es como el manual de instrucciones del Creador.

Además descubrirás que no estás solo. Estamos entrelazados mucho más de lo que pensamos. El Señor insiste:

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Lo de «enseñar» significa que nuestra vida está “al aire”, y muy especialmente con los que convivimos de cerca. Por eso, la mejor lección, o la peor, es nuestro ejemplo. Y cuando nuestra conducta no sea precisamente “ejemplar”, que al menos, vean nuestros deseos de ser mejores y que nos duelen nuestras negligencias. ¡Que se note que estamos enamorados!

2 comentarios en “Si quieres ser feliz…

  1. ¿Quieres ser feliz? En este caso la respuesta es clara: sí, todos queremos ser felices, todos queremos lograr una vida plena, mirar atrás al final de nuestros días y poder decir: ha valido la pena que yo existiera, no he resultado indiferente, he sido útil, he dejado poso…

    El secreto que aprende quien se acerca a Jesucristo es que lo que nos hace felices también nos hace santos. Con razón dice san Josemaría que «la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra», porque nuestros sueños son los del Señor: Él no desea otra cosa que ayudarnos a cumplir nuestras aspiraciones más altas, colmar e incluso superar los deseos de infinito que cada uno llevamos dentro.

    Cuentan que un sabio dijo un día a sus seguidores: «Cuando llegaréis a las puertas del Cielo, os harán una sola pregunta, ¡una sola! ». Quienes le rodeaban, intentaban adivinar la cuestión: «¿Has cumplido los mandamientos? », le preguntaba uno; «¿Has ayudado a los pobres? », decía otro; «¿Has rezado mucho? ¿ibas a la iglesia? ¿has amado al prójimo?…». El sabio, sonriendo, señaló: «La única pregunta será, sencillamente, ésta: “¿Has sido feliz?” Quien responda afirmativamente, tendrá un sitio ante Dios».

    Confiar en Dios nos permitirá soñar con ambición y nos liberará del freno más fuerte: el miedo a fracasar. Pero, para ser verdaderamente libres, es necesario hacer las dos cosas: fiarse y soñar.

    Queridos jóvenes −ha dicho Papa Francisco−, ¡no enterréis vuestros talentos, los dones que Dios os ha regalado! ¡No tengáis miedo de soñar cosas grandes!». Cuando nos enamoramos, participamos en una actividad solidaria o prestamos un servicio valioso a un amigo, percibimos que son momentos que sacan a la luz un poco de la grandeza de la que somos capaces. Intuimos que la verdadera felicidad está al final de un largo camino, en el que no hay atajos. Por eso, es necesario llenar la vida de ideales, entusiasmarnos con objetivos que nos obliguen a estirarnos para dar más, a crecer con empeño para sacar lo mejor de nosotros mismos. Por eso, si nos faltan ideales que den sentido a una vida, ¿quién hay mejor que Dios para poder orientarnos? La fe nos abrirá esas inquietudes a las que el corazón necesita encontrar respuesta. Ante el Sagrario y con el alma en Gracia será fácil sintonizar con Dios: sólo ante Él obtendremos luz para seguir buscando y comprenderemos que «lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado». Sólo de ese modo, dentro de muchos años, podremos sonreír cuando, al encontrarnos cara a cara con el Señor, Él nos pregunte: «Y tú, ¿has sido feliz?».

    Preguntas para la oración personal:
    − ¿Me he planteado objetivos grandes en mi vida? ¿qué obstáculos me impiden soñar? ¿he preguntado alguna vez a Dios qué espera de mí?
    − ¿Llevo a cabo lo que me hace feliz (planes con amigos y amigas, el noviazgo, el deporte…) de tal manera que también me haga santo? ¿Me doy cuenta de que lo que me acerca a Dios (ratos de oración, servicio a los demás, superación de los defectos…) me ayuda a obtener la felicidad auténtica?
    − ¿Qué talentos tengo? ¿Los estoy usando para ser mejor, es decir, los pongo al servicio de Dios y de los demás?
    − ¿Busco cada día un rato de conversación con Jesús? ¿reservo momentos de soledad −sin música, ni mensajes ni distracciones− para escuchar la voz de Dios?

    1. Muy bonita meditación sobre el sentido de nuestra vida y el deseo de felicidad que Dios mismo ha puesto en nuestros corazones para que la busquemos aquí en la tierra y luego la disfrutemos en el Cielo para siempre, unidos a su Voluntad ya definitivamente. Muchas gracias Rosa!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s